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El día a día de la Ciencia

En ciencia, ya no hay genios sueltos sino equipos

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Por Athene Donald, Profesora de Física Experimental de la Universidad de Cambridge.

Hace falta valor para proclamar que “el genio ha desaparecido en la ciencia”, pero es precisamente lo que el psicólogo Dean Keith Simonton afirmó en el último número de la revista Nature. Con ello se refería a que ni la creación de una nueva disciplina ni una revolución en el pensamiento científico serían en el futuro producto del trabajo de genios heroicos solitarios.

Si se producían, esos avances surgirían deltrabajo de grandes equipos, sostuvo. Es improbable que el mundo genere un nuevo Newton, Einstein o Darwin, algo que él considera trágico.

Tiendo a coincidir con su análisis de cómo se harán los descubrimientos en el futuro, con la posible excepción de los desafíos puramente teóricos. Basta con pensar en Andrew Wiles y su demostración del último teorema de Fermat como excepción que confirma la regla. Pero en el caso de las ciencias experimentales, cuesta imaginar un investigador solitario que transforme el mundo.

Ningún individuo puede sentarse en un banco y demostrar la existencia de la partícula de Higgs. Para ello hace falta el Gran Colisionador de Hadrones y su consiguiente comunidad de investigadores. Ni siquiera la teoría que pronostica la existencia de la partícula de Higgs fue producto exclusivo del trabajo de Peter Higgs. Si bien el suyo fue el nombre que se dio a la partícula en cuestión, varios otros tenían ideas similares en el mismo período.

¿Pero eso importa? No creo.

El genio heroico fue siempre un mito, un recurso conveniente para facilitar el relato del descubrimiento, un relato emocionante pero que no representa una descripción exacta de la forma en que operan la ciencia y los científicos.

La concentración en la inteligencia de una sola persona equivale a falsificar la naturaleza de la mayor parte de la investigación científica y desorienta a quienes quieren dedicarse a la ciencia respecto de cómo suelen hacerse los descubrimientos. ¿Por qué a los jóvenes les resultaría atractivo pensar que, para tener éxito, tienen que trabajar en soledad, convertirse en el excéntrico de guardapolvo blanco y melena desgreñada de tantas películas? Algunos científicos pueden encajar en esa descripción, pero muchos menos de lo que podría pensarse.

La ciencia avanza porque hay personas que se especializan en algo que ya se conoce y luego debaten, discuten, intentan algo y después otra cosa si lo primero no funciona.

Avanza porque hay personas que refutan o refinan hipótesis a medida que se enteran del trabajo de colegas y rivales y porque hay gente que comparte ideas y compite.

De todo eso surgen las nuevas ideas y se desarrollan nuevos campos.

Tal vez en el futuro haya más genios, y tal vez no los haya. La ciencia siempre atraerá a personas que tienen una mente brillante. Pero esas personas nunca serán tan importantes como las estructuras sociales mayores de la ciencia ni tan importantes como creen que son. En última instancia, lo que importa es que, como sociedad, seguimos corriendo los límites del conocimiento científico de cualquier forma que resulte adecuada para el desafío que enfrentamos.

Fuente: Clarín / Copyright The Guardian, 2013. Traducción de Joaquín Ibarburu / Domingo 10 de Febrero de 2013

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