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El día a día de la Ciencia

Amantes de la ciencia ya ocupan un rol clave en las investigaciones

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Sin ser especialistas, su participación en estudios es imprescindible para descubrir fósiles, monitorear aves y determinar la posición de estrellas.

No tienen una carrera en el ámbito científico y, por lo general, sus nombres permanecen en el anonimato. Sin embargo, guiados por la curiosidad y el entusiasmo, hombres y mujeres destinan parte de su tiempo, saberes, bienes y hasta su cuerpo para que la ciencia avance. Son parte del fenómeno “ciencia ciudadana”, como se denomina al aporte de datos de valor científico por parte de aficionados, una corriente muy popular en Europa y Estados Unidos y que cada vez gana más adeptos en la Argentina.

Desde censar aves hasta clasificar galaxias, los aportes de estos ciudadanos científicos son clave para que los investigadores realicen nuevos descubrimientos y sus trabajos salgan a la luz.

A nivel mundial se da una nueva ola de participación de ciudadanos dispuestos y con capacidad para seguir un protocolo de recolección de información”, afirmó Fabián Rabuffetti, director de Conservación de Aves Argentinas que se vale de la colaboración de los voluntarios para la elaboración de los censos de aves anilladas y de aves acuáticas con el fin de determinar el número y distribución de especies en el país. “Participamos del censo neotropical de aves acuáticas que se realiza dos veces al año. En esos momentos hacemos nuestro humilde aporte como observadores”, comentó María José Doiny, coordinadora del Club de Observadores de Aves de la Reserva Ecológica Costanera Sur. Doiny le quita horas a sus traducciones de inglés para poder ir a observar aves, y así poder identificar a las especies en los censos. Los registros de aficionados han permitido confirmar, por ejemplo, un declive masivo de especies como el gorrión o la disminución dramática del mirlo común en ciudades como Londres, donde la ciencia ciudadana está más desarrollada.

Cooperación

Las estrellas, cometas y asteroides también tienen sus seguidores, quienes con su curiosidad favorecen a la Astronomía en trabajos de investigación que se pueden hacer con telescopios de poco diámetro. En la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, Jorge Weselka miraba atentamente la pantalla del monitor, no para arreglar una computadora como suele hacer en el trabajo, sino para captar el momento preciso en que la Luna oculta una estrella. “Se filma ese proceso y con el contador que marca segundos se establece cuándo se ocultó y se manda el dato a la International Occultation Timing Association”.

Los datos que los aficionados envían desde distintas partes del mundo sirven para detectar errores y hacer ajustes a las teorías de los movimientos que permiten conocer en dónde está una estrella o un planeta. “La aproximación teórica es muy precisa pero para saber por cuánto te estás equivocando necesitás esta observación”, explicó Alejandro Blain, director del observatorio de la asociación.

Otros trabajos incluyen la medición de la intensidad de radicación de luz de las estrellas y la determinación de posiciones exactas de cometas y asteroides. De día, Claudio Pietrasanta trabaja en una empresa de caños y de noche toma fotos de galaxias, planetas y astros con dos telescopios y una cámara. El proceso total puede llevarle unas ochenta horas por foto y se utilizan para divulgación. “Lo más difícil es lograr que la montura esté exactamente en el eje terrestre, porque estamos hablando de millones de kilómetros”, aclaró Pietrasanta.

Alfredo Ernst es otro de los aficionados que combina su trabajo como fotógrafo de desfiles de moda con la búsqueda de fósiles de dinosaurios. Y ya encontró alguno de los pocos hallados en Entre Ríos. Para este año espera “poder descubrir más para afianzar la tesis sobre la presencia de dinosaurios en Entre Ríos”. La computadora de Carolina Cueliché realiza cálculos para una investigación sobre el VIH/sida mientras ella no la utiliza. “Es una manera fácil de ayudar en algo que considero de valor”, sostuvo. La World Community Grid usa la capacidad ociosa del procesador para investigación sobre enfermedades. “En Argentina hay más de 1.500 personas que en 2012 donaron 31 mil horas de procesamiento que ahorran tiempo de investigación”, comentó Alejandro Toscano de IBM, que brinda la infraestructura a la red. Por último, con experimentos de electroencefalografía, hay voluntarios que le ponen el cuerpo a la ciencia para saber cómo funciona el cerebro mientras juegan ajedrez, leen o hacen aritmética en el Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

Herramienta

> La ciencia ciudadana es el aporte de datos de valor científico por parte de aficionados.
> El fenómeno es fuerte en Europa y EE.UU., donde participan miles de voluntarios en proyectos de botánica, biología, astronomía y conservación del medio ambiente.
> En la Argentina, la tendencia es nueva y aún no hay datos sobre el número de participantes.
> El objetivo es contribuir al avance de la ciencia mediante la observación, la recolección de datos y, en algunos casos, su posterior análisis.
> Los proyectos permiten que el público, mediante la experiencia propia, comprenda la forma en que se conducen las investigaciones científicas.

Tras las huellas del pasado

Cuando el paleontólogo argentino Sebastián Apesteguía pensó en volver al sitio de Río Negro donde en 1922 una misión había hallado fósiles con los que él estudió, no pensó que encontraría a Filomena Avila, quien había guiado a esa expedición cuando era tan sólo una niña. Con 98 años y casi ciega, “Doña Tika” tejió recuerdos que llevaron a Apesteguía y su equipo a encontrar los huesos de Bonitasaura, un dinosaurio que en estado adulto podía alcanzar los 12 metros de largo y con una particular mandíbula de forma cuadrada y pico a los costados.

El ejemplar vivió hace unos 83 millones de años, durante el cretácico superior, y se alimentaba de plantas y coníferas. El descubrimiento de los primeros fósiles fue en el año 2003 y el estudio culminó en 2011. El lugar del hallazgo en la localidad de Cerro Policía, al noroeste de Río Negro, “era donde se sentaban quienes cuidaban el ganado para mirar las ovejas. Sabían que era huesos pero no le daban importancia”, recordó Apesteguía, investigador del Conicet en la Fundación Félix de Azara. Antes de este encuentro con Doña Tika y su familia estuvimos a ciegas sin encontrar nada. Al principio no nos querían decir para resguardar el lugar hasta que supieron qué era lo que íbamos a hacer y nos ayudaron”, recordó el paleontólogo. Además de colaborar en el descubrimiento de los fósiles del dinosaurio herbívoro, la anciana les permitió a los investigadores acampar en su terreno durante las dos primeras campañas y aún los recibe cada vez que viajan.

Fuente: Perfil / Domingo 13 de Enero de 2013

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