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El día a día de la Ciencia

“Este no es el mundo en que viví, es otro mundo”

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Juan Carlos Gottifredi. Su nombre es parte de la vida científica y política del país y de Salta, la provincia que lo vio crecer. Aunque ahora reside en Buenos Aires, nunca deja de volver.

Pero si nunca me he ido. Siempre estoy allá. En Salta tengo mis amigos, me saluda el vendedor de diarios, el mozo del café… La gente me reconoce. Y además, a Salta la llevo conmigo”, asegura Juan Carlos Gottifredi. A sus 73 años sigue como siempre, llevando adelante al estudio y la militancia que ha marcado con sus propias concepciones del mundo y del hombre en ese mundo.

Es licenciado y doctor en Ciencias Químicas, tiene un doctorado del Imperial College University of London, fue director del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), de donde es también investigador superior, rector y profesor emérito de la UNSa, además de haber ejercido la titularidad de la Secretaría de Educación Superior de la Nación durante el gobierno de Raúl Alfonsín.

A principios de los difíciles años 70, Juan Caros Gottifredi llegó a Salta para cumplir su destino. Es que este científico, nacido muy lejos de la Argentina, fue uno de los impulsores de la primera universidad en Salta. Fue miembro fundador del Instituto de Investigaciones para la Industria Química de la Universidad Nacional de Salta, de la que luego sería rector en tres períodos.

Nacido bajo el signo de la Segunda Guerra Mundial, en Etiopía, cuando recuerda aquellas imágenes de la primera infancia, dice que las personas “ya deberíamos haber superado esa instancia. La guerra es una estupidez”, sentencia.

Apasionado por la ciencia y su función como expresión de una conciencia en el mundo, para el químico la educación es esencial y urgente. “Estaba viendo en una revista científica que algunas mega empresas mineras están invirtiendo para lanzar al espacio naves tripuladas para traer mineral… Mientras nosotros seguimos discutiendo el sexo de los ángeles, los otros están avanzando sobre estas cosas que ya están al alcance de la mano. Es preocupante la situación de la inserción de la ciencia en la producción de los industriales nacionales. Hay que tener en cuenta que una vez desmantelado todo el sistema de producción, empezar de nuevo es complicado…”, piensa.

Aquí es el único lugar donde te pagan para que dejes de trabajar, mientras que en otros lados del mundo, hay que trabajar más horas que antes para sostener el estándar de vida. Deberíamos lanzarnos a recorrer la vida, pero siguiendo un horizonte al que se debe llegar con esfuerzo. Ahora es solo eso, no hay esfuerzo, sino urgencia con llegar…”, reflexiona.

–¿Se refiere a la “industria del dinero” que no produce riquezas sino divisas? Sería lo que algunos autores llaman “financial capitalisme”…

–No tengo dudas de que lo que pasa es que el capitalismo que antes creaba valor, murió. Antes la gente pedía dinero para poner en marcha una fábrica que creaba valores. Y se trabajaba para otorgarle más valor al producto. En este neo capitalismo, no se trabaja para crear valores, sino que está dirigido a extraerlo. Es como talar un campo y explotarlo por cinco años solo para extraerle su valor, sin agregarle nada, sin hacer muebles con la madera, por dar un ejemplo… No hay una riqueza real. Estas son las reflexiones que tenemos que hacer para comprender que ese capitalismo fordiano que generaba trabajo –aunque la parte del león se lo llevaba el capitalista y el trabajador la mínima parte–, ha muerto. Ahora los capitalistas ni se preocupan de crear trabajo para las personas, sino personas para el consumo. Hay un “mercado libre” que me permite extraer y extraer sin tener siquiera empleados. Ese es el nuevo capitalismo que nos rige…

–¿Una extracción cuya única medida es el agotamiento?

–El tema es muy sencillo, se trata de una ley universal evidente: si querés ir más rápido, tenés que hacer más cosas por día. Si querés ir a más velocidad, vas a necesitar el doble de combustible. Nosotros queremos ir rápido, pero la naturaleza tiene su ritmo. Se mueve muy próxima al equilibro, sino no habría vida. Nosotros la estamos sacando porque queremos ir más rápido, con máquinas que aceleran los procesos para satisfacer a los mercados, ni siquiera para satisfacer las necesidades reales. Así la naturaleza no tiene tiempo suficiente. Pero queremos ganar más plata, acumular no sé para qué, como si fuéramos inmortales…

–¿Cómo es el capital que ejerce el poder en la actualidad?

–Esto me hace pensar cuando yo era joven. Eramos anti imperialistas y anti capitalistas y todo lo demás. Entonces el poder económico influenciaba sobre el Estado que necesitaba ese instrumento para poder satisfacer las necesidades de la población. Ahora, sin embargo, forma parte de la toma de decisión pero no porque sea necesario. El poder hoy en día es el capital mismo, sin que necesariamente dé respuestas a las necesidades reales de la gente. De cualquier forma que surja. Ahí tiene al narcotráfico. ¿Por qué no paramos la economía en negro? Porque forma parte de la toma de decisión… Forma parte del poder. Le aseguro que si hubiera voluntad se podrían implementar leyes que contengan el avance de estos capitales negros. Pero… un perro no se muerde la cola a sí mismo. Y los Estados son parte de ese poder… Las soluciones no aparecen fundamentalmente porque están acalladas.

Actualmente en nuestro país, el debate sobre esto está acallado. Aunque la falta de espacio de debate es una realidad de todos lados. La democracia ya no es como la de antes. Ahí tiene un país como Italia. Es el país de Néstor Bobbio, de Umberto Eco, de Luciano Gallino o Toni Negri, y sin embargo con una democracia que va para atrás… No hay respuesta… Yo tomo la opción y me quedo en mi cueva… Este no es el mundo en que viví, es otro mundo.

–¿Y cuál es la función de los intelectuales en este caso?

–¿Quién es el intelectual? Esa es otra historia. Para mí puede ser el trabajador del campo, si es que es honesto con sus ideas y logra expresarlas… Si de alguna manera esa persona tiene sus ideas y las pone a consideración con cierta claridad, entonces se trata de un intelectual. Hay otros que de alguna manera, pongamos por caso, a pesar de que saben que algo está mal, son capaces de exponer la realidad en forma contraria… ¿Es también un intelectual al que se refiere? Tomemos un caso simple, la invasión de Saddam a Kuwait, donde los pacifistas no sabían de qué lado ponerse porque no podían sustraerse de los slogans pasados acerca de la crueldad del dictador. Cuando en realidad lo único cruel es la guerra misma. En ese caso los intelectuales se engramparon en eso… Hay una cierta soberbia de decir la verdad. Admitir que quien piensa diferente no es enemigo, que lo que estoy diciendo es parcialmente verdadero, es muy difícil para los intelectuales.

Cuando hablamos de desigualdad no nos referimos a lo monetario sino a la posibilidad de acceder a servicios.

El que dice que tenemos libre albedrío es un boludo total: nacemos ignorantes y crecemos con prejuicios.

–Pero las universidades siguen sacando intelectuales a la sociedad…

–Hay algunos que levantan la voz que después el mediático traduce. Pero no hay un pensamiento propio. De un lado hay intelectuales que confrontan con los del otro lado… Pero hay muy pocos intelectuales que analicen esta realidad compleja que estamos viviendo, diciéndonos: “Bueno, estos son los problemas que hay que debatir, busquemos consenso sobre éstas ideas”… Pero no hay nada de eso. Y es algo que va agotando a la propia democracia, la va vaciando de su contenido, concentrando al poder en pocas manos. Si no hay participación no hay democracia. Tendríamos que ver en Argentina y en el mundo, cuánto participa la gente común de sus gobiernos; cuánto hay de debate en el club del barrio acerca de los problemas con la municipalidad o buscando caminos nuevos para el gobierno diario. La desigualdad es también exclusión, y al contrario la igualdad es inclusión. Cuando hablamos de desigualdad no nos referimos al ingreso monetario sino a la posibilidad de acceder a los servicios, a la educación, a la salud… Si lo pensamos de esa manera el planteo que se debe hacer es cómo llegamos a dar educación a todos, que es la única manera de liberar a las personas y convertirlos en verdaderos ciudadanos, más o menos libres. El que dice, por ejemplo, que tenemos libre albedrío es un boludo total: nacemos ignorantes y crecemos con prejuicios. ¿Cómo te liberas de eso? Solo con educación. Si queres tener ciudadanos pensantes se deben hacer muchas inversiones. Hay que terminar de decir que es gratuita porque parecería que no tiene valor la educación. Y se trata de un servicio de altísimo costo financiar sociedad para beneficiarse. Yo no quiero educación barata, porque sé que una educación barata no va a resolver los problemas de mi país, ni del mundo. Pasa lo mismo con la salud. No se puede seguir en estas condiciones, necesitamos debatir para ver cómo llegamos a esta situación y remediarla.

–¿Qué cambios precisa la universidad bajo estas condiciones?

–En primer lugar la universidad es la segunda institución conservadora, la primera es la Iglesia, que creó a la Universidad… Es muy difícil cambiar planes de estudios, cambiar las formas de evaluación y los métodos de la universidad. Más cuando faltan recursos y no hay incentivos para caminar en otra dirección. En otro lugar están también los profesores y su situación.

–¿No pudo lograrlo durante su gestión de rector?

–En Salta hicimos la primera reunión de universidades argentinas para evaluar la calidad universitaria, con el apoyo de Juan Carlos Romero, que estaba en el Senado en su momento. Ahí empezó y terminó, después de dos o tres reuniones más, como si el problema de la calidad estuviera solucionado… Pienso que el Congreso debería asignar más fondos a la universidad para más objetivos, pero es la propia universidad la que al cabo de tres años debería revisar si alcanzó sus objetivos y así empezar una nueva etapa. Entonces se comprometen recursos públicos con la seguridad de que cumplirán los objetivos. Debería hacerse lo mismo hasta con el fútbol de primera… Si no evaluamos lo que hacemos, no sabremos si cumplimos los objetivos o no.

–Algunas universidades rechazaron el dinero que distribuyó la Nación por las explotaciones mineras, aduciendo cuestiones de conciencia…

–El tema no es rechazar plata sino ver cómo se hace esa extracción. Y si no es beneficiosa para la gente deberían decir: “Esto se hace mal por esto y el camino debería ser éste. Vamos a debatir, vamos a ver qué tienen que decir contra nuestra propuesta y la modificaremos”. Siempre en beneficio de la gente como horizonte de fondo. Pero si rechazo en conciencia, no soluciono ningún problema real de las personas, porque la mina sigue y seguirá ahí y haciendo mal a la gente… Mire, si un gobernador nos pide que formulemos un proyecto objetivo que tienda a beneficiar a la gente, debemos brindarle todo el apoyo posible. La institución universidad no es la dueña de la verdad y si se pide colaboración para un objetivo general, hay que darla, advirtiendo qué es mejor y qué no. Siempre el objetivo debe ser el beneficio de la sociedad… Pero es muy difícil porque predominan los colores políticos. En la universidad, después de las elecciones, de la batalla eleccionaria, hay que trabajar entre todos juntos para obtener los mejores resultados y no seguir con banderías del sector después de esta instancia.

Fuente: El Tribuno de Salta / Domingo, 10 de Febrero de 2013

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