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El día a día de la Ciencia


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Colocan un corazón artificial portátil a un joven de 15 años

Los médicos Horacio Vogelfang y Gerardo Naiman fueron los responsables de la operación, primera en su tipo en América latina.

Son guerreros de la vida, que en lugar de espadas llevan bisturíes y logran que el corazón de un cuerpo empiece a latir en otro. Los doctores Horacio Vogelfang y Gerardo Naiman lideran el Servicio de Trasplante Cardíaco y Cirugía Vascular del Hospital de Pediatría Juan Garrahan. Son los médicos que cuidaron a Renzo Antonelli, el chico de 2 años y medio que conmovió a un país entero y que falleció el 2 de agosto, y también los responsables de un hito científico: el primer implante en América latina de un corazón artificial portátil a un adolescente de 15 años.

“Todos nuestros pacientes son muy chiquitos, con un peso casi siempre por debajo de los 25 kilos, lo cual hace que no puedan recibir órganos de donantes que pesen más del doble. Esto ya limita las posibilidades. Aparte, muchos chicos que fallecen tienen enfermedades que no les permiten ser donantes”, explicó Vogelfang, jefe del equipo de trasplantes.

“La espera promedio por un corazón es de cinco o seis meses. Al principio, cuando no existía en el Garrahan la opción del corazón artificial, la mitad de los chicos moría antes del trasplante. Era desesperante. Frente a esa situación, incorporamos el Berlín Heart, unas bombas que se colocan por fuera del cuerpo, conectadas a la circulación del paciente. Así, bajamos la mortalidad durante la espera el 20%”, celebró Naiman, subjefe del servicio. A estos artefactos los bautizaron “secarropas”, porque son máquinas grandes que los chicos arrastran por los pasillos del hospital. Son “puentes de vida”, que les permiten aguardar más de dos años un trasplante de corazón.

Existe una alternativa novedosa y menos invasiva que el Berlín: un corazón artificial portátil, lo cual permite que el paciente haga una vida “casi” normal. Por primera vez en América latina, Vogelfang y Naiman implantaron el dispositivo en un adolescente de 15 años. Se trata de un sistema de asistencia ventricular de flujo continuo que hace circular la sangre reemplazando la parte enferma del corazón. El artefacto se coloca dentro del tórax y el corazón, y de allí emergen unos cables que se conectan a baterías eléctricas que el paciente porta en una riñonera.

Todavía es imposible aplicarlo en niños, por su tamaño, pero los médicos estiman progresar en la experiencia y convertirlo en una opción para todos sus pacientes. “La enorme ventaja es que no dependen de estar conectados a una máquina y pueden estar fuera del hospital”, resaltó Naiman.

Los médicos llevan en la memoria un registro exacto: 39 trasplantados de corazón desde 2000, 92 chicos inscriptos en total y 15 en lista de espera.

También recuerdan a cada uno de sus pacientes y siguen en contacto con algunos. “La primera chica que trasplantamos ya tiene más de 21 años, trabaja, estudia, tiene novio y está muy linda”, contó Vogelfang.

Pioneros

  • Horacio Vogelfang y Gerardo Naiman lideran el equipo de trasplante de corazón del Hospital Garrahan.
  • Allí realizaron 39 trasplantes cardíacos y hoy tienen 15 chicos en lista de espera.
  • Fueron los médicos de Renzo Antonelli, el niño de 2 años y medio cuyo caso conmovió al país y que falleció tras una larga lucha.
  • Ahora implantaron un corazón artificial a un joven que padecía una miocardiopatía.

Fuente: Perfil / Domingo 18 de Agosto de 2013

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La fertilización asistida en escena

El objetivo es acercar la biotecnología a la comunidad y despejar dudas en torno de la aplicación del método ICSI. Se trata de una adaptación de la obra escrita por un científico austríaco. Es interpretada y dirigida por técnicos y bioquímicos.

Con la idea de acercar la biotecnología a la comunidad, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) estrenó una obra de teatro que busca explicar de forma sencilla y despejar las dudas en torno de la fertilización in vitro a través del método ICSI, una de las técnicas más utilizadas en el tratamiento de la infertilidad masculina. Se trata de una adaptación de un texto escrito por el científico austríaco Carl Djerassi, uno de los creadores de la píldora anticonceptiva. La obra está protagonizada por un técnico del INTI y una bioquímica, directora general de una pyme asociada al Centro de Biotecnología Industrial del organismo. “La obra fue pensada para que pueda verla el público en general y estudiantes secundarios y universitarios”, comentó a Página/12 Agata Baizán, bióloga molecular, quien se encargó de traducir y adaptar el guión original.

La obra se enmarca en el proyecto “teatro científico”, coordinado por el ex director y fundador del Centro de Biotecnología Industrial del INTI, Alberto Díaz, licenciado en química. Todo el equipo que trabaja en la obra, delante y detrás de escena, de una u otra forma está vinculado con el mundo científico. “Con el consentimiento del autor, el doctor Carl Djerassi, hicimos una adaptación de su obra ICSI. Esta obra es un juego de palabras pedagógico a dos voces. Está ideada para ser leída o actuada por dos personas, acompañada con la proyección de material audiovisual. En nuestra adaptación proponemos una versión abreviada para ser presentada y discutida con audiencias abiertas, y de esta manera acercar ICSI a nuestra comunidad”, contó Baizán. El ICSI es una de las técnicas que deben cubrir las obras sociales y las prepagas a partir de la reciente sanción de la ley de fertilización asistida.

Además de científico y coleccionista de arte, Djerassi es escritor y dramaturgo. La obra que adaptó el INTI forma parte de su libro Sexo en la era de la reproducción tecnológica, en el que aborda, entre otras temáticas, la Inyección de Esperma Intracitoplasmática, conocida por sus siglas en inglés como ICSI. Allí señala que la fecundación de un óvulo en una relación sexual normal requiere decenas de millones de espermatozoides. Djerassi destaca que la fertilización exitosa con un único espermatozoide es totalmente imposible, considerando que si un hombre eyacula incluso entre uno y tres millones de espermatozoides es funcionalmente infértil. Sin embargo, en 1992, Gianpiero Palermo, Hubert Joris Paul Devroey y André C. Van Steirteghem, de la Universidad de Bruselas, anunciaron en un artículo de la prestigiosa revista The Lancet (vol. 340, pp. 17-18) la fertilización exitosa de un óvulo humano con un único espermatozoide a través de la inyección directa bajo microscopio, seguida de reinserción del óvulo fertilizado dentro del útero de la mujer. Así se dio a conocer la técnica ICSI, a través de la cual han nacido en el mundo más de 500 mil bebés desde 1992, subraya Djerassi.

ICSI: Ciencia en el teatro es el nombre de la obra estrenada el miércoles en el auditorio del INTI. En el escenario, Eduardo Pizzini, técnico del área de Ingeniería y mantenimiento del Centro de Biotecnología Industrial, representa a uno de los inventores del ICSI, mientras que Hana Fleischmann, bióloga y directora general de Dhacam, empresa asociada a ese centro del INTI, asume el papel de la conductora de un ciclo televisivo llamado Disección. Ella lo acribilla a preguntas; él responde. Los problemas éticos que surgen de ICSI, como si se puede elegir el sexo del bebé, las posibilidades de que haya mellizos o trillizos y la efectividad de la técnica son algunos de los ejes que se abordan.

El próximo miércoles los actores se trasladarán al Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde representarán la obra en el marco de la materia Bioética de la Ciencia, que dicta la profesora Susana Sommer, autora de varios libros sobre las técnicas de fertilización asistida.

La obra original, señaló Baizán, fue probada ante varios miles de estudiantes de secundaria en Alemania y cientos de estudiantes universitarios en Estados Unidos. Dura unos 40 minutos y está previsto que después haya un espacio de intercambio con el público. “La obra, incluso, ha sido presentada también en Europa a audiencias profesionales en diversos congresos médicos con el mismo nivel de compromiso en las discusiones posteriores a la representación”, destacó Baizán.

Fuente: Página 12 / Viernes 23 de Agosto de 2013


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Las netbooks en el aula

En su edición 2013, el proyecto “Netbooks Uno a Uno” continuó con su propuesta de capacitar a los profesores secundarios en el uso de las computadoras en el aula y agregó el aporte de contenidos. A los temas de física y matemática se sumaron este año química y atmósfera. Desafíos, dificultades y la reflexión sobre las posibilidades que ofrece el voluntariado.

por Armando Doria

“Venir los sábados puede ser un plomo”, dice Silvina Ponce Dawson, profesora del Departamento de Física, “pero la gente igual se acercó con muchísimo interés”. Ponce Dawson es una de las coordinadoras del curso “Netbooks Uno a Uno”, que se llevó a cabo a través de la convocatoria de Voluntariado Universitario del Ministerio de Educación de la Nación, y que fue pensado para optimizar, en las aulas, el uso de las netbooks que viene distribuyendo el Ministerio a los alumnos secundarios de escuelas públicas en el marco de programa Conectar Igualdad. Ya son más de tres millones los equipos que están en manos de los chicos y sus docentes.

Los sábados no suele haber clases en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, por eso se convirtió en el día ideal para convocar a los profesores secundarios que, a su vez, también tienen día libre. El voluntariado implica que los docentes a cargo del curso donen su tiempo y conocimientos, lo mismo que los cerca de 20 alumnos de Exactas que prestaron su apoyo al proyecto. Lo “plomo” del asunto está, justamente, en lo complejo que puede resultar una actualización docente de carácter intensivo fuera de la grilla semanal, pero los deseos y demandas de muchos profes secundarios superaron el escollo. Cristina Caputto, también profesora del Departamento de Física, es otra de las coordinadoras de “Netbooks Uno a Uno” y explica que “muchos vinieron desde Chascomús, desde La Plata. Una pareja venía en moto desde Florencio Varela. Son docentes muy particulares los que deciden venir hasta acá todos los sábados a la mañana y quedarse hasta la tarde, es muy valorable”.

La historia de estos cursos comenzó hace un par de años, cuando Caputto y Dawson percibieron –a partir del comentario de otros colegas que trabajaban en proyectos con la Escuela Media– los temores e inseguridades de los docentes secundarios ante la posibilidad de utilizar las netbooks en el aula como herramienta de trabajo. El primero se dictó el año pasado y estuvo dirigido a los docentes de Física y Matemática, con el fin de capacitarlos en el uso del software asociado a esas disciplinas. En su versión 2013, fueron más allá. “Hasta ahora habíamos trabajado con Física y Matemática y había gente de Biología que colaboraba con temas de Química Biológica. Esta vez se incorporaron químicos y meteorólogos y no se trabajó sólo en el software que se puede usar en el aula”, cuenta Ponce Dawson. “Abarcamos muchos frentes. Por un lado, ayudar a los profesores con el uso de los programas y que ellos les pusieran el contenido. Pero fuimos más allá y aportamos también contenido”. Da como ejemplo el trabajo en el área de Química: “Se trabajó con experimentos de laboratorio. En particular, qué tipo de experiencia, con qué condiciones de repetibilidad o qué cosas podían ser cuantificables para poder usar la computadora en el registro y en la obtención de resultados. Fue más allá de aprender a usar un programa. También descubrimos algunos programas que no habíamos considerado inicialmente, como el GeoGebra, en matemáticas, que generó mucho interés”. Respecto de esa posibilidad de “descubrir”, Caputto aporta el dato de la adaptabilidad del curso: “En muchos casos se avanzó por los caminos que iban decidiendo los profesores secundarios; para saber qué se puede llevar al aula necesitamos el input de ellos. Fue importante ir conociendo sus posibilidades y limitaciones. Vemos que vienen con más bagaje y demandando otro tipo de ayuda, aunque todavía hay algunos que necesitan una ayuda básica de cómo usar la computadora y a ellos también hay que formarlos”.

El nuevo desafío

Ambas coordinadoras coinciden en que el miedo es un factor común en el abordaje de las herramientas informáticas en el aula y ese miedo apunta a lo más trivial: la destreza en el uso de los recursos tecnológicos por parte de los chicos y la posibilidad de perder control y autoridad. “Había profes con miedo de abrir las netbooks en el aula porque les parecía que los estudiantes sabían más que ellos”, afirman. Pero Dawson entiende que esa superioridad es falsa: “Los pibes conocen algunas herramientas que no son las que el profesor va a usar en el aula, además de no tener idea de los contenidos”. La estrategia del curso se basa, en parte, en la exploración de los programas y la posibilidad de entender su lógica. Eso ayuda a liberar de miedo a los profesores. Dawson aporta con su experiencia: “Muchas veces me preguntan cómo hacer tal cosa con un programa. Nosotros no somos especialistas en todo el paquete de software que puede usarse en el aula, entonces les digo que no tengo idea, que miremos los íconos a ver si nos ayudan, y eso relaja y quita el miedo. Después lo pueden repetir con sus alumnos”.

Cristina Caputto, entusiasmada con el proyecto, toma el reclamo de los profesores y lamenta no poder cumplirlo. “Una cosa que nos piden es que hagamos esto fuera de la Facultad, donde se puedan concentrar por zonas. Ante la pregunta de si es posible tomar una demanda más generalizada a través de un proyecto voluntario, Ponce Dawson sostiene que “esta capacitación debería darse en las mismas instituciones donde se forman los profesores, pero eso no ocurre, entonces me parece lógico que los universitarios nos involucremos. No para que siempre sea así, entiendo que estamos en un momento de transición. La Facultad se debe involucrar en favorecer ese cambio”. Y Caputto continúa la idea: “Qué mejor que nuestra Facultad para aportar en la mejora de la enseñanza de las ciencias a través de las nuevas tecnologías”.

El curso “Netbooks Uno a Uno” permite disparar la reflexión sobre las posibilidades institucionales ante la necesidad de capacitar a los docentes de Escuela Media, más allá de la acción voluntaria. Al respecto, el decano de Exactas UBA, Jorge Aliaga, entiende que “distribuir más de tres millones de netbooks en las escuelas es una decisión de tal magnitud que corresponde acompañarla con una política de Estado de igual magnitud en cuanto a la capacitación. Pensamos que esa política amerita articular la universidad con la escuela media a través de programas específicos”. El camino de la articulación en áreas educativas suele ser dificultoso por la diversidad de actores. Explica Aliaga: “Hay que coordinar con escuelas que pertenecen a distintas jurisdicciones, con institutos de profesorado, Conectar Igualdad, la univesidad. Es complejo pero posible y creo que tomar la opción política de hacerlo únicamente a través de voluntariado es erróneo; un programa voluntario es un programa que, si se hace, está muy bien, y si no se hace, esa falta no resulta perjudicial. Ahora, una vez que hay millones de estudiantes con netbooks en sus manos, uno tiene que pensar que sí o sí tiene que salir bien”. Como antecedente, la Facultad lanzó en 2008 un programa institucional de articulación con la Escuela Media llamado “Red de Escuelas”, que fue presentado al Ministerio de Educación pero no consiguió financiamiento. “Actualmente no hay financiamiento oficial para este tipo de proyectos y ahí está el limitante, porque la Facultad no puede hacer lo que se le ocurra sin tener financiamiento”, sostiene el decano. “En cambio, nosotros trabajamos en pos de las necesidades generando proyectos. En la medida en que al Estado le interese y asigne recursos, Exactas se suma”.

Anécdota para el cierre

Cada uno de los 48 profesores secundarios que terminaron el curso “Netbooks Uno a Uno” cerró su participación con un poster como trabajo final, donde presentó una propuesta de trabajo en el aula a partir de las herramientas exploradas durante la cursada. Los posters se exhibieron el patio central del Pabellón II de Exactas UBA en jueves 4 de julio pasado. Uno de los trabajos, sobre la estructura del ADN, fue elaborado en equipo por una docente de una escuela privada y otra de una escuela pública y el resumen decía “El proyecto es para dos escuelas con diferentes recursos, para 2º año de bachillerato”.

Nuestro prejuicio residual quizás indicaría que la escuela con menos recursos es la pública. Acá también se expresa un cambio de paradigma. El resumen continuaba: “La Prof. Volcovich en una escuela privada, donde los/as alumnos/as no tienen computadora en el aula, trabajará junto al Departamento de Informática. La Prof. Basualdo cuenta con alumnos con netbooks en el aula pero igual trabajará el tema como proyecto interdepartamental”. Hoy las aulas de las escuelas públicas cuentan con una herramienta de enorme potencial y accesible a todos los sectores sociales. Con la bola lanzada, ahora está en juego el buen uso de esa herramienta y, asociado a esto, su continuidad como proyecto permanente.”

Lo que dijeron los profes

Graciela Noemí Magaldi, de la Escuela Técnica 2 “San Ginés” de San Fernando, Provincia de Buenos Aires.

“Traté de hacer cursos virtuales sobre química pero no es lo mismo que hacer estos cursos intensivos y con la tutela de un docente. No es lo mismo trabajar en paralelo en un curso con gente que sabe más que vos. En este curso seguían mi ritmo y yo no demoraba a nadie y no me sentía tan relegada a la hora de tener que preguntar aun cosas simples. Sí reconozco que hubiera necesitado más tiempo para afianzar lo que aprendía cada clase antes de iniciar temas nuevos. He aplicado las experiencias realizadas en el curso con mis alumnos y me interesaría poder aplicarlo a más prácticas en el aula”.

Guillermo Raúl Igne, de la Escuela ESB2 de Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires.

“Por mucho tiempo se habló de la capacitación docente de calidad y siempre me pregunté por qué la UBA, una casa de estudio de excelencia, no se involucraba ideando proyectos para ello. Por eso celebro esta iniciativa que nos brinda, a los docentes de la escuela media, contenidos de nivel y, sobre todo, herramientas que nos permiten entrar al aula con ideas, conocimientos y propuestas distintas. Interactuar con docentes prestigiosos y alumnos en vías de serlo resultó una experiencia enriquecedora en el aspecto profesional y humano”.

Miguel Pena, del Liceo “Cornelio Saavedra” de la Ciudad de Buenos Aires.

“En cuanto a los programas que aprendimos a usar fue algo que estaba esperando desde que recibí la net. Viene cargada de programas que escasamente sabemos usar pero que tienen un potencial muy alto para su uso en el aula. Además, nos permitió conocer y descargar nuevos programas que permiten que los alumnos puedan ver los mismos temas de un modo diferente, un modo que ellos frecuentan y les resulta familiar”.

Fuente: El Cable Nro. 824


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Una invitación a explorar y disfrutar de la naturaleza en familia

A través de talleres, juegos, salas y visitas guiadas los más chicos juegan a ser científicos por un día mientras aprenden sobre biodiversidad y el patrimonio biológico del país. Una propuesta recreativa y educativa para toda la familia durante todo el año.

El Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN) abre a diario sus puertas para que el público pueda disfrutar de sus salas, exposiciones y comparta diversas charlas y experiencias con sus investigadores. Ofrece una amplia variedad de actividades para todas las edades e invita a grandes y chicos a visitarlo y explorar disfrutando de la naturaleza.

Esta institución del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con más de doscientos años de historia, cuenta con numerosas y diversas salas de exhibición, como las tradicionales de Mamíferos Actuales, Osteología de Mamíferos, Herpetología, Aves, Artrópodos, Peces y Paleontología, y salas nuevas como la de El Museo-200 años de historia y la de Mamíferos Africanos.

Las Visitas Guiadas están organizadas por sala, con temáticas específicas de acuerdo con la colección que se esté presentando. El objetivo es mostrar, en forma didáctica y divertida, toda la riqueza biológica del país y su importancia.

Una interesante propuesta destinada a niños de todas las edades, con participación del grupo familiar, es “Explorando los mares prehistóricos”. Se trata de una actividad que incluye diferentes juegos y desafíos, que los niños resolverán con participación del entorno familiar o acompañantes.

“El cielo dentro del Museo”, el planetario del MACN, constituye un momento de encuentro para toda la familia y una posibilidad interesante para aprender sobre el universo. A partir de simulaciones, proyecciones y animaciones, los participantes podrán vivir una experiencia digital y observar la luna y sus fases, el cielo, los diferentes tipos de cuerpos celestes, lluvia de estrellas fugaces, galaxias, meteoritos y los planetas del Sistema Solar.

A lo largo del año también se realizan diversas proyecciones audiovisuales, ciclos de charlas y muestras fotográficas que dan la posibilidad a grandes y chicos de conocer más y hacer volar la imaginación.

Para grupos escolares el Museo cuenta con el armado y diagramación de actividades acordes a cada nivel educativo, en días y horarios específicos. Los niños y adolescentes, junto a sus docentes, podrán recorrer diferentes salas de exhibición, visitar el planetario o asistir al auditorio audiovisual para sorprenderse con videos sobre dinosaurios y especies marinas, todo esto acompañados de guías del Museo que irán explicando cada uno de los lugares y cosas que vayan viendo.

Otra opción para los grupos es participar de talleres, como “El Gabinete del Paleontólogo, siguiendo las huellas de los dinosaurios”, el cual ofrece la posibilidad de recrear el quehacer cotidiano de los científicos en un yacimiento simulado.

El MACN impulsa a diario al público de todas las edades a investigar, aprender y gozar de la naturaleza, con la misión de fomentar en toda la sociedad el interés por la ciencia y el desarrollo de una conciencia ambiental.

Para más información, puede ingresar a www.macn.gov.ar

Fuente: CONICET / Martes 13 de Agosto de 2013


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El reloj que redefinirá el segundo

Los relojes atómicos han transformado la manera en que medimos el tiempo: proveen la medición más precisa conocida hasta ahora. Pero la carrera internacional de los científicos por crear relojes aún más exactos y estables continúa y en los últimos meses varios equipos han presentado un modelo alternativo que podría ser más eficaz para “definir” qué es un segundo.

Se trata del reloj atómico de entramado óptico (en inglés optical lattice): una nueva generación de relojes atómicos que aumenta la capacidad de los guardianes del tiempo actuales.

Desde los años 60 se han usado relojes atómicos para definir qué es un segundo en el Sistema Internacional de Unidades (SI units en inglés). Estos relojes tuvieron además un gran impacto para la ciencia y la tecnología, permitieron innovaciones somo el sistema de posicionamiento global (GPS) y contribuyeron al avance de las comunicaciones a distancia.

Ahora, una nueva generación de relojes atómicos podría dar lugar a otra revolución en las aplicaciones que tienen que ver con la medición del tiempo, como la geodesia relativista o los experimentos de física que indagan en lo profundo de las leyes del universo.

A un nivel más cercano, medir el tiempo con precisión es crucial para la sincronización de redes a distancia, la utilización de navegación satelital y hasta el funcionamiento de los mercados de valores.

Ultraprecisión

En los relojes atómicos la medición del tiempo no está ligada a un fenómeno astronómico sino que es determinada por un fenómeno físico menos variable.

De la misma forma que en los antiguos relojes de pared el balanceo de un péndulo servía para medir los intervalos de tiempo, en los relojes atómicos lo que define cuánto es un segundo es la vibración regular de los átomos de cesio.

En los relojes atómicos actuales se exponen los átomos de cesio a una radiación de ondas electromagnéticas para hacerlos oscilar.

En los nuevos relojes de entramado óptico esa radiación se hace con una luz de láser, que tiene una frecuencia superior a la de las ondas electromagnéticas que se usaban hasta ahora.

Las pruebas realizadas por distintos equipos de investigadores sugieren que este nuevo método logra una medición del tiempo más precisa y más estable.

Por ejemplo, el reloj atómico del Laboratorio Nacional de Física del Reino Unido (NPL, por sus siglas en inglés), que en 2011 fue considerado el más preciso del mundo, puede ganar o perder un segundo cada 138 millones de años.

Los de entramado óptico se consideran hasta 3 veces más precisos que los actuales.

Dos condiciones: precisión y estabilidad

Un grupo de investigadores franceses acaba de publicar su propuesta de reloj de entramado óptico en la revista especializada Nature Communications.

Según sus experimentos, con el nuevo método sólo se pierde un segundo cada 300 millones de años.

“En nuestros relojes usamos rayos láser. Los rayos láser oscilan mucho más rápido que una radiación de ondas electromagnéticas y en cierto modo dividimos el tiempo en intervalos mucho más pequeños para poder medir el tiempo con una mayor precisión”, le dijo a la BBC el doctor Jerome Lodewyck, del Observatorio de París.

Además de comparar el nuevo reloj de entramado óptico con un reloj atómico actual, los investigadores franceses compararon dos relojes de entramado óptico entre sí. Y hallaron que se mantuvieron en sincronía y que también eran muy estables.

Según Lodewyck es importante medir tanto la precisión como la estabilidad.

“Por ejemplo, si tienes un reloj de pulsera que un día atrasa un segundo pero otro día adelanta un segundo, entonces tu reloj no es estable. Pero aún así podría tener una buena precisión si después de un millón de días marca la hora correcta”, explicó.

Pero a finales de mayo, otro equipo de investigadores presentó en Estados Unidos un par de relojes de entramado óptico que describieron como los más precisos jamás construidos.

Según Andrew Ludlow, del National Institute of Standards and Technology de Boulder, en Colorado, los dos medidores del tiempo tienen una precisión sin precendentes.

Entretanto, ya está en camino otro guardián del tiempo ultrapreciso: un reloj de un ión.

La propuesta, de un grupo de científicos estadounidenses publicada el año pasado en la revista Physical Review Letters, dice que este reloj es hasta 100 veces más preciso que los mejores relojes atómicos actuales.

Según sus creadores sólo pierde un segundo cada varios miles de millones de años.

Pero como la medición se basa en un único ión todavía no se considera lo suficientemente estable como para se adoptado para uso general.

¿Cuál es la hora exacta?

  • El TAI, o Tiempo Atómico Internacional, es un estándar atómico de alta precisión
  • Se calcula con una red de más de 300 relojes en 50 países de todo el mundo
  • Los datos se envían por satélite y se promedian en el Bureau Internacional de Pesos y Medidas (BIPM), con sede en París
  • Pero el “tictac” de cualquiera de ellos puede perder precisión, así que el BIPM corrige el promedio utilizando seis “estándares de frecuencia primaria” en Europa, EE.UU. y Japón
  • Ese resultado corregido, el “Tiempo Atómico Internacional”, se compara cada tanto con las mediciones astronómicas del tiempo
  • Ocasionalmente se agrega o se quita un segundo para corregir cualquier discrepancia

Fuente: BBC Mundo / Miércoles 10 de Julio de 2013


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La ley de reproducción asistida fue promulgada

El Poder Ejecutivo sancionó la Ley de acceso a los procedimientos de reproducción asistida, cuya autoridad de aplicación será el Ministerio de Salud, en cuyo ámbito funcionará el registro en el que se deben inscribir los centros médicos habilitados. Las obras sociales deben incorporan la prestación.

El Poder Ejecutivo promulgó de hecho la Ley 26.862 de acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción médicamente asistida, sancionada por el Congreso Nacional el 5 de junio último.

La  norma entiende por reproducción médicamente asistida a los procedimientos realizados con asistencia médica para la consecución de un embarazo. En ella quedan comprendidas las técnicas de baja y alta complejidad, con donación o no de gametos y/o embriones, en tanto que otras nuevas que se desarrollen mediante avances científicos deberán ser autorizadas por la autoridad de aplicación, que será el Ministerio de Salud de la Nación.

En el ámbito de ese organismo se creará un registro único en el que deberán estar inscriptos todos los establecimientos sanitarios habilitados para implementar tales procedimientos, incluidos aquellos donde funcionen bancos receptores de gametos y/o embriones.

Por su parte, la cartera de Salud deberá arbitrar las medidas necesarias para asegurar el derecho al acceso igualitario de todos los beneficiarios a las prácticas normadas, incluyendo la publicación de la lista de centros de referencia públicos y privados habilitados en todo el territorio nacional y propiciando la formación y capacitación continua de recursos humanos especializados en la materia.

La norma establece que tiene derecho a acceder a los procedimientos y técnicas de reproducción médicamente asistida, toda persona mayor de edad que, de plena conformidad con lo previsto en la Ley 26.529 (de derechos del paciente en su relación con los profesionales e instituciones de la salud), haya explicitado su consentimiento informado, el que será revocable hasta antes de producirse la implantación del embrión en la mujer.

El sector público de salud, las obras sociales enmarcadas en las leyes 23.660 y 23.661, la Obra Social del Poder Judicial de la Nación, la Dirección de Ayuda Social para el Personal del Congreso de la Nación, las entidades de medicina prepaga y las entidades que brinden atención al personal de las universidades, así como también todos aquellos agentes que brinden servicios médico-asistenciales a sus afiliados independientemente de la figura jurídica que posean, incorporarán como prestaciones obligatorias y a brindar a sus afiliados o beneficiarios, la cobertura integral e interdisciplinaria del abordaje, el diagnóstico, los medicamentos y las terapias de apoyo y los procedimientos y las técnicas que la Organización Mundial de la Salud define como de reproducción médicamente asistida.

Los procedimientos incluidos son: la inducción de ovulación; la estimulación ovárica controlada; el desencadenamiento de la ovulación; las técnicas de reproducción asistida (TRA); y la inseminación intrauterina, intracervical o intravaginal, con gametos del cónyuge, pareja conviviente o no, o de un donante, según los criterios que establezca la autoridad de aplicación.

Quedan incluidos en el Programa Médico Obligatorio (PMO) estos procedimientos, así como los de diagnóstico, medicamentos y terapias de apoyo, con los criterios y modalidades de cobertura que establezca el Ministerio de Salud, el cual no podrá introducir requisitos o limitaciones que impliquen la exclusión debido a la orientación sexual o el estado civil de los destinatarios.

También quedan comprendidos los servicios de guarda de gametos o tejidos reproductivos, según la mejor tecnología disponible y habilitada a tal fin por la autoridad de aplicación, para aquellas personas, incluso menores de dieciocho (18) años que, aun no queriendo llevar adelante la inmediata consecución de un embarazo, por problemas de salud o por tratamientos médicos o intervenciones quirúrgicas puedan ver comprometidas su capacidad de procrear en el futuro.

A los fines de garantizar el cumplimiento de los objetivos de la esta ley, la cartera de Salud de la Nación deberá proveer anualmente la correspondiente asignación presupuestaria.

Fuente: Argentina.gob.ar / Miércoles 26 de Junio de 2013


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Una tendencia que crece: ciencia en la ficción

Área 23 es una serie de Tecnópolis TV que relata el trabajo y la vida cotidiana de los integrantes de un laboratorio argentino de alta complejidad. Luis Cappozzo, biólogo de Exactas, se acercó como colaborador científico y terminó como coprotagonista del programa. En esta charla, describe el camino que lo llevó hasta la pantalla chica y analiza las ventajas de la ficción para comunicar contenidos científicos.

por Gabriel Rocca

A los siete u ocho años mi padre me llevó de visita al Museo de Ciencias Naturales de La Plata y me regaló un cangrejo en un frasquito y dos libritos de divulgación científica. Ahí arrancó todo”, recuerda Luis Cappozzo para señalar el momento en que nació su irrefrenable vocación por la biología.

Esa misma vocación lo acercó primero, a los 18 años, al Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN), “para colaborar en lo que me dejaran”. Y después a Exactas, donde se doctoró en 1994. Actualmente, es investigador del CONICET y en su laboratorio en el MACN realizan trabajos relacionados con la ecología marina.

Al mismo tiempo que avanzaba en su carrera de investigador, también crecía en Cappozzo la necesidad de contar lo que sabía. Esa nueva inquietud la fue canalizando primero en el propio Museo y luego participando en diferentes programas de televisión. Hasta que, finalmente, en 2011 llegó la oportunidad de Área 23.

–¿Para ocupar qué lugar te convocaron?

–Primero para desarrollar los contenidos. Lo novedoso era que se trataba de una ficción lo que implicaba un desafío muy grande. También me pidieron que asesorara al departamento de arte, para que el laboratorio resultara creíble, y en el casting de los actores, para lo cual me dijeron que hiciera algunas pruebas de cámara. Yo lo tomé como un juego. Para mi sorpresa, cuando faltaba muy poquito para comenzar el rodaje, me ofrecieron ser el coprotagonista de la serie. Lo pensé cinco minutos y acepté. Recién tomé conciencia de lo que había hecho el primer día de rodaje, maquillado, con Carolina Peleritti enfrente de mí.

–¿Cuál es el objetivo de la serie?

–Exponer cómo funciona la ciencia. Mostrar que el científico no es ese señor de guardapolvo blanco que habla difícil y que subestima lo que ocurre de la ventana para afuera. Afirmar que la ciencia produce cosas que modifican y mejoran la vida de las personas. La idea también es convocar a aquellos jóvenes que tengan vocación para la ciencia porque la ciencia requiere de más recursos humanos. Otro objetivo del programa es mostrar que la ciencia puede darle un mayor valor agregado al sistema productivo. Por otro lado, en la ficción, queríamos reflejar lo que ocurre en la vida real de un laboratorio, los problemas cotidianos, los conflictos interpersonales, envidias, odios, peleas. Porque queremos mostrar que el científico es también un ser humano.

–¿Con qué criterio eligieron los temas a tratar en cada episodio?

–Se eligieron temas en los cuales claramente haya una aplicación directa de un desarrollo científico tecnológico en alguna cuestión vinculada con el día a día de la gente. Desde diagnosticar una rara enfermedad genética, establecer la identidad de un niño, hasta averiguar el origen de una enfermedad mortal en el conurbano bonaerense. Todas cuestiones que ponen el conocimiento de los científicos argentinos al servicio de la sociedad.

–¿Qué posibilidades diferentes da la ficción como vía de comunicación de contenidos científicos respecto de un documental tradicional?

–Yo creo que es mucho más efectiva porque, cuando el televidente se sienta a ver una ficción, se relaja, y los contenidos científicos están inmersos en la trama. Ahí, lo importante, más que el contenido científico, que es la cuestión puntual que ocurre en cada caso planteado en Área 23, es que el televidente, además de entusiasmarse con la ficción, pueda ver cómo funciona el pensamiento científico. Si vos haces una columna sobre ciencia hablás sobre hechos puntuales. En una ficción es mucho más fácil mostrar cómo funciona ese pensamiento científico crítico. Actualmente, algunas de las series más vista en Estados Unidos tienen vinculación directa con la ciencia, como CSI, Bones, Lie to me, Dr. House.

–¿Qué devolución tuviste de parte de la comunidad científica?

–Yo hice un experimento que fue proyectar el capítulo uno en la fiesta de fin de año del Museo de Ciencias Naturales. El reconocimiento más fuerte de los colegas me llegó de un científico de 65 años que se me acercó y me dijo: “¿Quién es el que hace de jefe de laboratorio?”. Le digo: “Eduardo Iacono, un actor”. “No, no –me responde-, ese señor fue compañero mío en la Facultad”. Y me nombraba las materias que había cursado con él. No me podía creer. Ese fue el mejor termómetro para saber que la serie estaba bien lograda.

No se la pierdan

Protagonizada por Carolina Peleritti, Área 23 cuenta la historia de una científica experta en biología molecular que regresa al país luego de vivir 10 años en el exterior. Eugenia vuelve para incorporarse al grupo de trabajo de una unidad de alta complejidad que se dedica a resolver problemas en temas tan diversos como biología molecular, salud pública y ecología. Su vida y su relación con los demás integrantes del laboratorio se verá revolucionada cuando, inesperadamente, deba hacerse cargo del instituto.

La serie, que transmite Tecnópolis TV, se puede ver por Televisión Digital Abierta o por la web (www.tectv.gob.ar). La primera temporada consta de 10 capítulos de ficción y otros 4 más ligados a la divulgación científica. “La idea es poder realizar una segunda temporada”, se entusiasma Cappozzo.

Fuente: Noticias Exactas / Jueves 16 de Mayo de 2013