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El día a día de la Ciencia

“La eugenesia trató de ejercer el control estatal de la población”

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Dos investigadores de CONICET buscan echar luz sobre la historia de esta corriente en nuestro país y el mundo.

Marisa Miranda y Gustavo Vallejo –ambos investigadores independientes del CONICET– indagan desde hace más de una década sobre los distintos aspectos de la recepción y los usos sociales de teorías biológicas para implementar estrategias de control y disciplinamiento de las sociedades modernas. Tras años de trabajo publicaron el libro Una historia de la eugenesia. Argentina y las redes biopolíticas internacionales (1912-1945).

Desde esta perspectiva, la biopolítica –ejercicio de poder que busca su legitimidad en supuestas razones biológicas– encierra un conjunto de expresiones que desde fines del siglo XIX comprenden la emergencia y la expansión internacional de la eugenesia, y llegan a nuestros días a través de distintas formas en las que la ciencia es invocada como principio de autoridad con el riesgo de reinstalar tradicionales determinismos.

“En buena medida, la eugenesia se constituyó en una respuesta a los miedos generados en las elites por la amenaza que significaba la política de la democracia para el mantenimiento de sus privilegios”, asegura Vallejo.

–¿Cómo pueden caracterizarse los distintos tipos de eugenesia y qué disciplinas científicas participaron en su implementación?

MM: La palabra eugenesia, acuñada por el inglés Francis Galton en 1883, proviene de dos términos griegos (eu; de buen; genes: linaje), lo que implica el estudio de los factores bajo control social que influyen en las cualidades de las futuras generaciones. Ahora bien, ese concepto se sostiene a partir de una inmanente jerarquización de cualidades y seres. Y aquí surge su necesaria vinculación con la ética.

GV: El redescubrimiento de las leyes de Mendel influyó en la consolidación de una línea de la eugenesia que concibió a la “herencia genética” como única vía de transmisión de caracteres indeseables. No obstante ello, existió otra línea eugénica, más frecuentemente expresada en países de ascendencia latina, que remarcaba la influencia del ambiente en los individuos y la potencialidad de que esa “huella” se transmitiera a sucesivas generaciones.

MM: Toda eugenesia consiste en controlar la reproducción realizando selecciones artificiales para mejorar un colectivo, generalmente llamado raza. Para la eugenesia geneticista ese procedimiento se realizaba esterilizando individuos indeseables. La eugenesia ambientalista detectaba igualmente indeseables aunque no existían intervenciones directas sobre sus cuerpos, sino impedimentos matrimoniales, reducción de derechos civiles y/o políticos y distintas medidas tendientes a la autocoacción.

–En ese contexto, ¿qué ciencias se vieron más involucradas con la eugenesia?

GV: La medicina, el derecho y, en general, todas las disciplinas normativas, tuvieron una presencia significativa: era necesario detectar a los ‘menos aptos’ –en esto la medicina resultaba fundamental– y, a partir de ahí diseñar diversas estrategias para apartarlos del proceso reproductivo –aquí el derecho cumplía su rol, especialmente en la eugenesia ambientalista–. La demografía precisaba los indicadores cuantitativos sobre los que la eugenesia se encargaba de operar introduciendo la variable cualitativa, es decir determinar quiénes eran aquellos que poseían mejores cualidades, ‘vidas dignas de ser vividas’.

MM: Por otra parte, la noción de población es un concepto que tiene una fuerte trascendencia desde comienzos del siglo XX para asociarse a la potencia de una nación. De ahí que la eugenesia trató de ejercer el control estatal como reaseguro de que podría disponerse de una fuerza de trabajo sana, disciplinada, y, eventualmente dispuesta a defender la patria cuando fuera necesario. Para eso, operaban mecanismos dirigidos hacia la reproducción, tanto como a la moralización de las costumbres.

–¿Hubo momentos históricos en que la eugenesia tomó mayor ‘popularidad’?

MM: Hasta hace poco tiempo era usual identificar a la eugenesia con la política del nazismo y, de esta manera, quedaba una idea de mal absoluto circunscripto a un período y lugar precisos. Sin embargo venimos estudiando cómo la eugenesia se expresó de maneras distintas, incluso con un significativo poder coercitivo –físico, psicológico o moral– a través de otros sistemas políticos. De hecho su origen, vinculado al ultraliberalismo victoriano, es bien ilustrativo del modo en que las formas de organización social hipercompetitivas necesitan de una instancia de validación que esté por encima del azar en la ‘lucha por la vida’ y asegure la supervivencia de las elites detentadoras del poder político, económico y social.

GV: En esta línea de pensamiento puede afirmarse así que no existe una única eugenesia ni una sola forma de mirarla historiográficamente. Por ejemplo, un excelente libro publicado por la Universidad de Oxford (The Oxford Handbook of the History of Eugenics), incurre en el lugar común de plantearse el abordaje de “la” eugenesia en el mundo, dejando de lado casos tan significativos como los que abordamos. Fundamentalmente, allí se insiste en remarcar una tradicional asociación establecida entre eugenesia y esterilización, tomando el ejemplo paradigmático del nazismo y, dentro de ese encuadre, no tiene lugar el tratamiento de la eugenesia tal como se corporizó en Argentina y otros países del cono sur americano.

MM: Aquí la presencia de la Iglesia en este tipo de eugenesia impuso el rechazo a la esterilización sin por eso abandonar las características coercitivas que se dirigieron hacia el control de la moral sexual en pos de la obtención de una herencia deseable. Y en este punto, la Argentina cultivó una eugenesia que estableció un maridaje entre los rasgos emanados del ultraliberalismo victoriano con un fuerte sesgo confesional. En resumidas cuentas, eugenesia no es igual a esterilización y el caso argentino pone particularmente de manifiesto que se pueden diseñar medidas coercitivas de oriente eugénico sin necesidad de plantear esterilizaciones masivas.

Formación

Marisa Miranda y Gustavo Vallejo son investigadores independientes del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas – Instituto Tecnológico de Chascomús (IIB-INTECH, CONICET-UNSAM), donde dirigen la Unidad de Ciencias Humanas. También se desempeñan como profesores de la UNSAM y de la UNLP, donde dirigen el Área de Estudios Culturales de la Ciencia del Instituto de Cultura Jurídica.

Marisa Miranda es Doctora en Ciencias Jurídicas por la UNLP, se graduó como Docente Universitario Autorizado en la misma universidad y como Especialista en Asesoramiento de la Empresa UNA. Fue Becaria CABBIO (Fiocruz, 1998) y MAE AECI (Madrid, 2003).

Gustavo Vallejo es Doctor en Historia por la UNLP. Fue becario en la misma casa de estudios, la Fundación Antorchas y el CONICET. Se desempeñó en el Departamento de Historia de la Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de España. Obtuvo diferentes distinciones como el Premio Barba, en 2010, otorgado por la Academia Nacional de Historia.

Fuente: CONICET / Viernes 12 de Julio de 2013

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