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El día a día de la Ciencia

Norberto Giannini: el tucumano que se encontró con el primer mamífero

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En este mundo de inmensas ballenas azules y de mínimos murciélagos, los humanos somos, como ellos, mamíferos placentarios. Todos hemos evolucionado a partir de un ancestro parecido a un ratoncito que vivió después de que se extinguieron los dinosaurios.

Este trabajo resuelve el problema de cuándo aparecen los mamíferos placentarios en la historia de la vida, con una fecha específica: justo después del impacto del asteroide que causa la extinción de los dinosaurios“, plantea Norberto Giannini.

Se refiere al proyecto que integra la serie “Ensamblando el árbol de la vida”, que él integra. La NSF (National Science Foundation, EEUU) auspicia el programa, estructurado en dos grandes equipos de investigadores –Molecular y Morfológico–.

Giannini habla bajito, como protegiendo su criatura, la primicia científica que fuimos a buscar en el Lillo. El biólogo avanza en el relato pormenorizado y, como buen docente, nos involucra, a fotógrafo y cronista, en un universo de conocimientos que sabemos inabarcable. Su timidez también se extingue y nos contagia la pasión por su saber, que indaga el Cenozoico y –paradójicamente– viaja hacia el futuro de la ciencia.

Logros

La gran diversificación de los mamíferos placentarios arranca justo después del impacto. Quiere decir que al extinguirse los grandes dinosaurios del ecosistema terrestre, aparecen oportunidades que aprovechan dos grupos: los dinosaurios pequeños, que son las aves, y los mamíferos. Esos dos linajes experimentan una gran diversificación que pudimos datar. Ése es el primer logro del estudio. El segundo es que al tener tanta cantidad de caracteres (cada uno de los rasgos que se usan en la descripción de los seres vivos) se pudo hacer una reconstrucción minuciosa del ancestro (algunos se extinguen y otros llegan al tiempo presente)”.

Gianinni es uno de los 23 investigadores de seis países que trabajó durante seis años, en tres etapas. Primero formaron la matriz de datos, para identificar caracteres morfológicos que sirvieran para entender la historia de estos mamíferos. “Llevó dos años porque la matriz previa tenía 400 caracteres y esta tiene 4.500 que era lo que –se pensaba– no se podía hacer“, explica.

Luego se estudió cómo varían esos caracteres en especies particulares: se eligieron 86 representando los grandes grupos de mamíferos (por ejemplo, dentro de los primates está el homo sapiens). El biólogo tucumano se ocupó de su especialidad –murciélagos y algunos marsupiales–. “Una vez que tuvimos esa matriz se la combinó con los datos genéticos del equipo molecular y se hizo el análisis filogenético. El resultado es el árbol filogenético“, revela. El dibujo es tal cual: un árbol con ramas que se bifurcan y se extienden en el tiempo geológico real expresado en millones de años: abarca 65 millones de años y 86 formas de vida.

Se utilizan técnicas para reconstruir hacia atrás. “Nosotros conocemos sólo las puntas del árbol, que es producto de la interacción de los caracteres –sostiene–. Si este es el origen de los placentarios se puede trazar el vínculo con ese ancestro común“.

El animalito

El resultado final del estudio es la reconstrucción de este pequeño animal que es el ancestro placentario. No es uno que se haya encontrado, está completamente reconstruido en base a toda la información“, remarca Giannini.

“Aspectos importantes que emergen del estudio es que se apoya la hipótesis de diversificación justo después del impacto del asteroide, en el ecosistema alterado (primeros 200.000 a 400.000 años) que marcan el fin de un mundo y el comienzo de otro. Y poder reconstruir con gran precisión el árbol fue arduo: no tiene antecedentes la cantidad de organismos que se han podido reconstruir con tanto detalle“, precisa.

El comienzo

Esto está hecho con 86 especies, pero dado que los mamíferos son unos 5.100, la diversidad es casi toda fósil, la mayoría están extintos. Nosotros manejamos el 10% de la diversidad conocida. Esto es como el comienzo para sistematizar toda esa información“, aclara.

Otros investigadores pueden contribuir a ampliar tanto el número de caracteres como el número de especies. Pero hay muchísimos fósiles superinteresantes que no están y muchísimas especies que tampoco están. Es una base, lo mejor que se podía hacer partiendo de la dispersión que existía. Lo bueno es que está todo testeado. También es excelente para estudiantes, porque pueden tomar algún fósil interesante o algún grupo que no esté ahí, y aprender de esa matriz al incorporar a una de estas ramas un nuevo terminal (una nueva especie). Creo que va a crecer mucho“, cierra con modestia.

“Más respeto, que soy el ancestro de todos ustedes”

Pequeño, peludo, suave, pero no es Platero. Nada que ver con Ratatouille. A mitad de camino entre ratón y musaraña, he aquí la estrella de tanto estudio. “No tiene nombre porque no es un espécimen. No le corresponde, no recibe nombre científico, sólo podría recibir un apodo; de hecho, ya circula una encuesta en Internet“, advierte el biólogo sin apartarse de la cientificidad. “Lo que sí es contundente es la complejidad de la reconstrucción, eso sí se puede destacar de este ancestro. Coincide mucho con un animal que existía. Se trata de un pequeño mamífero de menos de 250 gramos –describe Giannini–. Tiene una dentición característica de los mamíferos que comen insectos. Suponemos que era nocturno; tiene una larga cola, tan larga porque se reconstruye con la exacta cantidad de vértebras. Hay tejido blando que se puede reconstruir: por ejemplo, el tipo de placenta es idéntico a la humana. En los animales ungulados (los que tienen pezuñas) la placenta varió mucho, pero este bichito primitivo tenía la misma que la humana. Quiere decir que esta no ha evolucionado desde este ancestro. Hemos conservado muchas de sus características: nosotros tenemos menos pelo; hemos cambiado la dentición y la forma del cráneo, pero no la placenta. Ahora se confirman las presunciones y otras ideas, como el tipo de dieta y locomoción. Se reconstruye como un animal ambivalente: podía trepar y caminar por el suelo. Es una categoría que se llama escansorial: quiere decir que es un animal flexible en sus hábitos“.

Repercusión mundial. Bicho famoso

La importancia de un hallazgo científico se palpa según dónde se publica. En este caso, a partir de la difusión en las más prestigiosas revistas científicas del mundo, Science (EE.UU.) y Nature (Inglaterra), nuestro ancestro se hizo muy popular.

El ratoncito de larga cola que trata de atrapar un insecto se reprodujo en blogs y en las revistas populares de divulgación. En Vanity Fair le hicieron un gracioso reportaje. Apareció en las agencias de noticias más importantes como AP, BBC y CBS. Desde el New York Times y el Guardian hasta el Daily Mirror; desde el LA Times hasta Le Monde; desde el Estado do Sao Paulo hasta La Voz del Interior. Y hoy es tapa de TUcumanos.

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De la UNT a uno de los museos más grandes 

Giannini (flamantes 43 años, dos hijos) es doctor en Ciencias Biológicas Facultad de Ciencias Naturales UNT. Tiene un posdoctorado UNT (becario Conicet) y dos en el Museo Americano de Historia Natural (Nueva York). El trabajo publicado es el resultado de un cuarto posdoctorado extendido, al que fue invitado. Es profesor de Biogeografía y Evolución y es investigador independiente de Conicet. Forma parte del staff de investigadores del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York y de Atol (Assembling the tree of life). Entre numerosas publicaciones se destacan: “Guide to the Bats of Argentina” y dos capítulos en “Evolutionary History of Fossils, Molecules and Bats”, editado por Cambridge.

Los números del megaproyecto

  • 6 años de investigación
  • 23 investigadores del mundo
  • 6  países
  • 5 U$S cada proyecto
  • 65 millones de años
  • 86  especies de mamíferos
  • 5.100 es el total de mamíferos
  • 10 %  de esa diversidad se estudia
  • 400 caracteres matriz previa
  • 4500 caracteres matriz actual

+++

Cómo fue el gran impacto

Un asteroide de 1,5 km de diámetro impacta en Yucatán y produce una catástrofe global. Causa tsunamis devastadores. Cubre Norteamérica y Groenlandia, baja hacia Asia. Explota y se incendia; un polvo incandescente que condensa como lluvia negra desata fuegos. Al aplacarse dejan una capa de polvo en la atmósfera que tapa la luz solar. Desaparecen todas las plantas y los animales. Sobreviven los que pudieron comer semillas, y las plantas que tenían semillas. Vuelve el sol y, con él, la gran diversificación.

Fuente: La Gaceta / Viernes 15 de Marzo de 2013

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