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El día a día de la Ciencia

“Me imagino una región más equilibrada en términos de desarrollo científico y calidad de vida”

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Para poder alcanzar un desarrollo pleno en materia de ciencia, tecnología e Innovación, Iberoamérica debe fortalecer todavía más los lazos ya existentes entre los países que la componen. La ciencia, la tecnología y la innovación no están a salvo del lugar común: como en muchos otros aspectos de la vida humana, aquí también la unión hace la fuerza. Al menos es el mensaje de la Ing. Águeda Menvielle, directora nacional de Relaciones Internacionales del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (MINCYT) de la República Argentina.

Menvielle ostenta una larga experiencia en su área de trabajo. Prueba de ello es la distinción que recibió el 23 de abril de manos de Álvaro Marchesi, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), por su extensa contribución a la construcción del espacio iberoamericano de cooperación en ciencia y tecnología. Durante la entrevista que sigue a continuación, la funcionaria entrega una definición propia acerca de la cooperación científica en Iberoamérica, examina los principales desafíos que enfrenta la región en materia de ciencia y repasa las aristas fundamentales de un inminente programa de popularización de la ciencia que será presentado oficialmente en la próxima cumbre de presidentes iberoamericanos.

–¿Qué deberíamos entender por espacio iberoamericano de cooperación en ciencia, tecnología e innovación?

–En los últimos años, la región iberoamericana se ha convertido en una de las más exitosas en términos de desarrollo científico, tecnológico y de innovación. Aunque todavía hay muchas disimilitudes, el crecimiento que ha tenido Iberoamérica en muy breve tiempo es enorme: alrededor del 1 por ciento del PBI general de la región está dedicado a la ciencia, la tecnología y la innovación. Ha habido un cambio de paradigma en nuestros países hacia el fortalecimiento de estas áreas. En este contexto, se crea el espacio iberoamericano como un ámbito donde distintos proyectos que se ejecutan en el sector empiezan a tener un lugar preponderante. Ya había proyectos históricos –como es el caso del CYTED (Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo), que tiene cerca de 30 años de trabajo en la región– y a ellos se sumaron proyectos nuevos que tienen que ver con la innovación y la formación de recursos humanos del más alto nivel. Todo esto hace eclosión en el espacio iberoamericano, que fue planteado hace algunos años en la cumbre de presidentes como una propuesta similar a lo que hizo Europa con su propio espacio. Esto tiene todavía más sentido si consideramos que dos de los países que integran el espacio iberoamericano, España y Portugal, son europeos.

–Los países de la región son dispares entre sí. ¿Qué se debe tener en cuenta para resolver esas disparidades en el seno del espacio iberoamericano?

–Somos conscientes de que en Iberoamérica conviven países con enormes diferencias, pero esto no sólo se da en ciencia y tecnología. Hay países con sistemas muy desarrollados y competitivos –como es el caso de Brasil, Argentina, Colombia y Chile, entre otros– y países que todavía no disponen de un sistema científico-tecnológico o que recién están emprendiendo su fundación. Se trata de uno de los desafíos de la región, y en particular de uno de los desafíos de la Argentina. Nuestro país ha liderado este proceso de transferencia de buenas prácticas a naciones que recién están dando sus primeros pasos. En Iberoamérica hay países que pueden funcionar en el marco del programa de la Unión Europea, mientras que hay otros países que todavía no están en condiciones de hacerlo. ¿Qué debemos hacer frente a esto? Participar en la capacitación de los países de menor desarrollo para que puedan estar a la altura de los requerimientos de los programas de mayor nivel y para que aprendan el lenguaje indispensable en toda presentación de proyectos. Debemos formar a los científicos y técnicos de estos países. Desde el gobierno argentino siempre hemos buscado socios de países de menor desarrollo para que puedan crecer bajo el amparo de un sistema ya consolidado, algo que por sí solos no podrían hacer. En ese punto radica buena parte del éxito que ha tenido nuestra oficina de enlace con la Unión Europa. Además de lograr que la mayoría de los científicos y las empresas argentinas puedan participar del programa marco, hemos conseguido que otros países también puedan hacerlo.

–En términos generales, ¿cuál es el rol del MINCYT en este contexto?

–El MINCYT fue creado en 2007 por el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con el férreo propósito de utilizar la ciencia, la tecnología y la innovación para resolver nuestros problemas y aumentar nuestra competitividad. En este juego, la innovación es prioritaria. Hemos hecho un gran hincapié en la creación de nuevas empresas de base tecnológica y en su asociación con los centros de investigación, con el objetivo de que los resultados obtenidos sean siempre aplicables al desarrollo del país. También nos hemos preocupado por transferir estos resultados a los contextos del Mercosur, de UNASUR y del espacio iberoamericano. Priorizamos la cooperación de tipo subregional y regional. En términos bilaterales ya hemos sido bastante exitosos, pero el trabajo regional es hoy nuestro principal desafío. Un ejemplo de esto es la financiación, con un fondo específico del Mercosur que se llama FOCEM, de programas de ciencia, tecnología e innovación. Esto no ocurría antes, ya que en el pasado se financiaban sólo proyectos puntuales de integración, como un puente o un hospital. Costó un esfuerzo, pero logramos hacer entender a los distintos ministerios de economía de la región que la ciencia, la tecnología y la innovación son un alto componente estratégico. Así logramos el primer proyecto del área de la ciencia en el Mercosur financiado por este fondo. Se trata del primero de una serie, y se alcanzó con el liderazgo de la Argentina.

–¿Cuáles son las áreas sobre las que todavía hay que trabajar?

–Cuando uno trabaja en un ambiente tan disímil como Iberoamérica, es difícil determinar cuáles son las tareas prioritarias. De pronto se produce un enorme océano de un centímetro de profundidad. Debemos aprender a distinguir qué es estratégico para un país como República Dominicana y qué es estratégico para un país como Brasil, para después determinar cuáles son las áreas que más nos interesan a todos. Se trata de algo muy complicado, pero, cuando uno piensa en una región tan grande y tan disímil, la producción de alimentos cobra una importancia capital. Lo mismo ocurre con la energía, la bioeconomía y la biodiversidad. Otra metodología válida para descubrir cuál es la mejor dirección es tener muy presente lo que no es importante para uno. Para Iberoamérica, por ejemplo, todo lo relacionado con el desarrollo nuclear carece de relevancia general: apenas son tres los países que tienen en desarrollo un programa activo de energía atómica. Saber eso nos permite hacer un primer recorte: nos importa encontrar una estrategia sostenible para ser autónomos en materia energética.

–Si tuviera que imaginar a la región en diez años, ¿con qué se encontraría?

–Me imagino una región cada vez más equilibrada en términos de desarrollo científico y calidad de vida. Me imagino una región proveedora de alimentos de muy variado tipo. Para el año 2050 el mundo habrá consumido aproximadamente la misma cantidad de alimentos que consumió hasta hoy. Se calcula que para entonces la población mundial ascenderá a 9000 millones, de modo que habrá que proveer alimentos y energía para esa población. Iberoamérica cuenta con recursos para hacerlo. Debemos trabajar como grupo, como colectivo, algo que ya hemos logrado, por ejemplo, en nuestro posicionamiento estratégico frente a Europa. Eso no se consigue a través de la mera bilateralidad. Cuando Brasil o Argentina se presentan ante la Unión Europea para negociar determinados objetivo, pueden lograr un éxito que siempre será puntual: es decir, que no tendrá un alcance verdaderamente integrador. Pero si nos presentamos como un colectivo regional unido, con decisiones estratégicas ya acordadas entre los 21 países, el efecto será mucho mayor. Que la unión hace la fuerza es un lugar común, pero también una verdad indiscutible.

–Hablemos un poco del Programa Iberoamericano de Comunicación Social y Cultura Científica (PIPCI). ¿De qué se trata? ¿Cuál es su objetivo?

–Hay muchísimos proyectos científico-tecnológicos que no llegan a ser conocidos por la sociedad. El desafío del programa es encontrar una vía para que los científicos puedan participar a la sociedad de sus hallazgos. Esto es algo que la OEI ya ha trabajado bastante. Nuestra idea ahora es sistematizar ese esfuerzo al nivel de los distintos gobiernos iberoamericanos. Empezamos el proyecto con diez países, pero todos están invitados a participar. Nuestro objetivo es presentar la propuesta en la cumbre de presidentes de este año, de modo tal que sea aprobado oficialmente. Cada país se encargará de hacer su aporte, tanto en financiamiento como en capacitaciones, para transferir la ciencia, la tecnología y la innovación al común de la población. Muchas veces no nos damos cuenta de cuánta ciencia y tecnología intervienen en nuestras vidas diarias. La idea es poner el acento sobre eso, resaltar la importancia de la ciencia, la tecnología y la innovación en nuestra existencia cotidiana. La imagen que tenemos del científico es la de un hombre medio loco, con guardapolvo blanco y pelos parados, diseñando bombas atómicas en un bunker. Queremos desmitificar esa imagen falsa y mostrar cuánto hacen los investigadores para mejorar la calidad de nuestras vidas. El programa tiene distintos componentes: una base que tiene que ver con publicaciones, otra que tiene que ver con la popularización, etc. En la Argentina, por ejemplo, Tecnópolis ha sido un gran éxito. La intención ahora es extendernos y ofrecer una Tecnópolis iberoamericana donde los visitantes puedan tomar contacto con los distintos desarrollos científicos que están teniendo lugar en la región. También hay muchas ideas para generar nuevos concursos científicos y museos de ciencia. Se trata de un programa muy amplio.

–¿El programa está dirigido específicamente al público infantil o se considerarán también otras franjas etarias?

–El programa está destinado a la generalidad de la población, aunque es cierto que la estimulación de la vocación científica en edades tempranas es algo que nos preocupa mucho. En la Argentina, al igual que en el resto de la región, tenemos un gran déficit en la formación de ingenieros. Ahora contamos con un canal específico de ciencia y tecnología que se llama TECTV. A través de él intentamos generar productos que interesen al público infantil. La mayoría de los investigadores terminaron haciendo ciencia porque se cruzaron con un profesor muy especial o porque de chicos jugaron con un microscopio. La idea hoy es amplificar ese mismo efecto desde el trabajo gubernamental. El MINCYT está desarrollando una nueva agencia para promover el trabajo científico y la cultura científica. Aún somos deficitarios en ese aspecto. Todavía no hay una buena comunicación de la ciencia, ni en la Argentina ni en el resto de América Latina.

–¿Cómo puede ayudar la OEI para mejorar esta situación?

–En el ámbito iberoamericano hay distintas instituciones que vienen trabajando desde hace tiempo. Una de ellas es la OEI. Soy una profunda defensora de la coordinación. No tiene sentido que en el contexto subregional del Mercosur se siga una línea que no tenga nada que ver con lo que se está haciendo a nivel UNASUR ni nada que ver con lo que se está haciendo a nivel iberoamericano. La OEI es una organización integradora, con representación en todos los países de la región y con una larga trayectoria en cooperación internacional, educación superior y –desde hace algunos años– también en ciencia. El rol de la OEI es estratégico para que no se produzcan acciones contrapuestas dentro de un mismo espacio. Por eso es necesaria su contribución en el programa iberoamericano. Es muy importante el trabajo que hacen el Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad y la RICYT. Sería vital, entonces, que el relevamiento de indicadores no se superponga con las actividades de ninguna otra institución, ya que estaríamos malgastando esfuerzos y recursos. De ahí la importancia de la coordinación. Debemos generar agendas claras. Contamos con la OEI para llevar a cabo esa tarea.

Fuente: Portal de Internet Observatorio CTS / Sábado 04 de Mayo de 2013

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