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El día a día de la Ciencia

El hombre que investiga el complejo canto de los pájaros

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Gabriel Mindlin, físico platense, traduce los movimientos musculares del aparato fonador de las aves para devolver el habla a humanos. Buscan desarrollar prótesis vocales.

Analiza una posible síntesis conceptual, definitoria de lo que viene haciendo desde hace casi diez años junto a otros investigadores del Laboratorio de Sistemas Dinámicos de la facultad de Física de la Universidad Nacional de Buenos Aires: “El canto de los pájaros como modelo para entender el aprendizaje del habla” dice. No está de acuerdo –en cambio- con que se diga “El canto de los pájaros para ayudar a recuperar la voz humana”. Esto último le parece algo prematuro, impropio de la etapa experimental en la que se encuentran. Aunque en verdad, apuntan a eso.

Es compleja e interdisciplinaria la investigación que lleva adelante el físico platense Gabriel Mindlin. Pero sí acepta que se diga que desde hace años –junto a biólogos, veterinarios, médicos y físicos que trabajan en el laboratorio creado por él– vienen estudiando el canto de las aves como una clave para devolver el habla a personas que la perdieron, por enfermedades tales como el cáncer de laringe y otras.

Al decir que estudian el canto de los pájaros debe entenderse que investigaron los músculos que las aves usan para cantar y los estímulos cerebrales que intervienen. “Eso lo fuimos trasladando a modelos matemáticos sencillos que sintetizan el canto”, dice. El objetivo final de esta laboriosa experiencia apunta a “lograr un sintetizador vocal para humanos”. Añade que una persona que sufrió cáncer de laringe y perdió el habla, que no puede vocalizar, recuperaría esa posibilidad mediante un chip que sintetizará un sonido equivalente al habla.

Al iniciar en 2003 esta investigación, algunos colegas la consideraban algo excéntrica. Lo admite sonriendo. Ahora sabe que se encuentran en punta en esta exploración, que ha tenido reconocimientos internacionales de valía omo el brindado hace poco por la publicación inglesa Nature, considerado el medio de mayor excelencia científica. “Nos han premiado y nos reconocen como referentes mundiales en este tema”, dice.

Nacido circunstancialmente en Quilmes, Mindlin es platense de pura cepa. Hijo de Gerardo (médico clínico) y de María Abete, recorrió el tradicional circuito estudiantil de nuestra ciudad: la Anexa, Bellas Artes y finalmente la facultad de Ciencias Exactas de la UNLP. Del primario y secundario recuerda a las profesoras Aramboure y González y de la facultad “a muchos profesores, pero sobre todo a Héctor Vucetich que es un gran maestro”.

Hincha de Racing, vive sobre el Camino Belgrano, en una amplia casa con jardín y pileta de natación, a pocas cuadras de la frontera que divide Villa Elisa del parque Pereyra Iraola. Allí comparte vida con su pareja, Ana Amador, y con sus hijos Julia e Iván.

Investigador principal del Conicet, se graduó en Exactas de nuestra ciudad y se doctoró en la Universidad de Drexel, Filadelfia. Es analista de sistemas no lineales y estudioso de la física del canto de los pájaros. Profesor del departamento de Física de la UBA desde 1993, investigador asociado de la Universidad de California (EE UU), profesor de la Universidad de Pamplona (España), Chercheur Asocie del CNRS (Francia), autor de tres libros: “Dinámica no lineal”; “La física de Birdsong” y “Causas y Azares, historia del caos y los sistemas complejos”. Ha recibido numerosas distinciones y premios nacionales e internacionales.

–Usted ha resultado ser algo más que un observador de pájaros, algo más que un ornitólogo…

–Digamos que pasé del disfrute ocioso, de la contemplación, al estudio científico del canto de los pájaros.

–Sin embargo, habrá realizado muchos trabajos de campo, muchas observaciones, digamos, clásicas…

–Si claro, estuvimos muchas veces en los montes de Magdalena, en Pereyra Iraola, siguiendo pájaros.

–¿Qué es lo que ha logrado científicamente en estos años?

–Bueno, logramos reproducir el canto de un pájaro que previamente fue enmudecido a través de un sistema computarizado. En realidad lo que buscamos es arribar a la posibilidad de que en el futuro se desarrollen prótesis vocales para humanos. Pero aún falta mucho.

–¿Qué significa haber enmudecido a un pájaro? ¿Podría ser algo más explícito?

–Fue enmudecida temporalmente un ave y se insertaron microelectrodos en los músculos que controlan la fonación. De modo que cuando el pájaro intentaba cantar, quedaba registrado qué músculos movía y los mecanismos neuronales que se activaban. Esos electrodos los hicimos llegar a un chip en el que están grabadas matemáticamente las reglas que rigen el comportamiento vocal. En síntesis, se obtuvo que por el chip saliera el canto del pájaro, un canto sintético pero muy similar al real. Bueno, en paralelo, buscamos que este mecanismo permita el habla de los humanos que perdieron su capacidad de hablar.

–De arribar a buen puerto sus investigaciones –digamos, a que tengan aplicación práctica– ¿ellas podrán servir para los humanos que son mudos de nacimiento?

–No, probablemente no. Pero insisto en que estamos en una etapa experimental básica. Para la ulterior aplicación, bueno, imagínese, haría falta contar con el apoyo financiero correspondiente, es todo muy complejo.

–¿Cuál es el objetivo final de su investigación?

–Es ver la posibilidad de poder contar con un sintetizador vocal para humanos. Que aquella persona que no puede vocalizar disponga de un dispositivo electrónico, de un chip que podría colocarse –por ejemplo– en la solapa de su camisa, que sintetice un sonido lo más parecido al habla.

–¿Cuál sería el plazo para dar por finalizada la investigación?

–Estamos hablando de un proceso muy largo, muy complejo ya le dije. No vemos aún cuándo podría terminar. Lo que nos da mucha fuerza es el reconocimiento internacional que hemos logrado en los últimos tiempos.

–¿Por qué eligió pájaros y no cetáceos o perros, por decir cualquier otro animal?

–En realidad no fui yo el que eligió pájaros. Se trata de un modelo ya establecido desde hace muchos años en la biología. Y hubo etólogos muy importantes –Thorpe, Maller, entre otros– que estudiaron y experimentaron mucho con la vocalización de los pájaros”.

–Cuando un pájaro canta, ¿establece algún tipo de relación con ejemplares de su propia especie?

–Si me está preguntando si el canto de los pájaros es un idioma, le digo que no. Es verdad que los pájaros necesitaron aprender de sus llamados tutores –de su padres o de otros ejemplares adultos– la vocalización, pero no aprenden la combinación de símbolos propios de un lenguaje. Los expertos coinciden en que el canto de los pájaros expresa sólo dos mensajes: uno para delimitar un territorio y otro para seducir a una hembra.

–Usted ha señalado varias veces que existen dialectos, es decir que no todos los pájaros de un propio país se expresan igual, que hay diferencias entre ellos…

–Así es. Y las diferencias surgen del aprendizaje. Un chingolo de nuestra región canta diferente que un chingolo cordobés o uno que vive en Pinamar. Para esa variación influyen distintos factores, por ejemplo la altura, el medio ambiente. Se les llama dialectos porque efectivamente lo son.

–Usted hace casi diez años que está dedicado a esta investigación… ¿Siente alguna fatiga o se sigue entusiasmando?

–Lo que hago es apasionante, cada vez me gusta más. Al principio trabajé con mecanismos periféricos –por ejemplo, el aparato vocal de los pájaros– pero luego me interné en el misterio que es el cerebro del ave, sus llamadas chispas cerebrales. Uno descubre que el canto es algo muy complicado. Entender al principio cómo opera el aparato vocal y desde allí descubrir, finalmente, que en realidad desde allí está decodificando muchas cosas de su cerebro.

A 300 metros de la casa de Mindlin se extienden los bosques y las praderas del parque Pereyra Iraola. Allí sobran las distintas especies de pájaros. El investigador se presta a las fotografías y reflexiona que la ciencia ahora ha cambiado, “hay más confianza en uno mismo, hay muchos jóvenes con originalidad y con coraje intelectual”. En el propio jardín de la casa de Mindlin, poblado de árboles, se oye el canto cercano de algunas aves que marcan territorio o intentan seducir a una posible pareja.

Fuente: El Día / Domingo 28 de Abril de 2013

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