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El día a día de la Ciencia

“La música debe tener un gran pensamiento detrás”

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Horacio Lavandera, el pianista prodigio argentino habla de las relaciones de su oficio con la literatura y la ciencia.

En un bar frente a la Plaza Devoto, en donde cuenta que pasó gran parte de su infancia, Horacio Lavandera habla sobre la música, el arte y su carrera. Tal vez su estadía en Buenos Aires –vive en España desde 2003– o el ambiente del barrio que le resulta familiar, lo transportan a sus comienzos. Y habla entonces de su crecimiento en una casa donde la música siempre ocupó un espacio privilegiado. “Vengo de una familia de músicos, y mi hermana estudiaba ballet cuando era muy pequeña. Entonces, había muchísimos discos, y muchísima música en casa”, dice. Influido por ese entorno, enseguida encontró su propia conexión con la música, y en la etapa en que la mayoría de los chicos suele pensar en juguetes, él pedía a sus padres un piano. Gracias a las enseñanzas de su padre, José María Lavandera, aprendió a leer música desde pequeño, y a los 7 años ya comenzaba a estudiar formalmente con su tía abuela, que había sido alumna de Vicente Scaramuzza. Entre sus primeros maestros estuvo luego Antonio De Raco, que según Horacio fue quien terminó de marcar con firmeza su decisión de hacerse un camino dentro de la música.

Su sonrisa fresca y su mirada algo esquiva, que sugieren la imagen de un niño tímido, contrastan con la claridad y madurez con la que expone sus ideas. En tono pausado, Horacio menciona a su padre entre los músicos que más influyeron sobre él, y también habla de grandes referentes de la música contemporánea con los que ha trabajado, entre los que se incluyen por ejemplo Stockhausen o Pierre Boulez. Su repertorio va desde temas clásicos hasta las más complejas piezas de compositores contemporáneos, y el pianista cuenta que le interesan las expresiones culturales que tienen un gran desarrollo intelectual, y un pensamiento detrás. Así, dice que muchos elementos formales de la literatura de Borges o Cortázar son para él muy inspiradores.

–¿Cuáles son tus búsquedas a nivel musical?

–Me dedico al sonido en toda su definición. Todo lo que sea sonido intento moldearlo y trato de algún modo de conquistarlo y elaborarlo a través de mi interpretación. Luego, en mi camino como compositor, a esa creación que surja de mi inspiración trataré de darle un cauce factible, usando los procesos que estoy encontrando desde hace unos dos años, en los que estoy estudiando con Alberto Posadas. Para mí ese es el mejor modo de expresar mis ideas: a través de una estructura científica.

–¿Cómo elegís tu repertorio?

–En base a muchos puntos distintos, porque hay sitios que requieren determinados repertorios de acuerdo con el público que vaya a ir. Creo que uno tiene que tener herramientas y ser muy versátil, porque la vida actualmente requiere muchísima versatilidad, y estar siempre abierto, tratando de descubrir cosas nuevas. Mi gran predisposición, lo que más me gusta, es poder combinar las grandes obras, como en el ciclo de Música y Ciencia. Ahí, por ejemplo, combiné las sonatas que creo que son las más importantes obras para piano, de la selección de las 32 sonatas de Ludwig Van Beethoven, con obras de los compositores que yo más admiro del siglo XX: Luigi Nono, Iannis Xenakis, Stockhausen, Pierre Boulez y Mauricio Kagel. Por otro lado, también hay compositores argentinos incluidos en esos conciertos, como Martín Matalon, Alcides Lanza, Fabián Panisello, Mario Davidovsky y Miguel Gielen. Estos son todos compositores que tienen alguna relación con nuestro país, crecieron, estudiaron y se formaron acá.

–¿Qué es lo que te moviliza de estas obras que elegís para tocar?

–Que son obras que abarcan toda la gama de la sensibilidad humana en sonido. Todos estos compositores que mencioné quieren expresar una cantidad de sensaciones del ser humano en obras de una arquitectura muy sólida y fuerte. Entonces, no puedo decir que hay un solo aspecto que me atrapa, porque son obras muy completas, que van de la mayor de las alegrías a la mayor de las tristezas, y abarcan toda esa gama de sentimientos. Me parece mágico a partir del sonido poder ir ligando tantos momentos tan distintos.

–¿Cómo viviste el hecho de empezar tu carrera desde tan chico?

–Sin lugar a dudas tenía las metas muy claras, el asunto era llegar a conquistarlas, y para eso sabía que tenía que estudiar muchísimo. Yo quería destacarme haciendo determinado repertorio y determinada música. La música que hago, la música contemporánea es realmente muy complicada, pero es una meta para mí. Esto era lo que yo quería hacer. Por eso sigo, y estoy estudiando todo el día. Estoy concentrado en mi trabajo todo el tiempo, y tratando de disfrutar de cada una de las obras, que para mí tienen muchísimo para disfrutar.

–¿Por qué decidiste irte a vivir a España?

–Fue muy importante ir a España, porque la música a la que me dedico se produce fundamentalmente en Europa. Fui a España primero por una beca que era muy interesante, y era la única posibilidad que tenía para poder dar el salto, y tener la posibilidad de trabajar con los compositores que trabajé, y de abrirme camino a otros lugares. Además, para un músico es muy importante estar siempre viajando, en la medida de lo posible.

–¿Creés que este cambio influyó en la música que elegís tocar o en la manera en que te conectás con la música?

–Sí, yo creo que por una cuestión de tradición. Alemania es el país que más compositores y de mejor calidad tiene en la historia. En Europa, todo lo que rodea esos conocimientos y esa historia, hace que haya una cultura muy importante y muy desarrollada en la música clásica, y todas las herramientas posibles para que uno pueda desarrollar su camino. O sea ¿Por qué no me quedo en Argentina? Porque acá todavía hay que abrir muchísimo el espectro, y hay que ir consiguiendo que cada vez más gente se acerque a la creación actual, y la entienda como algo propio. Si yo digo Mauricio Kagel, por ejemplo, quizás no todo el mundo lo conoce ni conoce su música, y sin embargo es un pilar fundamental para la cultura argentina. Toda su obra está marcada por un conocimiento muy profundo de la cultura argentina. Esto es lo que hace falta abrir en nuestro país, que es un país con un desarrollo cultural muy nuevo, con muchísimos baches a lo largo de la historia, y esto es lo que lo diferencia de Europa. Creo que hay que tratar de aprovechar todos estos años que ya tenemos acumulados de democracia para seguir desarrollando el interés y la identidad, que son cuestiones muy delicadas.

–¿Y cómo definirías vos la identidad musical argentina?

–Creo que con los grandes pensadores de la música se va creando una identidad. Una cosa es una música intuitiva, en la que sólo se mueven herramientas de construcción muy básicas, y otra cosa es un gran pensamiento. Sería como comparar un libro para niños pequeños y una obra de Borges, que es un gran pensamiento. Estas obras de Borges, en música, son las de Mauricio Kagel, Mario Davidovsky, Fabián Panisello o Martín Matalon. Esto no está todavía en un nivel de conocimiento que permita decir: voy a tocar todo un concierto dedicado a Mauricio Kagel, y la gente va a entender de qué se trata. Hoy, esto no es posible. A Beethoven lo conoce la mayoría de la gente, pero en el caso de nuestros compositores y pensadores de la música contemporánea, los que nombraba recién, no. Se tiene que ir armando un grupo de gente que tenga interés en definir la identidad argentina por ese camino, y no siempre por un camino de cosas sin mucha elaboración.

–¿Qué otras cosas te apasionan, además de la música?

–Todo es música. Me interesan la ciencia, la poesía y la literatura, que también tienen que ver con la música. Los grandes autores de la literatura también se mueven formalmente por diversos caminos, muy conocidos son los casos de Borges o de Cortázar. Me gusta un camino de la cultura que tenga un desarrollo. Las cosas que no tienen un gran desarrollo no me interesan.

–¿A qué te referís cuando hablás de un gran desarrollo?

–Que tenga mucho pensamiento por detrás, no que se haga algo simplemente por espontáneo. La espontaneidad me parece muy importante, pero eso que surge de modo espontáneo tiene que crecer. A mí no me llena algo que no pase por todo un cauce intelectual, digamos.

–¿Y cómo conjugás este gran desarrollo intelectual con lo emocional a la hora de interpretar?

–Para mí viene todo de la mano, es hermano. Todo es emoción, y todo lo que estoy hablando toca de algún modo cosas emotivas, pero se sabe que para lograr algo importante, o algo que perdure en el tiempo tiene que estar bien construido. Algo que no está bien construido dura muy poco.

Fuente: Portal de Internet El Federal web / Viernes 08 de Febrero de 2013

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