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El día a día de la Ciencia


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Avanza creación de Observatorio Nacional de Producción Forrajera

Un consorcio de investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), el INTA y AACREA puso a disposición de los productores información sobre la productividad forrajera de diferentes regiones del país. Se trata de datos recopilados en los últimos 50 años y otros tomados con satélites en la última década que están disponibles de manera online y gratuita en produccionforrajes.org.ar.

Ese material permite conocer la producción forrajera de ciertos ambientes y recursos, comparar resultados actuales con campañas pasadas, implementar sistemas de alarma y hacer prospecciones para mejorar el manejo de los pastizales y pasturas.

Se trata de un proyecto impulsado por el Ministerio de Agricultura de la Nación y financiado por el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), por las instituciones participantes y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que también apunta a brindar información útil para decisores políticos.

La prueba piloto, parte de la tesis doctoral de Martín Durante, de INTA Concepción del Uruguay, se llevó a cabo en el partido bonaerense de General La Madrid: “Allí encontramos que para un momento crítico del año para la ganadería, como es el inicio de la primavera, una buena parte de la productividad se podía predecir a partir de lo que había pasado durante el otoño”, explicó.

Fuente: Télam / Lunes 12 de Agosto de 2013

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“El correcto aprovechamiento de algunos atributos de los cultivos puede ayudar a mejorar la seguridad alimentaria”

El ganador del premio Bunge y Born 2013 explica cómo conocer la ecofisiología de ciertos granos permite mejorar su rendimiento y calidad.

por Lucila Espósito

Antonio Hall, investigador superior del CONICET (R), es actualmente uno de los científicos argentinos más destacados por sus contribuciones al entendimiento de la ecofisiología del girasol, el maíz, el trigo, la quinoa y el olivo.

La ecofisiología vegetal es una disciplina que estudia el funcionamiento de los cultivos y comunidades vegetales de interés agropecuario y forestal en relación con la productividad, con énfasis en los procesos que determinan el crecimiento, el rendimiento y la calidad y su relación con el ambiente. Su objetivo es, a partir del conocimiento científico, mejorar cuanti y cualitativamente la producción, su eficiencia y sustentabilidad. Además, busca contribuir al mejoramiento genético de los cultivos y al desarrollo de modelos de simulación de los cultivos.

Hall es ingeniero agrónomo, doctor en Ciencias Biológicas, profesor emérito de Fisiología Vegetal en la Universidad de Buenos Aires, y fue director del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET – UBA).

Este año Hall recibió el premio Bunge y Born 2013, dedicado a la agronomía, por sus investigaciones pioneras en el cultivo de girasol, la construcción de modelos de simulación agronómicos y el mejoramiento de su tolerancia al estrés.

–Dentro de la ecofisiología vegetal de cultivos, ¿en qué área de trabajo se enmarcan sus investigaciones?

Junto con mis estudiantes y colegas trabajamos en una serie de aspectos de la ecofisiología del girasol y, en menor grado, del maíz, el trigo, la quinoa y el olivo. Hicimos estudios para conocer cómo los factores ambientales –como radiación, temperatura, y las ofertas de agua y de nitrógeno– y su interacción con el estado de desarrollo de los cultivos impactan sobre la determinación de los componentes del rendimiento, es decir el número y peso unitario de los granos.

En el caso del girasol y, más recientemente, del olivo, también focalizamos algunos estudios en los efectos de la temperatura y la radiación sobre la calidad de los órganos de cosecha, medida en contenido de aceite y composición de ácidos grasos en el aceite.

–¿Qué aplicación tienen estas investigaciones?

Una parte de los resultados de estos fueron incorporados en un modelo de simulación, pionero para el cultivo de girasol. Los modelos de simulación de cultivos son una herramienta poderosa para “mapear” las interacciones entre factores ambientales y de manejo, propias de cada agroecosistema. Permiten vislumbrar, sobre bases científicas sólidas, los condicionantes del rendimiento más importantes en cada caso. Ello resulta fundamental a la hora de jerarquizar investigaciones experimentales de detalle.

–¿Qué encontraron respecto del cultivo de girasol?

Los resultados de los estudios fueron utilizados para informar la selección de híbridos mejorados de girasol para adecuar su adaptación a diferentes ambientes y para informar la construcción del modelo de simulación para el cultivo. Si se lograra identificar marcadores moleculares efectivos para el ajuste osmótico –atributo importante en la determinación de la tolerancia a la sequía y que ha sido objeto de algunas de nuestras investigaciones– ello podría resultar efectivo para mitigar la pérdida de rendimiento en maíz y en girasol cultivado en secano. Estos marcadores nos permitirían avanzar en la incorporación, durante el proceso de mejoramiento, de este atributo en materiales de buena calidad agronómica (capacidad de rendimiento, calidad de grano, resistencia a enfermedades, etc.) y mejorando así el rendimiento de estos cultivos en condiciones de secano.

–Su trabajo se relaciona con la respuesta y adaptación al estrés abiótico. ¿Qué importancia tienen estas interacciones en materia de seguridad alimentaria?

–Cuando decimos seguridad alimentaria global estamos pensando en el desafío que significa, en los próximos 40 años, agregar dos mil millones de seres humanos a la población del planeta más la eliminación de la subnutrición en mil millones más de seres humanos, para no mencionar los cambios en las expectativas de calidad de alimento y el consumo de biocombustibles. La búsqueda y el correcto aprovechamiento de algunos atributos de los cultivos puede ayudar a mejorar la seguridad alimentaria, pero también es importante evaluar la existencia de brechas entre los rendimientos alcanzables y aquellos que efectivamente se logran. Cuando dichas brechas exceden niveles razonables, hay que identificar las causas de las mismas, lo que conlleva volcar los fondos de investigación necesarias para alcanzar ese objetivo.

–¿Qué aproximaciones puede hacer desde su área de trabajo?

–Tal como hemos enfatizado en un trabajo reciente, realizado con un colega australiano, las perspectivas de lograr, dentro de las próximas cuatro décadas críticas para la seguridad alimentaria del planeta, saltos cuánticos en el rendimiento de los cultivos no son optimistas, sea bajo riego o en secano. En este contexto, y en el mundo, hay una diferencia muy importante entre lo prometido, lo soñado y lo logrado, y es importante ser realista. Los estudios efectuados con colegas y estudiantes acerca de las respuestas al estrés hídrico del maíz, el girasol o el trigo constituyen un ejemplo del puñado de estudios realistas en todo el mundo cuyo valor ha sido demostrado en condiciones de cultivo.

–¿Qué posibilidades hay de mejorar esta situación?

–Cobra importancia especial focalizar atributos demostradamente efectivos en mejorar el rendimiento bajo secano, por lo menos para algunos agroecosistemas en particular. Cada uno de los poquísimos atributos, demostradamente efectivos a nivel cultivo en mitigar la pérdida de rendimiento bajo sequía, puede contribuir algo a mejorar la situación.

A través de este tipo de trabajo, es esperable que en algunos agroecosistemas de producción bajo secano se pueda conseguir algún avance, sobre todo si la labor está bien enmarcada en un contexto que liga todos los eslabones de la producción, incluyendo estudios de base, mejoramiento de cultivos, manejo agronómico ajustado a las realidades de cada agroecosistema y, por supuesto, un suficiente atractivo para el productor.

–¿En qué situación se encuentra la Argentina?

–Trabajos realizados con estudiantes y colegas muestran que en Argentina existe una brecha de rendimientos alcanzables/alcanzados en girasol excesivamente alto y que una alta proporción de los cultivos de esta especie rinden menos de lo que podrían rendir con el agua que tienen disponible. Hay que abordar, con urgencia, la solución de este contrasentido que, muy probablemente, se repita en otros cultivos de grano.

–Según sus trabajos, ¿cómo se puede optimizar el uso de agua para irrigación?

–Es probable que algunos de nuestros resultados puedan informar diseños de programas de riego restringido, lo que reduce el total de agua de riego aplicada. Pero vale la pena tener presente que la vasta mayoría de los cultivos de granos en Argentina se hacen bajo secano, y esa situación ha sido el foco de nuestros trabajos.

Formación

Antonio Hall se graduó como Ingeniero Agrónomo en la UBA, y es Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Macquarie.

Es profesor emérito de Fisiología Vegetal en la Universidad de Buenos Aires, ex–Director del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA), ex–Investigador Superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), y ex-Director de la Escuela para Graduados de la Facultad de Agronomía (UBA).

Actualmente, es miembro de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria y co-editor en Jefe para Sudamérica y el Cercano Oriente de Field Crops Research.

Fuente: CONICET / Viernes 9 de Agosto de 2013


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Cortar por lo sano para controlar las polillas

Las orugas cortadoras afectan al girasol, al maíz y a la soja, lo que genera importantes pérdidas. La solución está en los monitoreos tempranos y constantes. Recomendaciones técnicas y alternativas de control de plagas del INTA Pergamino, Buenos Aires.

Durante la noche y en plena oscuridad, las orugas cortadoras afectan al girasol, maíz y soja, lo que provoca importantes pérdidas. De acuerdo con Pedro Leiva, técnico del grupo de entomología del INTA Pergamino –Buenos Aires–, resulta “primordial” un monitoreo temprano y constante de la plaga.

“Anticiparse al problema, es posible”, aseguró el técnico. Para ello, resulta “fundamental” realizar un monitoreo previo a la siembra mediante trampas de luz y estar atentos a la advertencia temprana de los servicios de alerta.

De acuerdo con el especialista, “el monitoreo permite predecir los daños y, en consecuencia, reducir la urgencia de los tratamientos y contar con la disponibilidad de equipos”.

Las orugas cortadoras se encuentran a nivel del suelo y habitan las malezas del barbecho. Así, atacan el cultivo recién emergido y cortan las plántulas a la altura del cuello de la raíz o por debajo, “lo que elimina la posibilidad de supervivencia del mismo”, explicó Leiva.

“Estas larvas se caracterizan por tener hábitos nocturnos y por la voracidad y rapidez con que se alimentan”, indicó el técnico quien aseguró que como el hábitat de las orugas ofrece mucho refugio, “es de vital importancia la calidad de la aplicación”.

Para asegurar esto, recomendó “realizar pulverizaciones nocturnas a base de piretroides para que coincidan con una larva expuesta, con muchas gotas pequeñas y un caldo concentrado”.

Luego del control de malezas y previo a la siembra, el productor debe monitorear las larvas en el lote con cebos. “Su efecto es lento y disminuye con la presencia de lluvias, por lo que hay que anticiparlo a la siembra para asegurar el tiempo suficiente para un control efectivo”.

Si el productor no realizó ningún tipo de monitoreo previo, aún tiene una posibilidad de manejo: el tratamiento post emergencia. De acuerdo al grado de infestación e intensidad de los daños, podrá optar entre un cebo sólido o una aspersión líquida convencional.

En todos los casos y a fin de proteger la salud y el ambiente, el técnico destacó la importancia de solicitar el asesoramiento de especialistas del INTA en materia de buenas prácticas en la aplicación de agroquímicos.

Quién es quién

De acuerdo con Leiva, es importante identificar las especies cortadoras predominantes para predecir el momento de ocurrencia de ataques y su intensidad.

“Si bien son fáciles de detectar en el estado adulto y en trampas, cada una –según su especie– tiene sus propios hábitos y características”, indicó el especialista. Para simplificar la tarea, recomendó usar como guía el libro del INTA que contiene fotos y una ficha técnica de las cinco especies existentes.

Se trata de polillas grandes de 42 milímetros de envergadura con un primer par de alas oscuras y un segundo claro. Las hembras son siempre más grandes que los machos. Esta plaga se caracteriza por vuelos nocturnos y son intensamente atraídos por la luz.

Fuente: INTA informa / Jueves 8 de Agosto de 2013


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El Yacón, recuperación comunitaria de un cultivo andino

Los productores de la comunidad de Chorrillos-Bárcena al sur de la Quebrada de Humahuaca, han desarrollado una agroindustria en base a la recuperación y revalorización del Yacón, un cultivo andino tradicional de usos múltiples.

Para recuperar el cultivo de Yacón los agricultores de Chorillos-Bárcena rescataron las tecnologías agrícolas tradicionales que eran econonómicamente sustentables y amigables con el ambiente.

Rescate y revalorización de un cultivo andino

Durante mucho tiempo el cultivo y venta en fresco del yacón había sido una fuente de prosperidad para los pobladores de Chorrillos-Bárcena. La estación Bárcena del ferrocarril Belgrano era uno de sus mercados principales. Con el cierre del tren en la década del ‘90, la tradicional actividad se desmoronó y la comunidad Chorrillos-Bárcena sufrió las consecuencias de la desocupación y empobreciendo de la zona.

A comienzos del año 2000, se descubrió que en Bárcena existían 5 productores que aún conservaban un pequeño número de plantas. Con este pequeño pero gran aporte fue posible iniciar un proceso de recuperación del cultivo, y a través de él, una revalorización de la identidad local.

Con el apoyo de la Fundación para la Conservación de las Especies (FUCEMA) que se dedica a la conservación de la biodiversidad de los cultivos andinos, la comunidad de Chorrillos-Bárcena puso en marcha el proyecto de recuperación del yacón. Esta iniciativa recibió financiamiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, a través del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (COFECyT), para que la actividad recuperara la productividad perdida.

El proceso de recuperación se basó en dos ejes principales. Por un lado, se creó un Centro de Desarrollo de Tecnologías Productivas en la comunidad para potenciar la recuperación productiva desarrollando opciones de agregado de valor a los productos y para afrontar los desafíos que impone el mercado. Por otro lado, se fundó un Centro de Formación en Prácticas de Transformación que se propuso actuar como diseminador de prácticas y conocimientos entre los agricultores locales.

Con esta organización fue posible que la comunidad de Chorrillos-Bárcena generara innovaciones tecnológicas y desarrolló productos derivados del yacón mediante procesos participativos. Además, desarrollaron tecnologías y prácticas sencillas que fueron fácilmente apropiables por la comunidad.

De esta manera, la iniciativa destacó las capacidades de organización, distribución de roles y gestión participativa y acompañó los logros obtenidos con un espacio de capacitación, reflexión y motivación entre los productores.

Además, la iniciativa fue diseñada para fomentar la transferencia de conocimientos a la comunidad Chorrillos-Bárcena y, a la vez, para que sea una experiencia que pueda ser replicada en otras comunidades.

Un cultivo con múltiples beneficios

El yacón (Smallanthus sonchifolius, según su denominación técnica) es una planta que produce raíces comestibles de aspecto similar a la batata. Su pulpa de color amarillo anaranjada se presenta de sabor dulce, suave y rica en agua. Puede consumirse como fruta, mermeladas, caramelos y té.

Su gran valor nutricional se asocia a la presencia de fructooligosacáridos, tipos especiales de azúcares que no elevan el nivel de glucemia en sangre. Entre sus ventajas se destacan:

  • Previenen las caries, ya que no pueden ser metabolizadas por las bacterias que se desarrollan en los dientes.
  • Aportan menos calorías que los azúcares comunes como la sacarosa.
  • No pasan a la sangre, por lo tanto no modifican la concentración de glucosa en sangre, lo cual es bueno para los diabéticos.
  • Mejoran la asimilación de calcio.
  • Disminuyen el nivel de triglicéridos y colesterol.
  • Fortalecen las defensas.
  • Previenen las infecciones gastrointestinales.
  • Reducen el riesgo de desarrollar algún tipo de cáncer como el de colon.

Su producción e investigación se han incrementado últimamente en distintos lugares del mundo, por su potencial alimentario y comercial en diversos mercados: frutas y verduras, productos naturales, medicinales, regionales y/o exóticos.

Sus tecnologías de producción no son complejas; se puede cultivar en pequeña escala, sin agroquímicos, asociado a otros cultivos y componentes forestales, y es posible aprovechar tanto sus raíces, hojas e incluso el tallo.

Fuente: Mincyt / Lunes 8 de Julio de 2013


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El equilibrio entre ser productivo y sustentable

El establecimiento “La Aurora” en Benito Juárez –Buenos Aires– aplicó el sistema de producción agroecológico: disminuyó el uso de insumos sintéticos y energía, bajó costos y estabilizó los rendimientos.

Mitos sobre la agroecología, abundan. Uno de ellos sostiene que es imposible ser productivo y, al mismo tiempo, sustentable. Los resultados obtenidos en el establecimiento “La Aurora” en Benito Juárez –Buenos Aires–, demuestran lo contrario. Tras 14 años de un manejo agroecológico se disminuyó el uso de insumos sintéticos y de energía no renovable, se bajaron los costos y se estabilizó la producción de carne y granos.

Rodolfo Tula, extensionista del INTA Benito Juárez, destacó la importancia de encontrar el “justo equilibrio” entre la productividad y el cuidado de la naturaleza. “Una producción agroecológica entiende de tiempos biológicos y los fortalece para producir sanamente y, al mismo tiempo, busca la rentabilidad. Pensamos en un sistema equilibrado y estable ante la variabilidad natural de los eventos climáticos, plagas y enfermedades”.

Asesorado por el INTA y especialistas privados, Juan Kiehr –propietario de “La Aurora”–, aplica desde hace 14 años los conceptos de la agroecología en un sistema mixto de ciclo completo a fin de disminuir el uso de productos sintéticos y energía, aumentar la fertilidad de los suelos, fijar carbono y nitrógeno, e incrementar la biodiversidad y la productividad.

“Quiero dejarle a mis nietos un campo sano y transmitirles el respeto por la naturaleza”, aseguró Kiehr, un productor con descendencia danesa que se reconoce “entusiasmado y convencido de que la preservación del suelo es el mejor camino”.

De acuerdo con el dueño de “La Aurora”, “todos las actividades agropecuarias interfieren, en mayor o menor medida, en el ambiente” pero lo importante es “causar el menor daño posible” y destacó la importancia de “evitar el uso de insumos sintéticos”.

Así, se fortaleció la rotación en las 605 hectáreas que componen al establecimiento –asociando cultivos invernales y estivales con leguminosas–, lo que, a su vez, aumentó la fijación de nitrógeno y carbono y, esto, permitió el aporte de rastrojos para mejorar el contenido de materia orgánica del suelo.

Para Kiehr la receta es simple: “Siembro trigo y trébol rojo durante dos o tres años luego, roto con sorgo y más tarde vuelvo con el trigo y pasturas. De vez en cuando, cultivo avena y cebada que me proveen de granos para mi campo”.

A fin de compensar la falta de fósforo y el balance de nutrientes, incorpora expeller de trigo a la alimentación de sus más de 600 animales, lo que elimina el uso de fertilizantes y de energías no renovables.

“Esta visión implica un esfuerzo mayor en el que se debe tener en cuenta las múltiples variables de la naturaleza pero, resulta necesario y terminante para avanzar en el desafío de poner en valor la biodiversidad”, explicó Tula.

Un modelo que mutó

Durante décadas, el modelo productivo de la región Pampeana se caracterizó por la alternancia entre agricultura y ganadería. Así, los ciclos agrícolas –extractivos y exportadores de nutrientes– se sucedían con ciclos ganaderos pastoriles que restituían al suelo buena parte de la materia orgánica y nitrogenada.

Esto cambió de la mano de la lógica mercantilista y cortoplacista predominante de los últimos años. Así lo aseguró Santiago Sarandón, referente en la materia de la Universidad Nacional de La Plata, en su informe.

Tula fue más allá y aseguró que “el actual modelo productivo presenta signos de agotamiento y dependencia” al que se le suman costos ocultos entre los que destacó la degradación de las tierras, contaminación de las aguas, la expulsión de los productores del campo y la pérdida de la soberanía alimentaria y económica.

De acuerdo con Sarandón, “hay una marcada agriculturización en la región y se eliminó la alternancia entre ambas producciones con un fuerte incremento de las fertilizaciones. Y con ello, se provocó la desestabilización del sistema con el consecuente daño a los recursos naturales de la zona”, explicó Sarandón.

Para Tula, el caso de “La Aurora” es un claro ejemplo de que “hay alternativas de producción” en los que los nutrientes se reciclan continuamente y mantienen los suelos sanos y fértiles. “Hay que repensar al ambiente como un todo complejo y autocontenido en el que interactúan muchos factores y no se producen desperdicios”, aseguró.

Un concepto, cientos de beneficios

Para la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), el desarrollo sostenible es el manejo –y no explotación– de los recursos naturales y enfatiza en la necesidad de la solidaridad hacia las actuales y futuras generaciones.

En línea con esta idea, surge la agroecología. Una disciplina científica basada en la aplicación de los principios de la ecología al diseño, desarrollo y gestión de sistemas agrícolas sostenibles que promueve la conservación de los recursos naturales elementales para la obtención de alimentos: suelo, agua y biodiversidad.

Este concepto surgió a fin de contrarrestar las múltiples consecuencias sobre el ambiente causadas por la agricultura convencional tales como el deterioro a la cubierta vegetal, la erosión y salinidad de los suelos, la pérdida de diversidad agrícola y genética, y la resistencia constante de plagas y enfermedades.

Fuente: INTA informa / Viernes 2 de Agosto de 2013


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Porcinos: eficiencia y rentabilidad a corto plazo

Con 70% de aumento en el consumo interno durante la última década, es una de las actividades ganaderas más rentables. Puede generar un saldo exportable de 160 millones de dólares. Su potencial podrá conocerse en Fericerdo 2013.

Para Jorge Brunori, médico veterinario del INTA, la decisión de producir cerdos ya implica transformar el grano y agregarle valor en origen: “Un sistema eficiente, pequeño, de 50 madres, utiliza y transforma cerca de 20 hectáreas de maíz y otras tantas de soja en carne. Luego se agrega valor al capón tanto al vender su carne fresca como elaborada”.

La Argentina tiene los costos de producción más bajos de mundo, ya que posee granos en origen a un bajo costo, siendo el costo de alimentación el más importante en el sistema productivo, lo cual se traduce en rentabilidad. De acuerdo con Brunori, es fundamental “seguir informando sobre las propiedades nutritivas de la carne de cerdo y adecuar el precio en la góndola para fomentar e incrementar el consumo interno de esta excelente carne siendo una de las más consumidas a nivel mundial pero que en nuestro país es un sustituto de los cortes vacunos”.

De hecho, el consumo de carne de cerdo en la Argentina alcanzó 8,55 kg por habitante el año pasado, es decir, un 70% más que hace diez años. Además, el país exportó casi 7.000 toneladas de productos porcinos, lo que representa un aumento del 30% con respecto al año anterior.

Las estimaciones del grupo porcino de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA en Marcos Juárez indican que, para 2020, el consumo interno pasará de 8 a 14 kilos por persona por año, lo que permitiría aumentar la faena de cerdos a más de 8 millones de cabezas y la producción de cerdos a más de 700 mil toneladas. Entre las estimaciones institucionales se espera que, para ese mismo año, la cadena porcina aumente su producción un 126%, lo cual resultará en la generación de 23.000 puestos de trabajos directos y un saldo de exportación de unos 160 millones de dólares.

En esta misma línea, de acuerdo con el documento del proyecto INTA Precop Evolución del sistema productivo agropecuario argentino – mayor valor agregado en origen, en la cadena porcina hay actualmente unos 45.000 puestos de trabajo directos e indirectos: en el eslabón primario son 23.066, más 17.385 del eslabón industrial; en el medio se suman 457 empleos del sector transporte y comercialización, más los 4.091 empleos indirectos.

En esta línea, Brunori destacó el nuevo escenario de la actividad y la oportunidad que se plantea para el futuro. Esta temática será parte esencial de la decima edición de Fericerdo 2013, que se realizará en la estación experimental del INTA en Marcos Juárez –Córdoba– el 22 y 23 de agosto.

Con entrada libre y gratuita, esta muestra integra todos los eslabones de la cadena porcina nacional y permite que los participantes se actualicen, capaciten y estén en contacto con empresas, organizaciones, proveedores, técnicos y especialistas del sector. El INTA Marcos Juárez es la unidad referente del instituto en la temática, con más de 40 años de investigación y transferencia de tecnología en todo el país, con énfasis en los sistemas productivos de pequeña y mediana escala.

Un sector con muchas posibilidades

Hoy, la producción porcina nacional –centrada en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires– está en un momento de oportunidades. De acuerdo con Brunori, el sector porcino experimentará un “crecimiento significativo” en los próximos años, de la mano del consumo interno y las exportaciones.

La Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAAP), en un documento sobre evolución de precios, estimó que la base alimenticia en cerdos del país se centraliza en el consumo de maíz y soja, los cuales representan entre el 75% y el 90% de la ración.

A pesar de que la Argentina sólo produce el 0,32% de la carne de cerdo del mundo y participa con el 0,09% del comercio mundial, el país cuenta con una “gran capacidad de producir materia prima, lo que lo ubica entre los países con menores costos de producción, a lo que se le suma el excelente status sanitario lo que incrementa las potencialidades del país en la cadena de la carne porcinas”, afirmó Brunori.

Fuente: INTA informa / Miércoles 24 de Julio de 2013


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“Somos el segundo país más tecnificado del mundo”

Lo afirmó el vicepresidente del INTA, Francisco Anglesio, quien inauguró el 12° Curso de Agricultura de Precisión. Anunció, además, que el próximo congreso de valor agregado en origen será en Tecnópolis, el 24 y 25 de noviembre.

Con 75 empresas del sector y 85 disertantes argentinos y extranjeros, el 17 de julio pasado comenzó la decimosegunda edición del Curso Internacional de Agricultura de Precisión, organizado por el INTA Manfredi –Córdoba–. Se trata del evento más grande en esa temática a nivel mundial, que convocó a más de 15.000 personas en los años anteriores.

Durante la apertura, el vicepresidente del INTA, Francisco Anglesio, expresó que “somos el segundo país más tecnificado del mundo y esto nos sitúa en un lugar preponderante”. En esa línea, el funcionario afirmó que el parque industrial argentino experimentó una “evolución sorprendente en la última década, especialmente en lugares como Oncativo, Las Parejas, Armstrong y Marcos Juárez, donde hoy el sector de maquinaria agrícola y agropartes genera más de 85.000 puestos de trabajo directos e indirectos”. En el año 2002, ese mismo sector era responsable de 35.000 empleos.

“El 80 por ciento de esos puestos de trabajo”, señaló Anglesio, “está radicado en el interior productivo, lo cual impacta positivamente en el desarrollo de los territorios y permite que la gente se quede en sus pueblos”.

Por otra parte, el vicepresidente del INTA destacó que el impulso del sector también puede observarse en los niveles de exportaciones: “Hemos pasado de exportar 10,3 millones de dólares en 2002 a estar hoy por encima de los 280 millones a más de 30 países. La maquinaria argentina con el know how del INTA nos permite seguir exportando y creciendo”.

Anglesio también destacó el rol recuperado por el instituto y el aumento presupuestario registrado en los últimos años, al tiempo que identificó “nuevos desafíos que tenemos por delante y que están ligados con la agricultura de precisión y el agregado de valor en origen, en suma, la nueva industrialización del campo”.

Al respecto, aprovechó la oportunidad para anunciar oficialmente la realización del segundo Congreso de Valor Agregado en Origen, con el lema “Integración asociativa del campo a la góndola”, que el INTA organizará el 24 y 25 de septiembre en la megamuestra Tecnópolis.

“Es un hito muy importante y también es un premio para nuestra gente que este congreso se haga allí, porque es una gran tribuna”, indicó Anglesio, quien además explicó: “Tenemos el desafío de acompañar a los intendentes y decirles que el INTA está a su disposición”.

De acuerdo con Mario Bragachini, coordinador del proyecto Agricultura de Precisión y Máquinas Precisas del INTA y principal referente del encuentro, “la tecnología siempre ha superado al conocimiento de la aplicación y ese es el sentido de este curso, que ha ido creciendo en calidad de contenido, en cantidad de empresas, en adopción y porque existe demanda de capacitación, de máquinas y por el interés de los fabricantes”.

El técnico expresó que en la Argentina hay unas 8 millones de hectáreas que ya utilizan tecnología de precisión y en las que, por ejemplo, 9.000 monitores de rendimiento actualmente en uso permiten mapear el 60% del área cosechada en el país.

“La agricultura de precisión tiene hoy un rol estratégico y es necesario aplicar nuevas tecnologías y conceptos de producción holística, producir más con los mismos recursos naturales de manera integrada y transformar la agricultura de precisión en una herramienta práctica que beneficie la competitividad de las cadenas agroalimentarias, con sustentabilidad económica, social y ambiental”, dijo Bragachini.

Asimismo, el especialista del INTA Manfredi llamó la atención sobre la emergencia de un nuevo público que está generando cambios en los modos de producción y que tendrá mayor demanda de nuevas tecnologías: “Los nativos digitales son el cambio generacional y eso facilita la adopción de tecnología. Los fabricantes ya diseñan sus productos pensando en esa mente, de quienes hoy tienen entre 20 y 30 años”.

Fuente: INTA informa / Miércoles 17 de Julio de 2013