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En 2014, podrían probar en humanos un virus inteligente que ataca el cáncer de colon

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Se trata del adenovirus que suele estar presente en algunos resfríos. Mediante un proceso de ingeniería genética, la Fundación Leloir dotó a ese virus de la capacidad de infectar y eliminar células tumorales.

En la lucha contra el cáncer cada vez se usa con mayor frecuencia la frase “medicamentos genéticos de avanzada”. Ese rótulo engloba a la terapia génica, la nanomedicina, las vacunas que tienen una base genética y los virus con capacidad de atacar a las células tumorales.

Ése es el campo en el que Osvaldo Podhajcer y su equipo de trabajo vienen marcando un rumbo dentro de la Fundación Leloir, con el sostenido apoyo de la agrupación riocuartense Afulic.

Como lo hace periódicamente, el reconocido investigador visitó ayer la ciudad para explicar los avances en el desarrollo de un virus inteligente que ataca el cáncer de colon. Su presencia tiene un doble valor: por un lado, implica una especie de “rendición de cuenta” del trabajo que los científicos realizan con el apoyo –entre otras instituciones– de los más de 2.200 adherentes de Afulic y, por el otro, es todo un incentivo para lograr que muchos otros sumen su apoyo.

Las expectativas de Podhajcer están cifradas en iniciar el año próximo los primeros ensayos en seres humanos del tratamiento que vienen desarrollando con éxito en las pruebas de laboratorio. Así lo relató en esta entrevista con Puntal.

–¿De qué manera su equipo de trabajo busca darle pelea al cáncer?

–En nuestro caso, en los últimos años hemos estado trabajando principalmente en lo que se llama diseños de virus inteligentes para atacar el cáncer. Pero únicamente nos estamos enfocando en cierto tipo de virus y en cierto tipo de cáncer. Después de haber trabajado con virus de varios tipos, el que hemos elegido se llama adenovirus, que es aquel virus que puede generar un resfrío, y lo más importante en término de lo que nosotros queremos es que infecta. Para poder hacer de ese virus un medicamento preservamos su capacidad de infectar y lo dotamos de genes –a través de ingeniería genética– de modo tal que ahora el virus pueda infectar pura y exclusivamente a una célula tumoral, replicarse en su interior y eliminarla. Así fuimos avanzando a lo largo de los últimos años y llegamos al que está más desarrollado, que es un virus para cáncer de colon avanzado, y nuestra expectativa, si todo marcha bien, es que en 2014 estemos a las puertas de un ensayo clínico con este virus, en seres humanos.

–Eso implica que ya atravesaron la prueba en animales.

–Sí, inclusive en este momento se están haciendo, en colaboración con otros grupos, estudios sobre muestras de pacientes frescas y colocadas en un animal de laboratorio; y a ese animal se lo está tratando con estos virus para ver su efecto ya no sobre modelos de cultivos con los que trabajábamos habitualmente sino sobre muestras de pacientes.

–¿Con qué respuesta?

–La respuesta es muy buena, y nos está reforzando la idea de que los virus son eficaces. Para poder sostener eso, hay que pasar por la etapa de demostración de ausencia de toxicidad, y pruebas en otros tipos de animales hasta definir cuál va a ser la dosis adecuada para iniciar un ensayo clínico en pacientes. Mientras tanto tratamos de obtener la autorización para poder hacerlo. Obviamente, todo esto se hace con la idea de que el paciente no sea un conejillo de Indias sino que realmente sea un estudio serio, bajo normas de buenas prácticas clínicas internaciones y, a partir de eso, pueda tener una respuesta fidedigna de cuál es el valor terapéutico real de lo que nosotros tenemos. Ésa es la línea que está más avanzada. En paralelo y a lo largo de los últimos años fuimos diseñando otros virus con otros objetivos.

–¿Por ejemplo?

–Para atacar el cáncer de ovario. El cáncer de ovario tiene la particularidad de que se desarrolla en el peritoneo o en la cavidad torácica, entonces uno tiene en cuenta  ese tipo de cosas para hacer un diseño racional del fármaco o del biofármaco en este caso. Hay situaciones en los cuales el tumor resultó ser resistente al virus. Se lo dábamos al animal con tumor y no le hacía absolutamente nada, entonces en este caso lo que hicimos fue generarle una especie de vehículo, que es tomar una célula madre de pacientes voluntarios, cargarlas con los virus adentro y adosar a la célula como vehículo. Así demostramos que ese mismo virus para el cual el tumor era resistente, cuando estaba dentro de la célula dejó de serlo y la razón es que el virus hay cosas que puede hacer solo y otras que puede hacer mejor si viene acompañado. Lo que vimos es que la célula podía entrar hasta las profundidades del tumor,  y una vez ahí va liberando el virus a medida que va penetrando y de esa manera el virus va infectando la totalidad del tumor. Ese tipo de cosas las fuimos aprendiendo a medida que teníamos éxito con algunas cosas y fracasos con otras.

Una vez lanzado en su exposición, lo mejor es no interrumpir al investigador con preguntas. Podhajcer tiene la capacidad de hacer didáctico lo complejo.

–Otra cosa que aprendimos fue a modificar los virus de manera que cada vez se volviesen más específicos. Hay ciertos tumores a los cuales los virus los infectan muy bien y hay otros tumores que no. Ya no hablamos de resistencia, sino de la capacidad de infectar. Y nos dimos cuenta de que hay tumores que tienen esta puerta para que el virus entre y hay tumores que no. Entonces, le cambiamos la parte externa del virus, que es la que entra por esta puerta, y le pusimos otra para que ahora pueda entrar por las dos puertas al mismo tiempo. La idea es avanzar, ver que para ciertos tipos de tumores uno puede usar ciertos tipos de virus y para otros no. Para eso estamos generando algo que se llama viroterapia dirigida, es decir, tratamos de identificar cuáles son las características de la muestra del paciente y, a partir de ahí, ofrecerle el mejor virus posible dentro de la batería de virus que uno puede armar.

–¿Qué otras vertientes de trabajo están desarrollando?

–A esto lo hemos combinado con quimioterapia tradicional y ha habido situaciones en que hemos tratado por ejemplo cáncer de páncreas con el tratamiento tradicional, que es el uso de un fármaco llamado gencitabina, con efectos parciales pero bastante limitados, hemos agregado en paralelo el virus, con efectos parciales, pero cuando hemos juntado las dos cosas el efecto fue sinérgico, es decir que la suma de los dos fue mucho más importante y potenció el efecto que tenía cada uno por separado. Entendimos por qué ocurría eso y tenía que ver con que el virus abría especies de surcos dentro del tumor por los cuales el fármaco podía ingresar. Entonces, todo este tipo de explicaciones quizás cuando uno da información del nuevo logro de laboratorio que se publica en diarios de tiradas nacionales o locales, no está presente. Pero es bueno que se sepa porque todo esto es parte de este proyecto que Afulic viene apoyando muy fuertemente.

–Una década atrás, usted solía plantear las dificultades financieras para investigaciones de este tipo, ¿eso persiste en la actualidad?

–Se da una paradoja y es que está resultando hoy un poco más complicado de lo que era hace un tiempo conseguir fondos para las primeras etapas de investigación, que son aquellas de más riesgo porque es cuando se trata de generar una prueba de concepto. Es decir, es el momento en que yo tengo una idea y quiero ver si eso termina siendo algo que después pueda ir hacia un medicamento. Quizás eso ocurre por la política actual del Ministerio de apoyar fuertemente lo que se llama la investigación traslacional, es decir, cuando uno ya tiene un medicamento o un producto que pueda llegar a tener un viso de aplicación, o sea la llegada al paciente o la llegada al mercado. Pero estamos empezando a percibir que cada vez está más complicado conseguir los fondos para la inversión inicial, donde hay un riesgo inherente a cualquier idea que hay que llevarla adelante para concretar. En ese sentido, el apoyo que nos da Afulic es fundamental porque apoya justamente esa etapa.

–¿Esta vertiente que ustedes están investigando se replica en otros países?

–La pregunta es muy buena por dos motivos, primero porque no somos los únicos que estamos apuntando a buscar medicamentos nuevos para curar y mucho más en el área de la medicina dirigida, donde se sabe muy bien qué paciente va a responder y qué no, pero también es importante que se sepa que lo que nosotros estamos desarrollando está protegido por patentes. Es decir que hay competencia en el mundo y eso es natural que suceda pero lo que nosotros tenemos está protegido y las instituciones que financian todo esto son las que finalmente se van a terminar beneficiando si todo esto llega a las farmacias. Lo primero que se hace cuando uno desarrolla algo que tiene altura inventiva, es innovador y tiene aplicación industrial es solicitar el otorgamiento de una patente y así genera un límite, es decir, nadie puede invadir esta estructura por el término de 20 años. Durante el transcurrir de los primeros diez a doce años se hacen todos los estudios clínicos que van a eventualmente permitir que los organismos regulatorios en el mundo autoricen que esto se transforme en un fármaco. Después esa patente tiene una validez de entre 8 y 10 años más. Muchas veces sucede que este fármaco se modifica un poco para extender la validez de la patente, pero bueno, es un proceso natural. Lo importante desde el punto de vista país, es que estamos hablando de lo que muchas veces dice la presidenta, es decir, de la apropiación del conocimiento. Uno se apropia de ese conocimiento para el país y el país después, a través de instituciones, se asocia con gente en el mundo que está capacitada para elevar esto a un fármaco.

–¿En qué tramo de ese largo proceso se encuentran hoy?

–Hace diez años, nosotros estábamos empezando. Hoy estamos en la etapa de conversación para asociarnos y que ese fármaco llegue a la clínica, licenciar eventualmente para que otro lo tome y lo pueda desarrollar. Porque no hay que olvidarse que para un ensayo clínico en fase uno se necesitan aproximadamente un millón de dólares. Para terminar las fases dos y tres se necesitan entre 50 y 200 millones de dólares y eso, claramente, lo pueden invertir farmacéuticas multinacionales. La ventaja de uno es que dispone de la patente y puede negociar con las farmacéuticas cuáles son los porcentajes que le van a quedar a uno como dueño de esa patente. Porque uno lo que hace es transferir los derechos de uso, no vender la patente. Entonces, se está trabajando para proteger y lograr el mayor beneficio que en definitiva va a redundar en un beneficio para los pacientes porque está claro para todos los que estamos en esto que la única manera de que esto llegue a transformarse en un fármaco es asociarse con gente que lo sabe hacer.

Perfil

Osvaldo Podhajcer es investigador principal de Conicet, director del Laboratorio de Terapia Molecular y Celular del Instituto Leloir, coordinador nacional de la Red Estados Unidos-Latinoamérica de Investigación en Cáncer de la que participan 30 hospitales e instituciones científicas de Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay, director de la Plataforma de Genómica dependiente del Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva y miembro de la Comisión Nacional de Terapias Regenerativas y Células Madre dependiente del mismo ministerio. Junto a su grupo se encuentra trabajando activamente en el diseño y la utilización de medicamentos de base genética y viral para el tratamiento de diferentes tipos de cáncer. En los últimos meses publicaron cuatro trabajos científicos donde demostraron:

  • Un aumento de la potencia y especificidad de virus oncolíticos (que atacan el cáncer).
  • La importancia de hacer uso de características particulares del tumor para aprovecharlas para aumentar la actividad de los medicamentos (sean virus o genéticos).
  • Que en los casos de resistencia tumoral se pudo modificar el virus por ingeniería genética para redirigirlo hacia las células de interés.
  • Que pudieron usar células madre como vehículo de virus oncolíticos combinando las 2 estrategias.

Fuente: Puntal de Córdoba / Martes 21 de Mayo de 2013

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