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“Unir lo ambiental y lo biotecnológico”

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El Doctor en Ciencias Biológicas, Eduardo Pagano, es vicedecano y profesor de Biología Aplicada de la Facultad de Agronomía de la UBA. En diálogo con “Infocampo”, analiza la situación académica, las herramientas biotecnológicas, y más.

Eduardo Pagano es el vicedecano de la Facultad de Agronomía y profesor asociado del Departamento de Biología Aplicada y Alimentos de la Universidad de Buenos Aires. Recibió el título de ingeniero agrónomo y Magister Scientiae en Producción Vegetal, ambos en la misma institución, y además es Doctor en Ciencias Biológicas graduado en la Universidad de Granada, España. Entre el 2006 y 2010, en la gestión del actual viceministro de Agricultura, Lorenzo R. Basso, desempeñó el cargo de secretario académico. Se especializa en investigaciones de bioquímica y biología molecular de los procesos de fotosíntesis.

–¿Cuál es el balance que puede hacer de la gestión de Basso y de su ex cargo como secretario académico?

–En la parte académica algo fundamental fue la modificación del plan de estudio de Agronomía, para el título de ingeniero agrónomo. Tradicionalmente era una carrera larga de 6 años, pero en el año 1999 se hizo una reforma, que redujo el número de materias y horas. Cuando comenzó la gestión de Basso había mucho descontento con este tema, por ello iniciamos un proceso de reforma curricular, el cual tuve que coordinar como secretario académico. En el 2008 modificamos el plan de estudio y fue casi histórico, porque se aprobó con unanimidad de todo el consejo directivo. Durante esta gestión del decano Rodolfo Golluscio se continuó mejorando esa estructura del plan de estudio, y recientemente se ha creado la figura del título intermedio de Bachiller Universitario en Agronomía, a los cuatro años y medio de carrera. Notábamos que muchos estudiantes no llegaban a finalizar la carrera al irse a trabajar al interior, y se les hacía muy cuesta arriba volver a rendir las últimas materias o presentar la tesis. Por eso pensamos que era justo reconocer la aprobación del tramo de formación agronómica básica, y esto ya se aprobó a nivel de consejo superior.

–Sobre la biotecnología y grupos ambientalistas, ¿hay alguna herramienta científica que termine con este conflicto?

–La biotecnología es muy importante. Así como algunas cosas son inevitables en la parte de salud médica, como cuando se descubrieron y comenzaron a implementarse los antibióticos y muchos se resistieron, acá pasa algo similar. Para el profesional de la agronomía, los agroquímicos son equivalentes a los medicamentos del médico. No se puede pensar una medicina sin medicamentos, y, por ello, tampoco se puede pensar una agronomía sin agroquímicos. Así como la homeopatía es una rama de la medicina, la agricultura orgánica es una rama de la misma agricultura, y por lo tanto también es válida. Lamentablemente no se puede aplicar a gran escala. Hay que ser cuidadoso con los transgénicos, pero no siendo prohibitivo y cerrando las puertas a lo que puede ser una oportunidad. Muchos grupos ambientalistas son sectores de presión que cumplen y cumplieron una función muy importante, porque hoy los mecanismos para registrar un evento transgénico son mucho más estrictos. Esto mejora la calidad, y sobre todo da seguridad sanitaria y social.

–¿Y qué puede hacer un investigador o un científico?

–Hoy en día se cuestionan los transgénicos no solamente por el gen en sí, también se discuten mucho por la relación que tienen estos productos de la biotecnología con los sistemas de producción. Entonces podemos, por ejemplo, decir que al glifosato se lo asocia con lo transgénico, pero el glifosato existió y se aplicaba antes de la aparición de lo transgénico. Como profesor de bioquímica no hay razón para pensar que un gen transgénico cause un mal en la salud, porque el ser humano se la pasa comiendo genes y ADN. Pero todos sabemos que en biología nunca nada es 100%, por eso el científico tiene la obligación de investigar y de avaluar un posible daño. El desafío de la agricultura en los tiempos que vienen es unir dos posturas, la biotecnológica por un lado, y el ambiente por el otro. Esas dos autopistas, que hoy en día parecen ir por distintos caminos, deben ir juntas y llevarnos a un futuro mejor. Nuestra Universidad busca converger esas vías que hoy parecen distantes.

–¿Cuáles son los alcances de la educación dentro del juego de los mercados, la producción y las políticas aplicadas en el sector?

–Una vez, tomándole examen a un alumno, le pregunté, a título introductorio, cuándo se siembra el trigo y cómo se desarrolla el cultivo. Quería que me respondiera que es una especie C3, de clima templado y que se cosecha aproximadamente en diciembre, cuando comienza el verano. Como no me respondió muy bien, insistí con otra pregunta: ¿Por qué no puedo sembrar trigo en diciembre? Me contestó: Porque después no se lo puedo vender a nadie. ¿Cuál es la moraleja? Los mercados y el tema económico están tan metidos en la mentalidad de las personas que muchas veces se hace difícil educar como corresponde. La Facultad de Agronomía forma ingenieros de todo el país y para todo el país; nosotros como profesores intentamos que estos temas se debatan dentro de la Facultad y tener cátedras donde se puedan ver todos los temas posibles, con las distintas posturas políticas que puedan llegar a existir. Intentamos favorecer la diversidad de opinión para llegar a la verdad. Muchas veces la solución o la coyuntura de los problemas está en los mercados, y otras veces no. Por ejemplo, ¿por qué se siembra más cebada? Algunos dirán porque se siembra antes y permite una soja de segunda, y otros sostienen que la demanda de las industrias cerveceras crece, y por eso este cultivo se vuelve un buen negocio. El desafío de la Facultad es poder dar una respuesta tecnológica para estos asuntos, y que los estudiantes piensen en ellas. La mayoría van a trabajar en el sector agrícola, y por ende la palabra negocio no debe entenderse como algo negativo.

–¿Qué rol cumple la educación respecto de los rindes y el buen manejo de los cultivos?

–Comparando el presente con hace 30 años, hoy las variables están más conectadas. En mi época existía una desconexión increíble entre lo que pasaba en el aula y el campo. La mayoría mientras estudiaba, se preocupaba muy poco por lo que pasaba en el campo. En aquel momento no había tanto trabajo como lo hay ahora. Hoy podemos hablar de casi el 100% de ocupación laboral de nuestros egresados en un período promedio de 6 meses. Tenemos una demanda de pasantías grandísima, tanto del sector privado como del público. En aquellos años era normal que los productores pensaran que un agrónomo cuando salía de la Facultad todavía no se había mimetizado con el campo, y por ende, lo tomaban como un riesgo o un desafío el invertir en alguien que posiblemente no les iba a servir. Hoy, por suerte, la sociedad reconoce en la Facultad, una institución en la cual se puede adquirir conocimiento general, específico y rentable. Convengamos que nosotros estamos formando técnicos para hacer rentables los negocios agropecuarios fundamentalmente. Obviamente que también los formamos para que sean agentes de cambio en el sector rural, ONG y sector público.

–¿Qué hicieron para achicar esa brecha entre la teoría y la práctica?

–Eso parte principalmente de los convenios. Tenemos una política muy activa de generarlos con las empresas privadas y los sectores públicos. En este momento contamos con proyectos de investigación que son cofinanciados entre el Estado y las empresas, y también entre el Ministerio de Ciencia y el Ministerio de Agricultura. También poseemos un programa de “Educación Continua”, destinado a los graduados, para que ellos tengan la oportunidad permanente de poder a venir a buscar conocimiento a la Facultad, sin necesidad de hacer un posgrado. Por ejemplo, ahora tenemos un convenio con el grupo AACREA, donde se generan instrumentos de capacitación junto con nuestra Facultad.

–¿Esto los acerca mucho al campo de acción?

–Tal cual. Los empresarios siempre en las reuniones nos preguntan, en qué pueden ayudarnos. Y nosotros les respondemos al revés, en qué podemos ayudarlos a ellos. Por lo general contestan que uno de los problemas principales que tienen es el tema de los recursos humanos. Contratan a una consultora que hace una previa selección y les proponen los candidatos. Las empresas después eligen y los forman a lo largo de casi dos años, pero por lo general se terminan yendo a otra empresa.Nuestra propuesta es: la Facultad hace la selección, forma al profesional y le entrega a la empresa buenos recursos humanos, según lo que necesiten. Lo que les pedimos a cambio a esas empresas es que le paguen la beca de formación y que costeen los gastos del estudio del profesional. Ojo, que esto no está sesgado a lo empresarial, sino que preparamos a los profesionales con un perfil más próximo de lo que puede llegar a hacer una consultora. La condición es que al becario lo educamos en todos los temas, no en uno específico de la empresa, sino con libertad. La formación es estrictamente científica, no para generar un producto para la empresa. Hay becarios del Ministerio de Agricultura y también de grandes empresas. Las maestrías son muy variadas y cada uno puede elegir la que mejor se adapte a sus necesidades.

Fuente: El Cronista Comercial / Viernes 31 de Mayo de 2013

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