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El día a día de la Ciencia

“Siento que la Pachamama me eligió para narrar su historia”

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“Lo sacó Messi, se lo dieron César Pelli, a Campanella y a Milstein… y ahora se lo dan a los estromatolitos de la Puna!!! ¡Premio Konex 2013!”. Así comunicó por Facebook su alegría la doctora María Eugenia Farías.

Unos días atrás le habían notificado que había sigo galardonada por la Fundación Konex, que en 2013 otorga los premios en Ciencia y Tecnología a las 100 personalidades destacadas de la última década. La doctora Farías integra el quinteto correspondiente a Biología y ecología, pero no siente que el premio le pertenezca. “Yo sólo estaba en el lugar preciso en el momento adecuado; visto con ojos humanos, casi por casualidad. Fue en Socompa; y siento que lo que pasó es que la Pachamama me eligió para narrar su historia“, cuenta.

Es que los estromatolitos que encontró tienen las características de las primeras formas de vida en el planeta. En una definición “apta para todo público” las llama “piedras vivas”. Más precisamente, “ecosistemas microbianos que viven en condiciones extremas”. Por ejemplo, “comen” … ¡arsénico!

Los estromatolitos de las lagunas andinas de la Puna, el “laboratorio viviente” donde hizo su hallazgo, soportan condiciones físico-químicas únicas: mucha altitud (más de 3.600 metros sobre el nivel del mar), alta radiación ultravioleta, mucha amplitud térmica, baja presión atmosférica, lagunas muy saladas, pocos nutrientes y gran contenido de minerales como arsénico y azufre. Se encuentran en zonas donde los volcanes están activos; en definitiva: un paisaje muy semejante al de hace 3.800 millones de años.

El descubrimiento tiene múltiples derivaciones: desde permitir previsiones respecto de dónde y cómo buscar vida en Marte hasta detectar, a partir de su ADN, cómo generar resistencia a sustancias que son letales, como el arsénico. Hoy el equipo trabaja intensamente en revelar la biología molecular de estos organismos arcaicos y sus aplicaciones biotecnológicas.

El porqué de las comillas

Explicar en términos comunes las complejidades de la ciencia es una de las habilidades de esta cordobesa que se “tucumanizó” dos veces. La primera vez vino con sus padres y recaló, como tantos otros que dedicaron su vida a la UNT, en Horco Molle. Creció aquí, se recibió de bióloga y se doctoró, y se fue a España, donde hizo su posdoctorado. Pero Tucumán tiraba de ella: “fui una de las primeras que participó del programa de repatriación de científicos, en 2001“, cuenta. Y esta vez Tucumán fue su elección.

Trabaja en el PROIMI (Planta Piloto de Procesos Industriales Microbiológicos), dependiente del Conicet, donde fundó el Laboratorio de Investigaciones Microbiológicas Lagunas Andinas (Limla). En 2009 se “chocó” con los estromatolitos durante una expedición que buscaba otra cosa y se enfrentó a la primera disyuntiva: “o llevaba las muestras al extranjero y publicaba allí, o me jugaba por lograr los medios para hacer la investigación en casa“. Apostó de nuevo por Tucumán.

Con su equipo comenzó por visitar al cacique de Tolar Grande, el pueblo más cercano a la zona del descubrimiento, y contarle lo que habían encontrado; decirle que es de ellos y explicarle por qué es tan importante cuidarlo. El cacique la entendió en el acto. “Juntos hicimos la ceremonia para que la Pachamama nos diera permiso para trabajar“, cuenta emocionada.

Pero había que conseguir fondos y, por encima de todo, que se protegiera la zona. No había dinero, de modo que optó por dar a conocer en todas partes el tesoro, y aprendió a explicar con palabras sencillas las cosas complicadas: esa es la razón de las comillas. A esta cruzada se dedicó con ahínco hasta mediados del año pasado (documentales del canal Encuentro, programas en Paka-Paka, participación en Tecnópolis, entre otras acciones). “Creo que los estromatolitos consiguen el Konex también por la difusión; de alguna manera logramos que se entienda la relevancia de algo que puede parecer tan lejano a la vida cotidiana; no sólo geográficamente: si los mirás, son unas piedras sin ningún encanto…“, dice, y ríe.

Fábrica de oxígeno

No tendrán encanto, pero fueron fundamentales en el desarrollo de la vida como la que se encuentra en la Tierra: hace unos 3.800 millones de años los estromatolitos y su capacidad de alimentarse de lo que suele ser tóxico “inventaron” (y siguen las comillas) la fotosíntesis: la capacidad de transformar la luz en energía y… ¡lanzar oxígeno al aire!! Unos “pocos” millones de años después estaban extendidos y producían oxígeno en forma masiva. Casi un abracadabra… Tener la posibilidad de estudiarlos permite cumplir esa misión que la doctora Farías siente haber recibido de la Pachamama: contar la historia de la Tierra.

Lo que viene

Ahora podemos dedicarnos de lleno a publicar. De hecho, en lo que va de 2013 ya salieron cuatro trabajos nuestros, y tenemos entre manos varios más. Va a ser un respaldo muy importante“. Y lo necesitan, porque está costando mucho esfuerzo lograr que las provincias legislen la protección de las zonas donde encontraron estromatolitos. “Es impresionante la diferencia de actitud: en Chile son las propias mineras las que financian las búsquedas y las acciones de protección ambiental“, cuenta con admiración y pena simultáneas.

Proteger los estromatolitos

Esas rocas sin encanto“, como las describió la doctora Farías, son un tesoro microbiológico, pero se encuentran en zonas de interés minero, de modo que necesitan en forma urgente ser protegidos. Ella está trabajando para sacar adelante un proyecto en la Cámara de Diputados de la Nación que permita cambiar las leyes de patrimonio genético. Si eso se consigue, las aplicaciones biotecnológicas que se logren a partir de este descubrimiento serán patrimonio de nuestro país. Por otro lado está trabajando con el gobierno de la provincia de Salta, con los operadores de turismo alternativo y con los pobladores de la región puneña de Tolar Grande para la preservación y el cuidado del lugar.

Trabajando a más de 3500 metros de altitud

A pesar de las condiciones, bastante hostiles, ella se siente allí en el mejor de los mundos. Protegida del sol, entrenada para moverse a pesar de lo escaso del oxígeno, ir de campaña es lo que más le gusta. Es su “laboratorio viviente”, el preferido. Toma muestras, mide condiciones ambientales, sigue descubriendo “bichos raros”: “Hace poco encontramos una bacteria que se alimenta de azufre“, contó. Pero desde ese laboratorio de altura hay que volver al llano. En el PROIMI la esperan el otro laboratorio, y un equipo que junto con ella clasifica, cataloga, experimenta… “A estas que descubrimos les encanta el azufre. Más les das, más crecen“, dijo divertida.

El deporte de aventuras

A todos los amantes de los deportes extremos les pido: tengan cuidado con dónde pisan cuando suben a los volcanes. Pueden estar destruyendo algo invaluable: formas de vida únicas en el mundo apenas exploradas. Ustedes son muchos y llegan a los volcanes antes que los científicos. Por favor, ayúdennos a cuidarlas; no las destruyan antes de que podamos estudiarlas“.

Fuente: La Gaceta de Tucumán / Jueves 09 de Mayo de 2013

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