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El día a día de la Ciencia

“La Plata es muy rica en diversidad científica”

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Carlos W. Rapela, geoquímico. Segundo argentino premiado por la Sociedad de Geología de Londres. Dirige 23 institutos de investigación del Conicet local. La edad y origen de los pisos de la Catedral y de la calle 8.

Somos muy ricos en La Plata por la diversidad de disciplinas científicas. Hay una creciente presencia del Conicet, que en La Plata fue creado hace pocos años. Es el más grande del país y tenemos la ventaja de que los 800 científicos con los que cuenta están interrelacionados. Hoy existen en nuestra ciudad 23 institutos de investigación científica y mi gestión ha procurado intensificar la conexión horizontal de estos centros, buscando siempre focos de encuentro y de consenso” dice Carlos Rapela, director del Conicet La Plata.

Es difícil optar entre la figura del investigador y profesor emérito de la Universidad –especialista en geoquímica y petrología ígnea, que ha conducido numerosas investigaciones en los Andes del sur, la Patagonia extrandina, las sierras pampeanas y bonaerenses, que arribaron a resultados asombrosos– y el responsable ahora de conducir la gestión de un organismo que como el Conicet local nuclea la excelencia investigativa en las ciencias duras y en las humanísticas y sociales.

Desde hace ya mucho tiempo Rapela integra la elite científica de nuestro país. Es el segundo argentino que fue incorporado a la Sociedad Geológica de Londres, un reconocimiento que ostentan sólo veinticinco personas en el mundo. El primer científico argentino distinguido por esa sociedad fue el mítico Perito Moreno, impulsor del Museo de Ciencias Naturales platense.

Estudió una carrera que parece árida, la de geoquímica. Pero a partir de ella investigó y extrajo conclusiones que resultan ser asombrosas. Así, en 2010 coordinó desde La Plata una investigación internacional que determinó que el subsuelo marplatense fue alguna vez parte de Africa. También sostuvo la hipótesis del geólogo Víctor Ramos, acerca de que hace más de 200 millones de años la Patagonia –que era una suerte de isla– se anexó al actual continente americano.

La aparente solidez y fijeza de los suelos queda derogada en los estudios geológicos. Así lo expresó Rapela alguna vez en una entrevista científica: “Los continentes se están moviendo y eso es una verdad incontrastable. El océano Atlántico está en expansión y el Pacífico se está achicando, porque hay una cordillera debajo del Atlántico que está separando Africa a un ritmo de 2 ó 3 centímetros por año. Entonces, América está cada vez más lejos de Africa y, a su vez, Europa está cada vez más lejos de Estados Unidos. Además, el mar Mediterráneo está en extinción, debido a que se está contrayendo. Por eso hay terremotos recurrentes en Italia o Grecia. Eso ocurre porque están colisionando dos placas y dentro de 25 millones de años se va a formar una cordillera de 3 mil metros de altura por el choque entre Europa y Africa”.

Nacido en Santa Fe, hijo del abogado Carlos Alberto Rapela y de la profesora de geografía Celia Teresa Rodríguez –de su madre extrajo su apego por la geología y la geoquímica– vinieron a La Plata en la década del 50. “Mi padrino, Raúl Víctor Samatán, era dirigente de Gimnasia, así que nos hicimos del Lobo. Creo que mi condición de científico me ha servido para conocer lo que es la templanza en la adversidad y la perseverancia en el esfuerzo…”, dice sonriendo, en alusión a su pertenencia tripera. Casado con Carmen B. de Jong, tienen dos hijos, Carlos Gonzalo, que vive en Tandil, y Melisa, que es periodista.

Director del Centro de Investigaciones Geológicas y del Centro Científico Tecnológico, autor de libros científicos internacionales, ha recibido numerosos premios y distinciones científicas del Conicet, del ministerio de Ciencia y Técnica, la Universidad de Buenos Aires, la Fundación Konex, la Asociación Geológica Argentina y es actualmente miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas y de la Academia Nacional de Ciencias.

–Usted habló alguna vez de la edad de algunos pisos que hay en La Plata, refiriéndose a las piedras con los que están hechos…

–Así es. Bueno, el de la Catedral es el más viejo de todos. Se trata de un pórfido rosado. La piedra de la entrada, el granito pulido viene de Sierra Chica, de las sierras de Olavarría y tienen entre 2.100 y 2.200 millones de años, son rocas que pertenecen a las sierras de Tandilia. Las hay similares en el Uruguay y sur del Brasil, pero en nuestro territorio esas rocas siguen hasta Córdoba. Esto último lo pudimos determinar aprovechando la existencia de viejos pozos petrolíferos de YPF que nos permitieron detectar ese tipo de rocas con microsondas de alta resolución.

–¿Pudieron determinarse otras mediciones para La Plata?

–Sí, los pisos de calle 8, aunque son más jóvenes que los de la Catedral. Provienen de Sierra Negra. Tienen unos 181 millones de años de antigüedad, al igual que los pisos de las veredas exteriores del Teatro Argentino.

–¿Qué instrumental utilizan los geólogos para investigar?

–Bueno, existen diversas metodologías y herramientas. Algunos métodos son accesibles, como los llamados paleomagnetismos y magnetismo ambiental. Pero otros reclaman de instrumental muy costoso, que son los que yo utilizo. Para determinar las edades de las rocas se necesitan equipos extremadamente caros.

–¿Qué es esto de que el subsuelo marplatense fue alguna vez parte del Africa..? Usted dirigió esa investigación.

–Esto deriva, claro, del llamado movimiento de las placas tectónicas. Lo cierto es que esa conclusión fue alcanzada por una investigación internacional que coordinamos. Ocurre que en 1934, al realizarse una perforación de 500 metros de profundidad en busca de agua en proximidades del faro de Punta Mogotes se descubrió una extraña formación rocosa, cuyo origen no pudo ser desentrañado hasta 2010, cuando allí un equipo de investigadores de la Universidad de Córdoba, la Universidad Complutense de Madrid, el Servicio Geológico de Inglaterra y la Universidad Nacional de Australia, que detectaron un fenómeno ocurrido hace 760 millones de años.

–¿Y qué fue lo que descubrieron?

–Bueno, millones de años antes de que se formara Gondwana –aquel maxi continente del que surgieron Sudamérica, Africa, Australia, Antártida y la India– una parte de lo que es hoy la costa del suroeste de Africa se separó de ese continente y se adosó en la zona donde se encuentra Mar del Plata. Si bien esto es algo que se sospechaba desde hace tiempo, ahora no quedarían dudas de que ocurrió.

–¿Puede decirse entonces que el subsuelo de Mar del Plata fue alguna vez parte del Africa?

–Así es. Vea, mucho tiempo después de que se adosara, ese trozo de continente africano fue cubierto por sedimentos marinos denominados Formación Balcarce, que no es otra cosa que la piedra Mar del Plata que conoce la gente. Pero debajo hay otras rocas que nada tienen que ver con ella y que se extienden al oeste hasta la localidad de Balcarce; y, al este de Mar del Plata, en la plataforma continental. Al analizarlas pudimos comprobar que eran mucho más antiguas y eso nos llevó a emprender una investigación más exhaustiva para determinar su origen. Tras un año y medio de trabajo, el equipo de investigadores llegó finalmente a la conclusión de dónde provenían esos terrenos. De acuerdo con nuestros estudios, su origen es africano; más concretamente de la región de Angola.

–Usted le dijo alguna vez a la Agencia CTyS que no se puede renunciar a la ciencia de calidad. ¿Qué significa eso?

–Efectivamente. Lo que quise señalar es que, por caso, en los países con alto desarrollo y mejor organización social, la investigación científica se ajusta a ese contexto. Y que en nuestro caso, lo esencial es hacer ciencia de primer nivel con nuestra propia organización, pero nunca debemos ni podemos renunciar a la ciencia de calidad. Y nosotros podemos hacer muy buena ciencia con los elementos sociales que tenemos.

–––

En La Plata hay un edificio casi nuevo, sobre calle 8 entre 62 y 63. Tiene cuatro plantas, está bañado por la luz que cae desde un techo vidriado y es la envidia de todos los científicos del país, “inclusive de los porteños”. Se trata de la sede propia del Conicet, especialmente diseñada por sus propios arquitectos para los fines que cumple. En ese edificio se realizan por año unos veinte a treinta congresos internacionales de científicos. También allí se reúnen periódicamente los representantes de los 23 institutos descentralizados en todas las facultades. Piezas para investigadores, con instrumental de vanguardia. Un centro de Internet 2 de avanzada, que pronto beneficiará a la UNLP. Una suerte de microcine de 200 butacas con una “réplica” en el piso superior, de modo que otras doscientas personas pueden seguir por pantalla los encuentros en el salón principal del Conicet. Rapela muestra con orgullo todas y cada una de las dependencias. La marca del Conicet –una suerte de ocho acostado– coincide con la del infinito.

Fuente: El Día / Domingo 20 de Enero de 2013

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