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El CEMADEN, en Brasil: alertas y más allá

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A menos de dos años de su creación, el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales brasileño se convirtió en una experiencia novedosa que promete buenos resultados ante situaciones de alto riesgo como desmoronamientos o inundaciones. El meteorólogo de Exactas Marcelo Seluchi es uno de sus responsables. En charla con Noticias Exactas, describió el proyecto, sus alcances y posibilidades de que se aplique en otros países de la región.

por Armando Doria 

En enero de 2011, las fuertes lluvias que afectaron la región serrana de Río de Janeiro dejaron más de mil muertos. Las inundaciones y, principalmente, el desmoronamiento de las laderas de los morros fueron la causa de las muertes, con posterioridad a la caída de 190 milímetros de lluvia (equivalentes a 190 litros por metro cuadrado) en veinticuatro horas. No por casualidad, a pocos días de la tragedia, el gobierno de Dilma Rousseff decidió crear, a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, un organismo federal con foco en el monitoreo de las variables que pueden desencadenar tragedias.

A fines de 2011 fue creado el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales y a comienzos de 2012 ya se encontraba trabajando en forma operativa 24 horas por día. El CEMADEN, de acuerdo a sus siglas, reunió especialistas de distintas disciplinas y tiene la particularidad de tener a un argentino entre sus responsables, el meteorólogo Marcelo Seluchi. “En Río de Janeiro, como en otros estados de Brasil, hay regiones de mucho riesgo porque existe población asentada en laderas inestables o zonas inundables. Venían siendo una constante las víctimas después de lluvias intensas pero la tragedia de 2011 fue la gota que derramó el vaso y empezó a plantearse la inquietud respecto de cómo optimizar la prevención”, indica Seluchi.

La respuesta estuvo en la creación de “un centro de alertas muy puntuales, que no tiene que ver con la alerta meteorológica habitual, relacionada con el anuncio de tormentas o vientos fuertes. Nosotros generamos un pronóstico a muy corto plazo, extendido a no más de 24 horas, e identificamos qué riesgo pueden generar esas condiciones en cada zona particular de acuerdo al tipo de suelo, al estado de los mismos, a la presencia de cauces de agua y al tipo de vulnerabilidad de las poblaciones, por ejemplo. La alerta parte, entonces, de un análisis complejo. Digamos que todo esto no tiene nada de novedoso en cuanto a los registros que hacemos, lo que distingue a las alertas es su base multidisciplinaria: somos meteorólogos, geólogos, hidrólogos y especialistas en desastres naturales evaluando toda la información de manera conjunta”.

Marcelo Seluchi suma fichas al mito (chauvinista, quizás) de que siempre hay un argentino en cualquier parte del mundo detrás de un evento destacado. El actual coordinador operativo del CEMADEN completó su licenciatura en Ciencias de la Atmósfera en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA para luego doctorarse. Comenzó en nuestro país la carrera de investigador pero pronto decidió emigrar. Seluchi escapaba de los salarios del sistema científico, sin horizontes ni empatía con la investigación aplicada. Era la década de los 90. Fue entonces cuando salió para tierras brasileras como parte de una beca de investigación y pronto se aquerenció en un sistema con más oportunidades y mejores salarios. Años después, en 2012, con mucha experiencia de respaldo, llegó el ofrecimiento en el CEMADEN para un puesto de alta responsabilidad del cual, en resumen, dependen nada menos que vidas humanas.

Así funciona una alerta

El CEMADEN es el encargado de la emisión de alertas para el Centro Nacional de Gestión de Desastres y Riesgos de Brasil (CENAD), vinculado a la Defensa Civil Nacional.

La denominada “Sala de Situación” es el corazón del organismo con sede en el Estado de San Pablo. Cuenta con puestos para 25 operadores que, a través de un videowall, pueden monitorear el estado de cada región del país en tiempo real. Las sillas las ocupan especialistas de distintas áreas que combinan la meteorología, la geología, la hidrología y el conocimiento sobre los desastres naturales. Las 24 horas de cada día del año hay una guardia operando. El monitoreo es constante y está aplicado –a cifras de hoy– a 320 municipios. Esos municipios son aquellos que fueron mapeados previamente y de los que se conocen los datos que permiten advertir peligro ante la acción de las lluvias. Explica Seluchi que “de los municipios mapeados sabemos cómo se distribuye la población, cómo están compuestos los suelos, de qué manera los puede afectar el agua, dónde están emplazadas las construcciones, etcétera. Esto nos permite asociar las lluvias con posibles inundaciones o deslizamiento de laderas y de esa manera dar las alertas”.

El trabajo de Seluchi tiene como rutina dos reuniones por turno donde se analiza, a partir del monitoreo y del pronóstico meteorológico, en qué sectores priorizar la atención. A partir del aporte fundamental de los pluviómetros y los radares meteorológicos –que actualizan los datos cada cinco minutos–, el pronóstico a cortísimo plazo, la data de los mapeos y los conocimientos propios de cada especialista, nacen las alertas. En caso de ser necesario emitirla, la alerta tiene un recorrido burocrático que respeta la estructura federal del estado brasilero. “Por ejemplo, nosotros le damos la alerta al CENAD; este, a su vez, se la da al estado de Río de Janeiro y, este, por último, se lo comunica al municipio de Río. Son varios pasos pero llega en pocos minutos, como para que pueda actuar la Defensa Civil del lugar”, describe Seluchi.

La responsabilidad del CEMADEN llega hasta la emisión de alertas. Según el criterio del manejo frente a emergencias establecido en Brasil, una alerta amarilla significa que los organismos de defensa civil tienen que permanecer atentos al desarrollo de la situación, incluyendo el acuartelamiento del personal. La alerta naranja requiere la presencia de la defensa civil en la zona en riesgo para evaluar la situación, aportando datos sobre estado del terreno, por ejemplo, y la preparación para una eventual evacuación de la población en situación de peligro. La alerta roja, nivel máximo de la escala, indica escenarios más dramáticos e implica la evacuación inmediata de la población en peligro. Por esa razón las alertas deben indicar con la mayor precisión posible las zonas más críticas dentro del municipio alertado. A partir de ahí cuenta la efectividad de los equipos de defensa civil.

Con anterioridad a la creación del CEMADEN, la prevención nacía de las alertas meteorológicas y los organismos de defensa civil debían trabajar con esa información, que la mayor parte de las veces es muy inespecífica porque apunta a otros fines”, indica el meteorólogo.

Si bien puede concluirse que monitorear 350 municipios, frente a los 5.000 que componen la totalidad de Brasil, representa un rango muy menor, Seluchi afirma que no son más de 1.500 los casos que requieren monitoreo y que se suman nuevos municipios constantemente. Como más adelante indica el propio especialista, no hay que olvidar, ante cualquier análisis, que el CEMADEN lleva solo un año de acción concreta.

Para no perder de vista

Esta novísima experiencia de prevención ante desastres naturales tendrá, probablemente, mucho para dar en los próximos años, cuando la red de monitoreo se vaya completando. Seluchi considera necesario incorporar una gran cantidad de pluviómetros y tener más radares a disposición para mejorar las alertas, además de avanzar en el mapeo. Desde su página web, el CEMADEN promete “abordar posteriormente otros tipos de desastres naturales asociados con la sequía, rayos, tormentas, vientos fuertes y granizo”. La estructura del organismo se completa con acompañamiento del desarrollo de investigación aplicada sobre meteorología, geología, hidrología y desastres naturales. Según puede advertirse –atentos al tipo de estrategia de gestión estatal que desarrolló Brasil en las últimas décadas–, esto recién comienza.

El interés que despierta la creación del CEMADEN llevó a que Marcelo Seluchi fuera invitado al XX Congreso de Meteorología que tuvo lugar en la provincia de Mendoza durante agosto del año pasado. El título de su conferencia fue toda una propuesta: “El CEMADEN: Un centro de pronóstico y alerta de desastres naturales en Brasil adaptable a América del Sur”. Consultado por las posibilidades de “exportar” la experiencia y el interés de otros países en hacerlo, Seluchi asegura que “es perfectamente aplicable a cualquiera de los países de nuestra región. Hay algunos que tienen muchas zonas de alto riesgo y otros, como la Argentina que, si bien pueden sufrir desastres eventualmente, estos están geográficamente más circunscriptos. Todos pueden establecer un sistema de alertas y monitoreo como el nuestro, no hace falta desarrollar ninguna tecnología o conocimientos novedosos. Sí es necesario contar con presupuesto. En el congreso de Mendoza encontré colegas muy interesados en estos temas y recibí muchas consultas”, sostiene e indica, con entusiasmo, que “en el CEMADEN estamos dispuestos a asesorar y aportar nuestra experiencia a todos aquellos países que se muestren interesados”.

Como no podía ser de otra forma por nacionalidad y profesión, en el momento de la entrevista Seluchi estaba al tanto de las inundaciones ocurridas en la Ciudad de Buenos Aires y las más dramáticas de La Plata. “Si bien insisto en que Argentina no es un país con problemas climáticos graves, considerando el número histórico de muertes, cada vez se registran eventos más extremos, incluso hay eventos que salen de escala, y eso tiene sus consecuencias asociadas. Hay asentamientos urbanos en los denominados valles de inundación de los ríos. Claro, nosotros no vemos el río o el arroyo porque está entubado, pero esos valles existen y resultan zonas anegables. Lo importante, y para eso sirven las alertas, es evitar las víctimas. Es algo que se puede lograr”.

Con la mención de las víctimas fatales, surge el tema de la efectividad de las alertas del CEMADEN. ¿Puede afirmarse que la apuesta por un sistema integrado y multidisciplinario mejoró la respuesta de los órganos de defensa civil? ¿Los más de 1000 muertos en los morros de Río de Janeiro quedarán como testimonio de un periodo superado? El responsable de las alertas del CEMADEN pone paños fríos frente al análisis de las cifras pero no deja de esperanzarse; se advierte, a través de la línea telefónica, en el tono de su voz. “En Petrópolis, la semana pasada cayeron 500 milímetros en 24 horas. Nunca vi una marca igual en todo Brasil. Fue en una zona cercana a la de la tragedia de 2011, y en aquel momento el agua caída no había alcanzado los 200 milímetros”. Esta vez hubo 33 muertos, hace dos años hubo 1000 y con condiciones climáticas no tan extremas. En 2011 no había CEMADEN; ahora sí. “Pero esto, por ahora, no quiere decir nada, es muy prematuro afirmar que estamos disminuyendo drásticamente la cantidad de víctimas”, aclara Seluchi. “Eso, en todo caso, lo podremos analizar en 10 años”.

FuenteNoticias Exactas de la UBA / Jueves 11 de Abril de 2013

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