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El día a día de la Ciencia


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2001-2010, un decenio de fenómenos climáticos extremos

En todo el mundo se produjeron fenómenos climáticos extremos de gran impacto y sin precedentes durante el decenio de 2001-2010, el decenio más cálido jamás registrado desde que se empezaron a realizar mediciones en la época moderna hacia 1850, al que siguió un largo período de calentamiento mundial acentuado. Se batieron más récords de temperatura a nivel nacional que en ningún otro decenio anterior, según un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

En el informe titulado: El estado del clima mundial 2001-2010. Un decenio de fenómenos climáticos extremos, se analizaron las temperaturas y precipitaciones mundiales y regionales así como los fenómenos extremos como las olas de calor que se produjeron en Europa y Rusia, el huracán Katrina en Estados Unidos de América, el ciclón tropical Nargis en Myanmar, las sequías en la cuenca del Amazonas, Australia y África oriental y las inundaciones en Pakistán.

El decenio de 2001-2010 fue el más caluroso en ambos hemisferios y respecto de las temperaturas de la superficie de la tierra y del océano. El calor récord estuvo acompañado por una rápida disminución del hielo marino del Ártico y una aceleración de la pérdida de la masa neta de las capas de hielo de la Antártida y Groenlandia y de los glaciares del mundo. Como resultado de este derretimiento generalizado y de la expansión termal del agua del mar, la media mundial del nivel del mar aumentó unos 3 mm por año, aproximadamente el doble de la tendencia observada durante el siglo XX, de 1,6 mm por año. El nivel medio del mar a nivel mundial es unos 20 cm más alto que en 1880, según el informe.

En el informe de la OMM se determinó que se había producido un aumento de la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero. La concentración atmosférica media mundial de dióxido de carbono alcanzó 389 partes por millón en 2010 (un aumento del 39% desde el inicio de la era preindustrial en 1750), el metano llegó a 1 808,0 partes por mil millones (158%) y el óxido nitroso a 323,2 partes por mil millones (20%).

“Un decenio es el plazo mínimo posible para realizar una evaluación significativa del cambio climático,” dijo el Secretario General de la OMM, Michel Jarraud. “En el informe de la OMM se muestra que el calentamiento mundial fue significativo entre 1971 y 2010 y que la tasa decenal de aumento registrada entre 1991 y 2000 y 2001 y 2010 no tenía precedentes. El aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero que atrapan el calor están cambiando nuestro clima, lo que tiene importantes repercusiones sobre nuestro medio ambiente y nuestros océanos, que están absorbiendo tanto dióxido de carbono como calor.”

“La variabilidad natural del clima, causada en parte por las interacciones entre la atmósfera y los océanos, como han puesto de manifiesto los episodios de El Niño y La Niña, se traduce en que unos años son más fríos que otros. Si se examina con carácter anual se observará que la curva de la temperatura mundial no es gradual. A largo plazo la tendencia subyacente es claramente al alza, más aún en los últimos tiempos” afirmó el señor Jarraud.

Entre 2001 y 2010 no se registró ningún fenómeno de El Niño importante, que normalmente se traduce en temperaturas más altas (como ocurrió en el entonces año cálido récord de 1998). Durante gran parte del decenio prevalecieron los episodios de enfriamiento de La Niña y las condiciones neutras, excepto en 2009/2010 en que se produjo un episodio de El Niño de intensidad moderada a fuerte.

En el informe de 100 páginas y su correspondiente resumen ejecutivo se incorporan los resultados de una encuesta única dirigida a 139 Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y los análisis y datos socioeconómicos de varios organismos y asociados de las Naciones Unidas, publicados con ocasión de la celebración de la primera reunión de la Junta Intergubernamental sobre los Servicios Climáticos. La Junta se encarga de la supervisión del Marco Mundial para los Servicios Climáticos, una iniciativa internacional destinada a mejorar y a ampliar la información climática basada en datos científicos para ayudar a la sociedad a hacer frente a la variabilidad natural del clima y del cambio climático antropogénico.

“Una perspectiva decenal permite evaluar las tendencias del cambio climático y anticipar el futuro. Asimismo puede informar de las iniciativas que se prevé poner en marcha para desarrollar servicios climáticos operativos que proporcionen información y previsiones para la adopción de decisiones en las esferas de la agricultura, la salud, los riesgos de desastre, los recursos hídricos y otros sectores. Esas iniciativas se coordinarán a través del Marco Mundial para los Servicios Climáticos, dirigido por la OMM,” señaló el señor Jarraud.

“Los servicios climáticos son más necesarios que nunca para ayudarnos a hacer frente a los cambios mundiales de nuestro clima, que se ven acentuados a escala regional y nacional. A pesar de haberse registrado una reducción importante de las víctimas mortales provocadas por las graves tormentas e inundaciones, en el informe de la OMM se destacan las repercusiones alarmantes sobre la salud y las tasas de mortalidad a causa de las olas de calor producidas en Europa y Rusia. Habida cuenta de que se prevé que el cambio climático ocasione olas de calor más frecuentes e intensas, es necesario que estemos preparados,” añadió el señor Jarraud.

Temperaturas: se estima que la temperatura anual mundial en la superficie de la tierra y del océano durante el decenio de 2001-2010 fue de 14,47 °C, es decir, 0,47 °C por encima de la media mundial respecto del período comprendido entre 1961 y 1990 y +0,21 por encima de la media mundial registrada entre 1991 y 2000 (con un factor de incertidumbre de ± 0,1 °C).

La tasa de aumento decenal de la temperatura mundial se aceleró entre 1971 y 2010. Se estima que durante ese período la temperatura mundial aumentó a un promedio de 0,17 ºC por decenio, mientras que la tendencia durante el período comprendido entre 1880 y 2010 fue de solo 0,062 ºC por decenio. Además, el aumento de 0,21 ºC de la temperatura media decenal entre 2001 y 2010 fue mayor que el aumento observado durante el decenio de 1991-2000, que a su vez registró un aumento de +0,14 ºC con respecto al período comprendido entre 1981 y 1990.

Todos los años del decenio, salvo 2008, se contaron entre los 10 años más cálidos de los que se tiene registro. El año más cálido jamás registrado fue 2010, con una anomalía de temperatura media estimada en 0,54 ºC por encima del promedio a largo plazo de 14,0 ºC del período de referencia de 1961-1990, seguido muy de cerca por 2005.

En la mayor parte del mundo se observaron temperaturas superiores a lo normal durante el decenio de 2001-2010, lo que se puso especialmente de relieve en las latitudes altas del hemisferio norte. Groenlandia registró la mayor anomalía de temperatura decenal, de +1,71 ºC por encima de la media a largo plazo y una temperatura en 2010 de +3,2 °C por encima de la media. África registró condiciones más cálidas de lo normal en cada uno de los años del decenio.

Los resultados obtenidos de la encuesta de la OMM indicaron que aproximadamente el 94% de los países que participaron en dicha encuesta registraron su decenio más cálido entre 2001 y 2010 y ningún país registró un promedio de la anomalía de temperatura decenal nacional más frío que el promedio registrado a largo plazo.

Un 44% de los países que participaron en la encuesta señalaron que habían batido récords de temperaturas cálidas a nivel nacional durante el decenio de 2001-2010, frente al 24% registrado en el decenio de 1991-2000. Los récords absolutos de temperatura mínima diaria más fría mostraron características opuestas: en 1961-1970 aproximadamente el 32% de los países registraron valores de temperaturas mínimas más bajas a nivel nacional. Ese porcentaje se redujo al 11% entre 2001 y 2010.

Precipitaciones e inundaciones: el decenio de 2001-2010 fue el más húmedo desde 1901. El año 2010 fue el más húmedo jamás registrado a nivel mundial desde que comenzaron a emplearse instrumentos de medición.

La mayor parte de la tierra registró precipitaciones superiores a las normales durante el decenio. Eleste de Estados Unidos de América, el norte y el este de Canadá, y numerosas partes de Europa y Asia central registraron condiciones particularmente húmedas.

Según la encuesta de la OMM, las inundaciones fueron el fenómeno extremo que se registró con mayor frecuencia a lo largo del decenio. El este de Europa se vio especialmente afectado en 2001 y 2005, India en 2005, África en 2008, Asia (en particular Pakistán, donde fallecieron 2 000 personas y 20 millones se vieron afectadas) en 2010, y Australia, también en 2010.

La sequía afecta a muchas más personas que cualquier otro desastre natural debido a su gran escala y a su carácter duradero. Durante el decenio de 2001-2010 se produjeron sequías en todo el mundo. Algunas de las sequías más duraderas y de mayor impacto se produjeron en Australia (en2002 pero también en otros años), África meridional (2004 y 2005, que se tradujeron en pérdidas de vidas y escasez de alimentos) y la cuenca del Amazonas (2010), que tuvieron consecuencias negativas para el medio ambiente.

Ciclones tropicales: entre 2001 y 2010 se produjeron 511 fenómenos relacionados con ciclones tropicales que se tradujeron en un total de casi 170 000 víctimas mortales, más de 250 millones de personas afectadas y daños económicos estimados en 380 000 millones de dólares de Estados Unidos.

Según el Centro Nacional de Datos Climáticos de la Administración Nacional del Océano y de la Atmósfera (NOAA), 2001-2010 fue el decenio en el que la actividad de los ciclones tropicales alcanzó el nivel más elevado registrado en la cuenca del Atlántico Norte desde 1855. Se registró un promedio de 15 tormentas con nombre al año, muy por encima del promedio a largo plazo de 12 tormentas con nombre al año.

El ciclón tropical más mortífero registrado durante el decenio fue Nargis, que se formó al norte del océano Índico y asoló Myanmar a principios de mayo de 2008. Se señaló que más de 138 000 personas fallecieron o desaparecieron, ocho millones de personas se vieron afectadas y se destruyeron miles de hogares.

Repercusiones: según los datos facilitados por el Centro de investigación de la epidemiología de los desastres (CRED), durante el decenio de 2001-2010 fallecieron más de 370 000 personas como consecuencia de las condiciones meteorológicas y climáticas extremas, incluidas olas de calor, períodos fríos, sequías, tormentas e inundaciones. Esa cifra era un 20% superior a la registrada entre 1991 y 2000. Ese aumento se debe principalmente a las olas de calor producidas en 2003 en Europa y en 2010 en Rusia que contribuyeron a un aumento de más del 2000% del número de víctimas mortales en el mundo a causa de las olas de calor (de menos de 6 000 en el período comprendido entre 1991 y 2000 a 136 000 durante el decenio de 2001-2010).

Por otro lado, se registró un menor número de víctimas mortales como consecuencia de las tormentas y crecidas, habiéndose registrado una disminución del 16 y del 43 por ciento, respectivamente, en gran medida gracias a la mejora de los sistemas de alerta temprana y a un mayor grado de preparación y a pesar del aumento de la población de las zonas propensas a desastres.

Según se desprende del Informe mundial de evaluación de 2011, el promedio de personas expuestas cada año a las crecidas aumentó un 114% a nivel mundial entre 1970 y 2010, período en el que la población mundial aumentó un 87%, y pasó de 3 700 millones a 6 900 millones de personas. El número de personas expuestas a tormentas violentas casi se triplicó en las zonas propensas a ciclones, habiendo registrado un aumento del 192% durante el mismo período.

Se están llevando a cabo nuevas investigaciones sobre la posibilidad de atribuir fenómenos extremos individuales al cambio climático más que a la vulnerabilidad natural. Los científicos cada vez están más convencidos de que la probabilidad de que se produzca un fenómeno como el de la ola de calor que afectó a Europa en 2003 aumenta considerablemente con el aumento de las temperaturas mundiales. Por consiguiente es importante seguir realizando nuevas investigaciones para reforzar la ciencia climática y utilizarla para mejorar los servicios climáticos con el fin de ayudar a la sociedad a adaptarse al cambio climático.

Fuente: OMM, Organización Meteorológica Mundial / Miércoles 3 de Julio de 2013

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Nueva herramienta para mejorar la evaluación de la biomasa y las reservas forestales de carbono

Una buena información sobre los bosques es necesaria para abordar el cambio climático y desarrollar estrategias para la bionenergía.

Una nueva plataforma en Internet lanzada por la FAO permitirá a los países mejorar la evaluación del volumen y la biomasa forestales y las reservas de carbono. Esta información es fundamental para la investigación y mitigación del cambio climático y actividades como aumentar las reservas de carbono en los bosques a través de la reforestación y el desarrollo de la bioenergía.

El nuevo GlobAllomeTree, desarrollado conjuntamente por la FAO, el Centro francés de Investigación CIRAD y la Universidad italiana de Tuscia, es una plataforma internacional en Internet creada para ayudar a los diseñadores de proyectos sobre el cambio climático, investigadores, científicos y técnicos forestales a calcular la biomasa forestal y el carbono de los bosques. Estos datos ayudarán a los responsables de las políticas nacionales a tomar decisiones informadas en sus estrategias respecto al cambio climático y la bioenergía.

“Es la primera vez que los países tienen acceso a una extensa base de datos de modelos de árboles utilizados para evaluar los recursos forestales en todo el mundo. Así pueden tener una idea clara de la capacidad de sus bosques para almacenar carbono”, aseguró el Oficial Forestal de la FAO Matieu Henry.

Fácil acceso y utilización

La herramienta permite a los usuarios evaluar el volumen del tronco, la biomasa del árbol y las reservas de carbono a partir de características de los árboles tales como el diámetro del tronco, la altura y el peso específico de madera, para varios tipos de árboles y zonas ecológicas.

El acceso a la herramienta es gratuito y los usuarios también pueden desarrollar y presentar sus propios modelos de cálculo.

En este momento la herramienta incluye 61 especies de árboles en 7 zonas ecológicas diferentes en Europa, 263 especies de árboles en 16 zonas ecológicas de Norteamérica y 324 especies en 9 zonas ecológicas en África. Las herramientas de cálculo para Asia meridional, Sudeste asiático, Centroamérica y Sudamérica están a punto de ser terminadas y subidas a la plataforma.

Calcular el carbono forestal para REDD +

Esta nueva plataforma será especialmente útil en el contexto de las actividades de REDD + (reducir las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la deforestación y la degradación del bosque e incrementar las reservas de carbono en los bosques), en las que los gobiernos necesitarán una evaluación más precisa de las reservas de carbono en los bosques y los cambios en las mismas.

En este contexto, algunos países ya han avanzado en sus enfoques para la vigilancia forestal para REDD + mediante el uso de modelos de cálculo de los árboles. Por ejemplo, las instituciones nacionales en Vietnam -apoyadas por el Programa Nacional de ONU-REDD- han llevado a cabo mediciones de campo para desarrollar nuevos modelos de cálculo en diferentes tipos de bosques en todo el país. Indonesia ha elaborado y adoptado un estándar nacional para el desarrollo de bases de datos de los árboles, y en México, las autoridades forestales nacionales han desarrollado una base de datos nacional y nuevas herramientas de cálculo.

Estos esfuerzos ayudarán a los países a obtener datos más precisos sobre el estado de los recursos forestales y las reservas forestales de carbono –y sus posibles cambios– y apoyar la implementación de políticas forestales nacionales e internacionales.

Fuente: FAO / Viernes 28 de Junio de 2013


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Terrazas y corredores verdes, para mitigar inundaciones

Los techos verdes pueden retener una gran proporción del agua de lluvia. Junto a otros espacios urbanos de vegetación, permitirían disminuir el impacto del cambio climático, según investigaciones de la Facultad de Agronomía de la UBA.

por Juan Manuel Repetto / Prensa FAUBA

Ante el fenómeno del cambio climático y el aumento de las lluvias intensas, que en los últimos meses afectaron seriamente a distintas ciudades del país, un equipo de científicos de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) se aboca al estudio de las terrazas verdes, como una alternativa para controlar el escurrimiento del agua en la ciudad, que ayuda a mitigar el impacto de las inundaciones y, en algunos casos, permite retener hasta 100% de los milímetros caídos.

Héctor Rosatto, docente del departamento de Ingeniería Agrícola de la FAUBA, destacó la alta capacidad de retención que posee este tipo de tecnología, al mostrar resultados de tres años de estudios, en los cuales los techos verdes lograron retener entre el 70% y 100% con precipitaciones de alrededor de 20 mm. Cuando alcanzaron entre 35 y 40 mm, los porcentajes máximos de retención se ubicaron en 65%. Si bien con 90 a 100 mm ese porcentaje cayó al 25 a 35 %, el investigador afirmó que continúa siendo un número importante, frente al escurrimiento total.

Además de contribuir con la disminución del agua que fluye por los desagües fluviales y desemboca en los ríos (estén entubados o no), las terrazas verdes también impiden que el sol impacte directamente sobre la loza de los edificios y, por lo tanto, permite reducir la temperatura de las viviendas. Esto se traslada a una baja en el consumo de energía que, a largo plazo, también llega a compensar la inversión que demanda la construcción del sistema.

Los estudios de la FAUBA comenzaron hace tres años, en el marco de una línea de trabajo que incluye el manejo de suelos y aguas en cuencas mixtas (rurales y urbanas). Bajo la dirección de Rosatto, el equipo de investigadores estuvo compuesto por Daniel Laureda, Maia Meyer, Damián Pérez, Laura Cazorla y Gustavo Villalba, egresados de la licenciatura Planificación y Diseño del Paisaje (dictado entre las facultades de Agronomía y Arquitectura de la UBA), Nadia Mazzeo, licenciada en Ciencias Ambientales de la FAUBA, y Marta Bargiela, investigadora de la cátedra de Química Analítica, entre otros.

Estudiamos dos profundidades de sustratos, con parcelas de poca altura diseñadas para edificios que no previeron la sobrecarga de una terraza verde, y otro modelo con un sustrato mayor, que permitiría establecer un mejor desarrollo de la vegetación, para edificios que fueron construidos contemplando en su loza la incorporación de estos sistemas“, explicó Rosatto.

Las investigaciones también involucraron el estudio de la calidad del agua que se drena desde las terrazas verdes al desagüe pluvial, y a la pérdida de nutrientes en las parcelas.

Bargiela agregó: “La filtración de partículas en suspensión (otra de las bondades atribuidas a las terrazas verdes) también influye en la calidad de agua, porque puede incluir contaminantes como metales pesados que están en el aire y que, con la lluvia, pueden trasladarse a los cursos de agua“.

El grupo de estudio también evaluó cómo las lluvias lavan los nutrientes necesarios para el desarrollo de las plantas, y encontró que las parcelas con mayor profundidad lograron retener más los coloides orgánicos. Como contrapartida, los sustratos menos profundos tuvieron un mayor escurrimiento y, en los casos de parcelas tratadas con agroquímicos, afectaron la calidad del agua drenada.

Al respecto, Rosatto afirmó que las concentraciones que se obtuvieron en el agua de drenaje con componentes de un hormiguicida aplicado, fueron superiores a las tolerables para la vida acuática. “Para mitigar este impacto pensamos implementar un tanque de retención para el tratamiento del agua, que degrade ese componente tóxico antes de que llegue al río“, dijo Bargiela.

Si bien son una novedad en la Argentina, las terrazas verdes llevan varios años de historia en otros países, y algunas de las experiencias son muy cercanas, como la de México, por ejemplo, a donde Meyer viajó recientemente para capacitarse y presentar los trabajos generados en el marco del proyecto UBACyT (financiado por la UBA) en congresos internacionales, con muy buena recepción.

En la ciudad de Buenos Aires existen algunas experiencias de edificios que emplean estas tecnologías y sistemas de certificación que avalan construcciones sustentables. Según los investigadores de la FAUBA, aquí las terrazas verdes podrían instalarse de manera planificada y vincularse con otros espacios verdes en corredores urbanos que conectan parches de vegetación, sobre todo en zonas céntricas urbanas, donde no se pueden implantar nuevos árboles.

Creemos que esta tecnología tiene un futuro muy interesante en nuestro país, pero que debe hacerse sobre bases sólidas“, aseguró Rosatto, y agregó: “Es necesario desarrollar nuevos materiales, como los que se utilizan para la impermeabilización, y ampliar el conocimiento en el ámbito académico para trasferirlo con éxito en la sociedad“.

Fuente: Agronomía informa / Martes 4 de Junio de 2013


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Aguas turbulentas

Pablo Dmitruk, Pablo Cobelli y Pablo Minnini desarrollan una línea experimental para estudiar problemas de flujos atmosféricos y oceánicos. Con tanques de agua en los que simulan olas, pueden estudiar la generación de olas gigantes o los precursores, una pequeña onda que llega antes que la onda principal y podría usarse para anticipar la llegada de tsunamis.

Generamos turbulencia cuando revolvemos el café en un pocillo. La encontramos en la atmósfera, cuando viajamos en avión y los sacudones ponen nervioso a más de un aerofóbico. Hay también turbulencia en los océanos, en la magnetosfera terrestre, y en el medio interplanetario. Aunque las condiciones físicas en cada uno de estos casos son muy diferentes entre sí, todos estos medios comparten algunas propiedades a la hora de estudiar sus movimientos.

Desde hace ya muchos años, en el Departamento de Física, los integrantes del Grupo de Flujos Astrofísicos estudian –de forma teórica o con modelos numéricos– problemas de fluidos y de plasmas (gases ionizados). Los integrantes del grupo, Daniel Gómez, Sergio Dasso, Cesar Bertucci, Pablo Dmitruk, Pablo Cobelli y Pablo Minnini, siempre se han interesado por aplicar su investigación a problemas de astrofísica y física espacial –tales como el viento solar o la física solar–, o a problemas de geofísica, como flujos en la atmósfera y en los océanos. Pero recientemente, los tres Pablos –Dmitruk, Cobelli y Minnini–, comenzaron a desarrollar una nueva línea experimental, dando origen al Laboratorio de Flujos Geofísicos, con  el objetivo de considerar problemas de flujos atmosféricos y oceánicos, pero desde el punto de vista experimental.

El regreso de Pablo Cobelli al país le dio impulso al empeño de los investigadores por montar el laboratorio experimental. Cobelli es un investigador repatriado en el 2011. Hizo un doctorado y un posdoctorado en Francia y tiene experiencia en laboratorios de fluidos. “Su regreso fue muy importante para poder iniciar el proyecto”, afirma Minnini. El laboratorio recién está empezando, pero hay muchas aplicaciones que los investigadores tienen en mente para el futuro, muchas de las cuales les permitirán interactuar con otros investigadores de la Facultad, especialmente en ciencias de la atmósfera y en oceanografía.

Uno de los temas, tal vez más atractivos por su posible aplicación en una cuestión de interés público, es el de los precursores. Se trata de una pequeña onda que llega antes que llegue la onda principal a un lugar y que podría usarse para detectar precursores de tsunamis.

Otro problema con aplicaciones es el de la generación de olas gigantes. “En el estado desordenado de las ondas en el océano, cada tanto se genera espontáneamente una onda muy grande, que puede tener más de 20 metros de altura, y que puede poner en riesgo a barcos que estén cerca. Este es un fenómeno usual en flujos turbulentos, y que estamos estudiando”, comenta Minnini. Hay también otras aplicaciones que los investigadores piensan estudiar más adelante. “Me interesa la generación de energía eléctrica a partir de la energía almacenada en el oleaje, es decir, en el estado agitado de la superficie del océano y también en las mareas”, acota Cobelli.

Junto con los investigadores formados hay becarios doctorales y estudiantes de grado, trabajando tanto en las líneas tradicionales del grupo como en esta nueva línea experimental. Por ejemplo, Juan Ignacio Gossn y Stephanie Müller estudian la interacción entre remolinos de gran escala y la topografía submarina en sistemas que simulan la rotación terrestre. Matías Cveczilberg trabaja en ondas atrapadas, tema vinculado a la recuperación de energía de las olas. Stella Maris Sánchez estudia un tipo particular de inestabilidad  hidrodinámica de interés en astrofísica. Pablo Terrén Alonso trabaja en un sistema modelo de laboratorio que simula la turbulencia que se genera cuando las olas oceánicas interactúan entre sí.

Para llevar a cabo estos experimentos, los científicos montaron en el laboratorio tanques con agua y generaron las olas con motores. Para medir el desplazamiento del fluido usaron proyectores de alta definición y cámaras rápidas. Midieron también el movimiento de pequeñas partículas que se agregan al líquido y se iluminan con un láser. “En este momento tenemos montada una experiencia para medir ondas en la superficie de un líquido. Tenemos un tanque de agua de 2 metros x 0.80 metros donde generamos olas con dos motores. La deformación de la superficie del agua se mide con una cámara rápida, y nos permite estudiar turbulencia (el estado desordenado de las ondas en la superficie del océano), o la generación de grandes olas”, cuenta Minnini. “El siguiente experimento (que ya estamos empezando a montar) es una mesa rotante, para poder estudiar flujos en rotación, considerando que la dinámica de la atmósfera y de los océanos en las escalas más grandes está fuertemente influenciada por la rotación de la Tierra“.

Las mediciones se contrastan con simulaciones numéricas. “En el grupo tenemos dos clusters (con 96 procesadores cada uno) y varios códigos numéricos para estudiar la dinámica de fluidos”, explica el investigador. El uso de supercomputadoras permitió explorar flujos turbulentos en diversos regímenes y con resoluciones espaciales nunca antes exploradas. “La combinación de simulaciones, teoría y experimentos nos permite mejorar nuestro entendimiento de un fenómeno muy presente en la naturaleza”, cierra Minnini.

Fuente: Noticias Exactas / Martes 21 de Mayo de 2013


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Biodiversidad andina y cambio climático

¿Cómo responden las diferentes especies que viven en ambientes de montaña a las variaciones climáticas del planeta? Un análisis exhaustivo de su distribución y características ayudaría a mejorar su preservación.

por Ricardo Ojeda* y Agustina Novillo**

Los ecosistemas de montaña, y la cordillera de los Andes en particular, representan verdaderos laboratorios para el estudio de la evolución de la biota andina. Diferentes investigaciones muestran que las especies que habitan el ecosistema andino presentan una rica gama de adaptaciones morfológicas, ecológicas, comportamentales y fisiológicas, lo que les permite ocupar un determinado espacio geográfico asociado a condiciones climáticas y vegetacionales particulares.

En estos ambientes, a medida que aumenta la altura disminuye la superficie y lleva a la pérdida de ambientes favorables para las especies de distribución restringida. Por lo tanto la supervivencia de estas especies, adaptadas a condiciones extremas particulares, estaría condicionada ya sea por su capacidad de migrar hacia hábitats más favorables, como por su adaptación a las nuevas condiciones ambientales.

Para poder aproximarnos a la complejidad y predecir los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad, es preciso conocer en detalle la distribución, identidad de las especies (taxonomía), su diversidad genética, fisiología e incluso la historia natural de las especies. Para avanzar en esta dirección, en nuestro grupo analizamos por primera vez la diversidad de pequeños mamíferos, de menos de 150 gramos, que tienen su hábitat a lo largo de los Andes Áridos Centrales, que van desde el sur de Perú hasta el centro de la Argentina.

En esa línea, el trabajo del Grupo de investigaciones de la Biodiversidad (GiB) busca conocer qué especies habitan los Andes Áridos centrales, cómo se distribuyen, cuán restringidas están a los ambientes Andinos, y si podemos detectar alguna asociación entre la riqueza de especies y el tamaño del área, entre otras.

Los resultados que publicamos recientemente en la revista especializada Austral Ecology muestran que casi la mitad de las especies analizadas son exclusivas del ecosistema montañoso de los Andes (es decir endémicas), y su riqueza (es decir número de especies) está asociada con el tamaño del área. Por otro lado detectamos que las especies de las latitudes altas presentaron rangos geográficos, o distribuciones más amplias, que las especies de latitudes bajas. Esto último se conoce en biogeografía como el “efecto Rapoport”, en homenaje al reconocido ecólogo y biogeógrafo argentino Eduardo Rapoport.

Según algunos reportes, la zona de los Andes centrales experimentaría un aumento de la temperatura entre 3 a5 °C, así como una disminución de precipitaciones. Este escenario nos permite inferir potenciales cambios a partir de algunos de nuestros resultados. Así, por ejemplo, un aumento marcado de la temperatura afectaría negativa y principalmente a aquellas especies adaptadas a un rango más estrecho de las condiciones climáticas de alta montaña, por arriba de los 2500 m y reduciría la superficie de hábitats favorables en esas zonas, lo que eventualmente llevaría a una disminución del tamaño de las poblaciones, contracción de distribución geográfica y mayores riesgos de extinción.

Esto es lo que ocurre con varias especies en otras regiones, como la flora alpina en Suiza, el oso polar del Ártico, los pingüinos de Adelia de la Antártida, o la pika, un roedor que habita las montañas del oeste de Norteamérica, por nombrar algunos.

En un escenario de aumento de temperatura, las especies de distribución restringida son más susceptibles que aquellas de distribución amplia. Más aún, cuando el aumento de temperatura conduce a una reducción de la superficie de hábitats favorables, una respuesta posible es la contracción de la distribución de las especies. Por otro lado, una potencial respuesta inversa ocurriría para otro grupo de especies que habitan la zona cordillerana a menor altura.

Así por ejemplo, especies que habitan la zona del pedemonte cordillerano, por debajo de los 1500 m, podrían colonizar ambientes favorables ubicados a mayores alturas y expandir sus rangos geográficos. Esto ha sido documentado para varias especies, como por ejemplo ciertas aves de llanura que colonizaron y expandieron sus rangos hacia mayores alturas en la selva de nubes en Costa Rica.

Nuestros resultados apoyan y consolidan la noción de que un segmento importante de la biodiversidad del ecosistema Andino evolucionó in situ. Esto es, que la formación o diversificación de nuevas especies ocurrió y ocurre en el escenario particular de la Cordillera de los Andes.

Es importante remarcar que estas primeras investigaciones de características biogeográfica-macroecológicas nos ayudan a entender la composición y modo de distribución de la biodiversidad Andina. Para asegurar la continuidad de estos escenarios evolutivos, como es el caso de los Andes y otros ecosistemas es imprescindible contar con bases biológicas/ecológicas sólidas que ayuden a delinear políticas integrales de conservación no solo en la dimensión biológica sino también en las dimensiones social y cultural del ecosistema Andino.

*Ricardo Ojeda es investigador principal del CONICET y lidera el Grupo de investigaciones de la Biodiversidad (GiB) en el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA, CONICET-UNCuyo-Gobierno de Mendoza) de Mendoza. Es licenciado en Ciencias Biológicas con orientación Zoología de la Universidad Nacional de Tucumán. Tiene además un doctorado (Ph.D.) en Ciencias Biológicas por la Universidad de Pittsburgh, Pennsylvania, Estados Unidos.

**Agustina Novillo es becaria posdoctoral del CONICET y trabaja en el Grupo de investigaciones de la Biodiversidad (GiB) del IADIZA. Es licenciada en Ciencias Biológicas con orientación Zoología de la Universidad Nacional de Tucumán, y tiene un doctorado en Ciencias Biológicas por la misma casa de estudios.

Fuente: CONICET / Martes 7 de Mayo de 2013


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Científicos de todo el país aportarán información ante emergencias naturales

El secretario de Articulación Científico Tecnológica del Ministerio, Dr. Alejandro Ceccatto, participó el pasado 18 de abril de la reunión del Consejo Federal y Gestión de Riesgo de la República Argentina en Comodoro Rivadavia.

El ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y el Ministerio del Interior y Transporte crearon, mediante una resolución conjunta, la Comisión de Trabajo de Gestión de Riesgo que coordinará y organizará la intervención del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación ante situaciones de desastre. La Comisión tendrá como tarea proveer información para la realización de estudios, identificación de vulnerabilidades, investigaciones y pronósticos para mejorar la gestión de riesgos y presentar propuestas.

En el marco del 6° Encuentro del Consejo Federal y Gestión de Riesgo de la República Argentina, se continuó avanzando en la articulación de acciones entre los actores involucrados en el proyecto. Según el secretario de Articulación Científico Tecnológica del Ministerio, Alejandro Ceccatto, “la necesidad de coordinar la información que pueden aportar los científicos surgió a raíz de la erupción del volcán Puyehue en 2011. Un grupo de expertos nos permitirá aportar a las áreas de emergencia de las diferentes jurisdicciones, información confiable y unificada”.

La Comisión elaborará un listado de expertos distribuido geográficamente en todo el territorio nacional para que puedan aportar información ante una eventual emergencia. Además, compilará una base de datos de eventos históricos y asesorará a los responsables sobre la compra de equipamiento y manutención del mismo, a fin de contar con tecnología para mejorar la respuesta durante catástrofes.

Los integrantes de la Comisión serán electos por todos los organismos de ciencia y tecnología del país y coordinados por la cartera de Ciencia. La primera acción del cuerpo será elaborar una “carta federal de riesgo” a fin de identificar vulnerabilidades en el país.

Ceccatto aclaró que “la Comisión actuará a requerimiento de las direcciones provinciales y nacional, no se trata de un sistema de alertas sino de apoyo a las tareas de los organismos competentes en materia de protección civil mediante el aporte de información científica”.

Fuente: Crónica / Viernes 19 de Abril de 2013


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22 de abril: Día Internacional de la Madre Tierra

La proclamación del Día Internacional de la Madre Tierra supone el reconocimiento de que la Tierra y sus ecosistemas nos proporcionan la vida y el sustento a lo largo de nuestra existencia, así como también nuestra responsabilidad de promover la armonía con la naturaleza a fin de alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras.

Mensaje del Secretario General de la ONU

El Día Internacional de la Madre Tierra nos brinda la oportunidad de reafirmar nuestra responsabilidad colectiva de promover la armonía con la naturaleza en un momento en el que nuestro planeta se encuentra amenazado por el cambio climático, la explotación insostenible de los recursos naturales y otros problemas creados por el hombre. Cuando creamos amenazas para nuestro planeta, no solo ponemos en peligro el único hogar que tenemos sino incluso nuestra futura supervivencia. Celebremos este Día Internacional renovando nuestra promesa de honrar y respetar a la Madre Tierra.”

Mensaje del Secretario General, Ban Ki-moon

Día de la Tierra 2013: “El rostro del cambio climático”

De un hombre en las Maldivas preocupado por trasladar a su familia ya que el nivel del mar aumenta, a un oso polar en el derretimiento del ártico, el cambio climático tiene muchas caras. Para celebrar el Día Internacional de la Madre Tierra, se han recogido en todo el mundo imágenes de personas, animales y lugares directamente afectados o amenazados por el cambio climático, así como imágenes de personas esforzándose para hacer algo al respecto.

La Madre Tierra es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos. Por ejemplo, en Bolivia la llaman “Pacha Mama” y nuestros ancestros en Nicaragua se referían a ella como “Tonantzin”.

La proclamación del 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra supone el reconocimiento de que la Tierra y sus ecosistemas nos proporcionan la vida y el sustento a lo largo de nuestra existencia. También supone reconocer la responsabilidad que nos corresponde, como se expone en la Declaración de Río de 1992, de promover la armonía con la naturaleza y la Tierra a fin de alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras.

Reconociendo que la Madre Tierra refleja la interdependencia que existe entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos, la Asamblea General declaró el 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra para destacar la necesidad de ayudar a mejorar las vidas de los niños y los adultos para que puedan llevar una vida plena y significativa.

Fuente: un.org