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“La bioeconomía se plantea como una probable fuente de industrialización para la Argentina”

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Hoy en día, esta disciplina está en el foco de las investigaciones y desarrollos tecnológicos. ¿Cómo obtener energía, alimentos y productos industriales a partir de material de descarte?

Alejandro Mentaberry, coordinador ejecutivo del Gabinete Científico Tecnológico (GACTEC) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, coordinó el Simposio Bioeconomía Argentina 2013, realizado el 21 y 22 de marzo y organizado por el Ministerio.

Pero, ¿qué es la bioeconomía? ¿El uso de residuos y material de descarte derivados del agro permitirá satisfacer la demanda eléctrica mundial a futuro? La visión del especialista, investigador principal del CONICET, que explica que hoy una empresa avícola que reutilice los deshechos que genera podría ser autosuficiente desde el punto de vista energético.

–A grandes rasgos, ¿cómo se define la bioeconomía?

–Es un concepto que se focaliza en cómo la biotecnología y los avances en la producción actúan sobre la economía y la vida cotidiana. Tiene que ver con la posibilidad de aprovechar de forma más integral los cultivos –que llamamos genéricamente biomasa– y es la materia orgánica que puede ser usada como fuente de energía. Esto surge a partir de fenómenos como el crecimiento de la población mundial, que trae aparejado el aumento de la demanda de alimentos, nuevos materiales y bioenergía, entre otros.

–Según la FAO, en 2050 vamos a ser 9 mil millones de personas en el mundo. Frente a este panorama ¿en qué áreas suma valor la bioeconomía?

­­–A priori en el tema de los alimentos, pero no es solamente una cuestión de cantidad si no además de calidad. Tomemos como ejemplo el caso de China: es un país con mucha gente, pero el motor principal de la demanda es el ascenso del nivel de vida. Entonces no solamente exigen comidas con más calorías, sino también alimentos más sofisticados y una dieta más balanceada. En países como la Argentina, que son oferentes de comida, esto lleva a un aumento en la demanda de desarrollos tecnológicos y de sofisticación en la producción. Hoy la bioeconomía no pasa solamente por vender granos, si no además transformarlos en otras cosas.

–Además de alimentos, ¿qué otras áreas se pueden desarrollar?

–Creo que el impacto se va a notar en áreas como biocombustibles y la producción de compuestos químicos y sustitución de derivados del petróleo, como las fibras y polímeros que se pueden obtener a partir de las plantas y que se plantean como una posible vía de industrialización para la Argentina. Un ejemplo es la soja. A partir de ella se pueden obtener entre 200 y 300 productos que van desde cosméticos, fármacos, lubricantes y adhesivos hasta espumas plásticas, muy usadas por ejemplo en la industria automotriz alemana que comercializa el “auto verde”. Y lo mismo ocurre con la caña de azúcar o el maíz.

–¿Para qué pueden ser usados?

–Buena parte de los residuos agrícolas de la industria forestal sirven para fabricar biodiesel, alconafta o biogás: son todas soluciones energéticas parciales pero de mucho interés. Algo similar pasa en la industria vinculada a los alimentos: nosotros calculamos que un establecimiento de cría de pollos podría transformar sus residuos en biogas y esto en electricidad y cerrar un círculo completo de autoabastecimiento. Lo mismo ocurre con los residuos urbanos y efluentes: la Argentina tiene una enorme cantidad de biomasa desperdiciada. Uno ve que en determinadas zonas se quema el bagazo de la caña de azúcar y se tira la vinaza. Esto no sólo genera problemas de contaminación, sino que es además como quemar dinero.

–¿Por dónde transita la bioeconomía en el futuro más cercano en argentina?

–Hoy estamos bien parados en lo que podemos llamar como proto biorefinerías, núcleos de elaboración de alimentos y biocombustibles. En menos de 5 años el país pasó de no considerar a los biocombustibles a ser el primer exportador mundial de biodiesel, por ejemplo. En algunos sectores ya se empezaron a implementar iniciativas, pero hay que profundizar en esa dirección y seguir avanzando. Creo que un primer paso importante va a ser la producción de biogas, que es un problema inmediato y muy asociado al uso de residuos que podría suplir parte de la demanda energética de algunas ciudades. Y, en segunda instancia, avanzar en la sustitución de productos de la industria petroquímica con derivados de la biomasa.

Formación

Alejandro Mentaberry es investigador principal del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI) y coordinador ejecutivo del Gabinete Científico Tecnológico (GACTEC) del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación.

Obtuvo su licenciatura en Análisis Clínicos y Bioquímico en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, y tiene además un doctorado en Ciencias Químicas por la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Buenos Aires.

Fue profesor de Posgrado en la Universidad de San Carlos de Guatemala y coordinó cursos de posgrado en la Escuela Argentino-Brasileña de Biotecnología y National Academy of Sciences de Estados Unidos.

Entre otros galardones obtuvo el Premio a la Innovación en Biotecnología “Luis Federico Leloir”, otorgado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Fuente: Conicet

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