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El día a día de la Ciencia

Las netbooks en el aula

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En su edición 2013, el proyecto “Netbooks Uno a Uno” continuó con su propuesta de capacitar a los profesores secundarios en el uso de las computadoras en el aula y agregó el aporte de contenidos. A los temas de física y matemática se sumaron este año química y atmósfera. Desafíos, dificultades y la reflexión sobre las posibilidades que ofrece el voluntariado.

por Armando Doria

“Venir los sábados puede ser un plomo”, dice Silvina Ponce Dawson, profesora del Departamento de Física, “pero la gente igual se acercó con muchísimo interés”. Ponce Dawson es una de las coordinadoras del curso “Netbooks Uno a Uno”, que se llevó a cabo a través de la convocatoria de Voluntariado Universitario del Ministerio de Educación de la Nación, y que fue pensado para optimizar, en las aulas, el uso de las netbooks que viene distribuyendo el Ministerio a los alumnos secundarios de escuelas públicas en el marco de programa Conectar Igualdad. Ya son más de tres millones los equipos que están en manos de los chicos y sus docentes.

Los sábados no suele haber clases en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, por eso se convirtió en el día ideal para convocar a los profesores secundarios que, a su vez, también tienen día libre. El voluntariado implica que los docentes a cargo del curso donen su tiempo y conocimientos, lo mismo que los cerca de 20 alumnos de Exactas que prestaron su apoyo al proyecto. Lo “plomo” del asunto está, justamente, en lo complejo que puede resultar una actualización docente de carácter intensivo fuera de la grilla semanal, pero los deseos y demandas de muchos profes secundarios superaron el escollo. Cristina Caputto, también profesora del Departamento de Física, es otra de las coordinadoras de “Netbooks Uno a Uno” y explica que “muchos vinieron desde Chascomús, desde La Plata. Una pareja venía en moto desde Florencio Varela. Son docentes muy particulares los que deciden venir hasta acá todos los sábados a la mañana y quedarse hasta la tarde, es muy valorable”.

La historia de estos cursos comenzó hace un par de años, cuando Caputto y Dawson percibieron –a partir del comentario de otros colegas que trabajaban en proyectos con la Escuela Media– los temores e inseguridades de los docentes secundarios ante la posibilidad de utilizar las netbooks en el aula como herramienta de trabajo. El primero se dictó el año pasado y estuvo dirigido a los docentes de Física y Matemática, con el fin de capacitarlos en el uso del software asociado a esas disciplinas. En su versión 2013, fueron más allá. “Hasta ahora habíamos trabajado con Física y Matemática y había gente de Biología que colaboraba con temas de Química Biológica. Esta vez se incorporaron químicos y meteorólogos y no se trabajó sólo en el software que se puede usar en el aula”, cuenta Ponce Dawson. “Abarcamos muchos frentes. Por un lado, ayudar a los profesores con el uso de los programas y que ellos les pusieran el contenido. Pero fuimos más allá y aportamos también contenido”. Da como ejemplo el trabajo en el área de Química: “Se trabajó con experimentos de laboratorio. En particular, qué tipo de experiencia, con qué condiciones de repetibilidad o qué cosas podían ser cuantificables para poder usar la computadora en el registro y en la obtención de resultados. Fue más allá de aprender a usar un programa. También descubrimos algunos programas que no habíamos considerado inicialmente, como el GeoGebra, en matemáticas, que generó mucho interés”. Respecto de esa posibilidad de “descubrir”, Caputto aporta el dato de la adaptabilidad del curso: “En muchos casos se avanzó por los caminos que iban decidiendo los profesores secundarios; para saber qué se puede llevar al aula necesitamos el input de ellos. Fue importante ir conociendo sus posibilidades y limitaciones. Vemos que vienen con más bagaje y demandando otro tipo de ayuda, aunque todavía hay algunos que necesitan una ayuda básica de cómo usar la computadora y a ellos también hay que formarlos”.

El nuevo desafío

Ambas coordinadoras coinciden en que el miedo es un factor común en el abordaje de las herramientas informáticas en el aula y ese miedo apunta a lo más trivial: la destreza en el uso de los recursos tecnológicos por parte de los chicos y la posibilidad de perder control y autoridad. “Había profes con miedo de abrir las netbooks en el aula porque les parecía que los estudiantes sabían más que ellos”, afirman. Pero Dawson entiende que esa superioridad es falsa: “Los pibes conocen algunas herramientas que no son las que el profesor va a usar en el aula, además de no tener idea de los contenidos”. La estrategia del curso se basa, en parte, en la exploración de los programas y la posibilidad de entender su lógica. Eso ayuda a liberar de miedo a los profesores. Dawson aporta con su experiencia: “Muchas veces me preguntan cómo hacer tal cosa con un programa. Nosotros no somos especialistas en todo el paquete de software que puede usarse en el aula, entonces les digo que no tengo idea, que miremos los íconos a ver si nos ayudan, y eso relaja y quita el miedo. Después lo pueden repetir con sus alumnos”.

Cristina Caputto, entusiasmada con el proyecto, toma el reclamo de los profesores y lamenta no poder cumplirlo. “Una cosa que nos piden es que hagamos esto fuera de la Facultad, donde se puedan concentrar por zonas. Ante la pregunta de si es posible tomar una demanda más generalizada a través de un proyecto voluntario, Ponce Dawson sostiene que “esta capacitación debería darse en las mismas instituciones donde se forman los profesores, pero eso no ocurre, entonces me parece lógico que los universitarios nos involucremos. No para que siempre sea así, entiendo que estamos en un momento de transición. La Facultad se debe involucrar en favorecer ese cambio”. Y Caputto continúa la idea: “Qué mejor que nuestra Facultad para aportar en la mejora de la enseñanza de las ciencias a través de las nuevas tecnologías”.

El curso “Netbooks Uno a Uno” permite disparar la reflexión sobre las posibilidades institucionales ante la necesidad de capacitar a los docentes de Escuela Media, más allá de la acción voluntaria. Al respecto, el decano de Exactas UBA, Jorge Aliaga, entiende que “distribuir más de tres millones de netbooks en las escuelas es una decisión de tal magnitud que corresponde acompañarla con una política de Estado de igual magnitud en cuanto a la capacitación. Pensamos que esa política amerita articular la universidad con la escuela media a través de programas específicos”. El camino de la articulación en áreas educativas suele ser dificultoso por la diversidad de actores. Explica Aliaga: “Hay que coordinar con escuelas que pertenecen a distintas jurisdicciones, con institutos de profesorado, Conectar Igualdad, la univesidad. Es complejo pero posible y creo que tomar la opción política de hacerlo únicamente a través de voluntariado es erróneo; un programa voluntario es un programa que, si se hace, está muy bien, y si no se hace, esa falta no resulta perjudicial. Ahora, una vez que hay millones de estudiantes con netbooks en sus manos, uno tiene que pensar que sí o sí tiene que salir bien”. Como antecedente, la Facultad lanzó en 2008 un programa institucional de articulación con la Escuela Media llamado “Red de Escuelas”, que fue presentado al Ministerio de Educación pero no consiguió financiamiento. “Actualmente no hay financiamiento oficial para este tipo de proyectos y ahí está el limitante, porque la Facultad no puede hacer lo que se le ocurra sin tener financiamiento”, sostiene el decano. “En cambio, nosotros trabajamos en pos de las necesidades generando proyectos. En la medida en que al Estado le interese y asigne recursos, Exactas se suma”.

Anécdota para el cierre

Cada uno de los 48 profesores secundarios que terminaron el curso “Netbooks Uno a Uno” cerró su participación con un poster como trabajo final, donde presentó una propuesta de trabajo en el aula a partir de las herramientas exploradas durante la cursada. Los posters se exhibieron el patio central del Pabellón II de Exactas UBA en jueves 4 de julio pasado. Uno de los trabajos, sobre la estructura del ADN, fue elaborado en equipo por una docente de una escuela privada y otra de una escuela pública y el resumen decía “El proyecto es para dos escuelas con diferentes recursos, para 2º año de bachillerato”.

Nuestro prejuicio residual quizás indicaría que la escuela con menos recursos es la pública. Acá también se expresa un cambio de paradigma. El resumen continuaba: “La Prof. Volcovich en una escuela privada, donde los/as alumnos/as no tienen computadora en el aula, trabajará junto al Departamento de Informática. La Prof. Basualdo cuenta con alumnos con netbooks en el aula pero igual trabajará el tema como proyecto interdepartamental”. Hoy las aulas de las escuelas públicas cuentan con una herramienta de enorme potencial y accesible a todos los sectores sociales. Con la bola lanzada, ahora está en juego el buen uso de esa herramienta y, asociado a esto, su continuidad como proyecto permanente.”

Lo que dijeron los profes

Graciela Noemí Magaldi, de la Escuela Técnica 2 “San Ginés” de San Fernando, Provincia de Buenos Aires.

“Traté de hacer cursos virtuales sobre química pero no es lo mismo que hacer estos cursos intensivos y con la tutela de un docente. No es lo mismo trabajar en paralelo en un curso con gente que sabe más que vos. En este curso seguían mi ritmo y yo no demoraba a nadie y no me sentía tan relegada a la hora de tener que preguntar aun cosas simples. Sí reconozco que hubiera necesitado más tiempo para afianzar lo que aprendía cada clase antes de iniciar temas nuevos. He aplicado las experiencias realizadas en el curso con mis alumnos y me interesaría poder aplicarlo a más prácticas en el aula”.

Guillermo Raúl Igne, de la Escuela ESB2 de Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires.

“Por mucho tiempo se habló de la capacitación docente de calidad y siempre me pregunté por qué la UBA, una casa de estudio de excelencia, no se involucraba ideando proyectos para ello. Por eso celebro esta iniciativa que nos brinda, a los docentes de la escuela media, contenidos de nivel y, sobre todo, herramientas que nos permiten entrar al aula con ideas, conocimientos y propuestas distintas. Interactuar con docentes prestigiosos y alumnos en vías de serlo resultó una experiencia enriquecedora en el aspecto profesional y humano”.

Miguel Pena, del Liceo “Cornelio Saavedra” de la Ciudad de Buenos Aires.

“En cuanto a los programas que aprendimos a usar fue algo que estaba esperando desde que recibí la net. Viene cargada de programas que escasamente sabemos usar pero que tienen un potencial muy alto para su uso en el aula. Además, nos permitió conocer y descargar nuevos programas que permiten que los alumnos puedan ver los mismos temas de un modo diferente, un modo que ellos frecuentan y les resulta familiar”.

Fuente: El Cable Nro. 824

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