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El día a día de la Ciencia


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La nueva tecnología “Made in Argentina”

Estudiantes de todo el país y pequeñas empresas se reunieron para mostrar productos y prototipos para industrias en la era digital. Fue durante la cuarta edición del Simposio Argentino de Sistemas Embebidos. Se pudieron ver robots exploradores, sistemas inteligentes para hogares y semáforos y controladores de ganado, entre otras creaciones.

Durante tres días por los pasillos y salones de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA) caminaron pequeños robots, se hicieron pruebas a escala con sistemas que parecen salidos de una película futurista, y hubo intercambio de información sobre nuevos chips, plaquetas y pequeños circuitos.

Estos nuevos adelantos made in Argentina se presentaron en la cuarta edición del Simposio Argentino de Sistemas Embebidos (SASE), que se desarrolló en Paseo Colón 850 con la participación de miles de interesados. Ingenieros, estudiantes y fabricantes mostraron que hay mucho potencial en el país para desarrollar un polo tecnológico acorde a los tiempos que corren.

¿Qué es un sistema embebido? Es el nombre genérico que reciben los equipos electrónicos que incluyen un procesamiento de datos, pero que, a diferencia de una computadora, están diseñados para satisfacer una función específica.

Entre los sistemas embebidos más conocidos se puede nombrar por ejemplo un reloj digital, un reproductor de MP3, el teléfono celular, la impresora, el sistema de control de un automóvil, el de un satélite o hasta el de una planta nuclear.

Se trata de un sistema electrónico que está contenido embebido dentro de un equipo completo que incluye, por ejemplo, partes mecánicas y electromecánicas.

‘‘En 2009 detectamos que el área de sistemas embebidos aún estaba poco explorado y organizado. Hicimos un primer simposio y empezamos a crecer hasta un encuentro como el de estos días donde participa gente de todo el país e invitados del exterior’’, señaló a La Prensa Ariel Lutenberg, director del Laboratorio de Sistemas Embebidos de la Facultad de Ingeniería de la UBA y presidente de la Asociación Civil que trabaja sobre estos sistemas.

Campo y estado

Lutenberg expresó que en estos últimos tiempos hay un desarrollo de algunos sistemas que se dan por ciertas necesidades. ‘‘Uno es el que tiene que ver con compras de gobierno, es un motor muy fuerte. Por ejemplo lo que se relaciona con la televisión digital, Plan Conectar Igualdad. También hay mucho potencial para todo lo que tiene que ver con el agro, el área de la producción del campo’’.

El especialista indicó que a diferencia de otros emprendimientos, para el desarrollo de un sistema embebido se necesita muy poca inversión. ‘‘En la electrónica lo fundamental es el capital humano. Para una placa de desarrollo con cien dólares y una computadora podes empezar’’.

En los pasillos de la Facultad muchos futuros ingenieros y jóvenes profesionales se hacían eco de esta afirmación y mostraban a otros estudiantes sus inventos.

Augusto Roska y Gabriel Parodi, de la Universidad de Tucumán, hacían circular a un pequeño robot por un laberinto de paredes blancas.

Mediante algoritmos, fórmulas de redes neuronales y sensores, el prototipo avanzaba y se detenía solo en la única baldosa negra del intrincado camino.

‘‘Lo detecta solo. Si uno cambia de lugar la baldosa lo seguirá haciendo’’, indica Roska. Este tipo de robots llevados a una fabricación industrial pueden servir, –contó el estudiante de la cátedra de robótica e inteligencia artificial– como facilitador de exploraciones.

‘‘Por ejemplo puede marcar una zona donde hay más petróleo. Se lo puede cargar para que trabaje en una cortadora de pasto y solo irá al sector que necesite el campo. También para limpiar un área en forma pareja o limpiar una pileta’’, explicó Parodi.

Unos chicos de la Universidad Tecnológica de Mendoza, en tanto, mostraban el desarrollo de un osciloscopio digital. Este aparato permite controlar en una cadena de montaje industrial el estado de las señales, los circuitos.

‘‘Tomamos los componentes electrónicos y fabricamos la carcasa con PCV’’, explicó Marcos Escribano, de la carrera de ingeniería electrónica que realizó el producto con su compañero Andrés Braconi.

Desde el celular

En otro stand se observaba en una zapatilla cómo se prendían y apagaban ocho lamparitas a partir de la orden que le dio desde un teléfono celular Guillermo Mandagaran, ingeniero electrónico de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Guillermo junto a su compañero de estudios Luciano Vergagni crearon la microempresa Lambda Automatizaciones, que brinda servicio para controlar los hogares en forma inteligente.

‘‘A partir de la creación de una página web se puede controlar la casa a distancia luego desde un teléfono celular. Con el aparato podemos abrir una persiana, activar la luz, la calefacción. Todo antes de llegar al hogar. Esto nos brinda más confort y seguridad’’, expresó Vergagni.

Desde la UTN de Córdoba diseñaron, en tanto, un sistema para identificación de ganado. ‘‘Como experiencia propia, ya que mi familia tiene campo, veíamos que es un problema la identificación. Hoy se usa el sistema feed lot, donde los animales están en lugares reducidos. Incluso a veces se comparte el lugar entre diferentes dueños de hacienda’’, expresó Fabricio Lunetto, de 26 años.

El joven, que junto a otro compañero de ingeniería electrónica, realizó el sistema, comenta que lograron el prototipo en unos tres meses. ‘‘Se coloca un chip en la oreja del animal que permite luego al acercarle una paleta saber en una pantalla cuando entró, su peso, su propietario, si fue vacunado o está enfermo’’.

Movimientos humanos

En otra de las mesas expositoras varios chicos se fascinaban al mover su mano frente a una computadora.

Gracias a esos movimientos se activaba un brazo robótico a unos centímetros del ordenador, que reproducía los movimientos humanos. Con el mismo se pueden levantar objetos. Como ejemplo, el brazo levantaba piezas de rasti.

‘‘Diseñamos un sistema de video computarizado que con una webcam en tiempo real marca los movimientos. Después mapeamos el espacio de trabajo y entonces el autómata se mueve de acuerdo a lo que nosotros marcamos’’, explicó Alexis Ibarra, de la Universidad Nacional de Corrientes.

El brazo robótico, diseñado con PVC que se fundió con calor para ir delineándolo puede servir, señala Ibarra, para varias cosas. ‘‘Por ejemplo para manipular elementos peligrosos. Para la construcción o para usos biomédicos’’.

El joven ingeniero dijo que trabajaron cerca de un año en el proyecto.

‘‘Es algo novedoso. Hay que trabajar mucho en robótica, programación y mecánica. Por eso es fundamental más apoyo para este tipo de proyectos’’, opinó.

En la muestra, además de los adelantos presentados por los alumnos, también pequeñas empresas dedicadas a sistemas embebidos mostraron los trabajos que vienen desarrollando.

Fue el caso, por ejemplo, de Vicda, una pequeña empresa desarrollada por los hermanos Juan Carlos y Juan Francisco Mouriño.

‘‘Actualmente trabajamos cinco personas. Hacemos todo a pulmón y el financiamiento para nuevos proyectos lo logramos con la ganancia del anterior’’, expresó.

Los jóvenes expertos diseñaron un sistema de control de semáforos que hoy se utiliza en la ciudad de Buenos Aires. ‘‘Tuvimos que importar la placa y diseñamos el chasis, que son pequeñas cajas que se ponen en gabinetes. Por suerte anduvieron muy bien, aunque nos llevó un tiempo de desarrollo. Pero con inventiva y paciencia lo logramos’’, afirmó.

Fuente:  La Prensa / Domingo 18 de agosto de 2013

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Las netbooks en el aula

En su edición 2013, el proyecto “Netbooks Uno a Uno” continuó con su propuesta de capacitar a los profesores secundarios en el uso de las computadoras en el aula y agregó el aporte de contenidos. A los temas de física y matemática se sumaron este año química y atmósfera. Desafíos, dificultades y la reflexión sobre las posibilidades que ofrece el voluntariado.

por Armando Doria

“Venir los sábados puede ser un plomo”, dice Silvina Ponce Dawson, profesora del Departamento de Física, “pero la gente igual se acercó con muchísimo interés”. Ponce Dawson es una de las coordinadoras del curso “Netbooks Uno a Uno”, que se llevó a cabo a través de la convocatoria de Voluntariado Universitario del Ministerio de Educación de la Nación, y que fue pensado para optimizar, en las aulas, el uso de las netbooks que viene distribuyendo el Ministerio a los alumnos secundarios de escuelas públicas en el marco de programa Conectar Igualdad. Ya son más de tres millones los equipos que están en manos de los chicos y sus docentes.

Los sábados no suele haber clases en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, por eso se convirtió en el día ideal para convocar a los profesores secundarios que, a su vez, también tienen día libre. El voluntariado implica que los docentes a cargo del curso donen su tiempo y conocimientos, lo mismo que los cerca de 20 alumnos de Exactas que prestaron su apoyo al proyecto. Lo “plomo” del asunto está, justamente, en lo complejo que puede resultar una actualización docente de carácter intensivo fuera de la grilla semanal, pero los deseos y demandas de muchos profes secundarios superaron el escollo. Cristina Caputto, también profesora del Departamento de Física, es otra de las coordinadoras de “Netbooks Uno a Uno” y explica que “muchos vinieron desde Chascomús, desde La Plata. Una pareja venía en moto desde Florencio Varela. Son docentes muy particulares los que deciden venir hasta acá todos los sábados a la mañana y quedarse hasta la tarde, es muy valorable”.

La historia de estos cursos comenzó hace un par de años, cuando Caputto y Dawson percibieron –a partir del comentario de otros colegas que trabajaban en proyectos con la Escuela Media– los temores e inseguridades de los docentes secundarios ante la posibilidad de utilizar las netbooks en el aula como herramienta de trabajo. El primero se dictó el año pasado y estuvo dirigido a los docentes de Física y Matemática, con el fin de capacitarlos en el uso del software asociado a esas disciplinas. En su versión 2013, fueron más allá. “Hasta ahora habíamos trabajado con Física y Matemática y había gente de Biología que colaboraba con temas de Química Biológica. Esta vez se incorporaron químicos y meteorólogos y no se trabajó sólo en el software que se puede usar en el aula”, cuenta Ponce Dawson. “Abarcamos muchos frentes. Por un lado, ayudar a los profesores con el uso de los programas y que ellos les pusieran el contenido. Pero fuimos más allá y aportamos también contenido”. Da como ejemplo el trabajo en el área de Química: “Se trabajó con experimentos de laboratorio. En particular, qué tipo de experiencia, con qué condiciones de repetibilidad o qué cosas podían ser cuantificables para poder usar la computadora en el registro y en la obtención de resultados. Fue más allá de aprender a usar un programa. También descubrimos algunos programas que no habíamos considerado inicialmente, como el GeoGebra, en matemáticas, que generó mucho interés”. Respecto de esa posibilidad de “descubrir”, Caputto aporta el dato de la adaptabilidad del curso: “En muchos casos se avanzó por los caminos que iban decidiendo los profesores secundarios; para saber qué se puede llevar al aula necesitamos el input de ellos. Fue importante ir conociendo sus posibilidades y limitaciones. Vemos que vienen con más bagaje y demandando otro tipo de ayuda, aunque todavía hay algunos que necesitan una ayuda básica de cómo usar la computadora y a ellos también hay que formarlos”.

El nuevo desafío

Ambas coordinadoras coinciden en que el miedo es un factor común en el abordaje de las herramientas informáticas en el aula y ese miedo apunta a lo más trivial: la destreza en el uso de los recursos tecnológicos por parte de los chicos y la posibilidad de perder control y autoridad. “Había profes con miedo de abrir las netbooks en el aula porque les parecía que los estudiantes sabían más que ellos”, afirman. Pero Dawson entiende que esa superioridad es falsa: “Los pibes conocen algunas herramientas que no son las que el profesor va a usar en el aula, además de no tener idea de los contenidos”. La estrategia del curso se basa, en parte, en la exploración de los programas y la posibilidad de entender su lógica. Eso ayuda a liberar de miedo a los profesores. Dawson aporta con su experiencia: “Muchas veces me preguntan cómo hacer tal cosa con un programa. Nosotros no somos especialistas en todo el paquete de software que puede usarse en el aula, entonces les digo que no tengo idea, que miremos los íconos a ver si nos ayudan, y eso relaja y quita el miedo. Después lo pueden repetir con sus alumnos”.

Cristina Caputto, entusiasmada con el proyecto, toma el reclamo de los profesores y lamenta no poder cumplirlo. “Una cosa que nos piden es que hagamos esto fuera de la Facultad, donde se puedan concentrar por zonas. Ante la pregunta de si es posible tomar una demanda más generalizada a través de un proyecto voluntario, Ponce Dawson sostiene que “esta capacitación debería darse en las mismas instituciones donde se forman los profesores, pero eso no ocurre, entonces me parece lógico que los universitarios nos involucremos. No para que siempre sea así, entiendo que estamos en un momento de transición. La Facultad se debe involucrar en favorecer ese cambio”. Y Caputto continúa la idea: “Qué mejor que nuestra Facultad para aportar en la mejora de la enseñanza de las ciencias a través de las nuevas tecnologías”.

El curso “Netbooks Uno a Uno” permite disparar la reflexión sobre las posibilidades institucionales ante la necesidad de capacitar a los docentes de Escuela Media, más allá de la acción voluntaria. Al respecto, el decano de Exactas UBA, Jorge Aliaga, entiende que “distribuir más de tres millones de netbooks en las escuelas es una decisión de tal magnitud que corresponde acompañarla con una política de Estado de igual magnitud en cuanto a la capacitación. Pensamos que esa política amerita articular la universidad con la escuela media a través de programas específicos”. El camino de la articulación en áreas educativas suele ser dificultoso por la diversidad de actores. Explica Aliaga: “Hay que coordinar con escuelas que pertenecen a distintas jurisdicciones, con institutos de profesorado, Conectar Igualdad, la univesidad. Es complejo pero posible y creo que tomar la opción política de hacerlo únicamente a través de voluntariado es erróneo; un programa voluntario es un programa que, si se hace, está muy bien, y si no se hace, esa falta no resulta perjudicial. Ahora, una vez que hay millones de estudiantes con netbooks en sus manos, uno tiene que pensar que sí o sí tiene que salir bien”. Como antecedente, la Facultad lanzó en 2008 un programa institucional de articulación con la Escuela Media llamado “Red de Escuelas”, que fue presentado al Ministerio de Educación pero no consiguió financiamiento. “Actualmente no hay financiamiento oficial para este tipo de proyectos y ahí está el limitante, porque la Facultad no puede hacer lo que se le ocurra sin tener financiamiento”, sostiene el decano. “En cambio, nosotros trabajamos en pos de las necesidades generando proyectos. En la medida en que al Estado le interese y asigne recursos, Exactas se suma”.

Anécdota para el cierre

Cada uno de los 48 profesores secundarios que terminaron el curso “Netbooks Uno a Uno” cerró su participación con un poster como trabajo final, donde presentó una propuesta de trabajo en el aula a partir de las herramientas exploradas durante la cursada. Los posters se exhibieron el patio central del Pabellón II de Exactas UBA en jueves 4 de julio pasado. Uno de los trabajos, sobre la estructura del ADN, fue elaborado en equipo por una docente de una escuela privada y otra de una escuela pública y el resumen decía “El proyecto es para dos escuelas con diferentes recursos, para 2º año de bachillerato”.

Nuestro prejuicio residual quizás indicaría que la escuela con menos recursos es la pública. Acá también se expresa un cambio de paradigma. El resumen continuaba: “La Prof. Volcovich en una escuela privada, donde los/as alumnos/as no tienen computadora en el aula, trabajará junto al Departamento de Informática. La Prof. Basualdo cuenta con alumnos con netbooks en el aula pero igual trabajará el tema como proyecto interdepartamental”. Hoy las aulas de las escuelas públicas cuentan con una herramienta de enorme potencial y accesible a todos los sectores sociales. Con la bola lanzada, ahora está en juego el buen uso de esa herramienta y, asociado a esto, su continuidad como proyecto permanente.”

Lo que dijeron los profes

Graciela Noemí Magaldi, de la Escuela Técnica 2 “San Ginés” de San Fernando, Provincia de Buenos Aires.

“Traté de hacer cursos virtuales sobre química pero no es lo mismo que hacer estos cursos intensivos y con la tutela de un docente. No es lo mismo trabajar en paralelo en un curso con gente que sabe más que vos. En este curso seguían mi ritmo y yo no demoraba a nadie y no me sentía tan relegada a la hora de tener que preguntar aun cosas simples. Sí reconozco que hubiera necesitado más tiempo para afianzar lo que aprendía cada clase antes de iniciar temas nuevos. He aplicado las experiencias realizadas en el curso con mis alumnos y me interesaría poder aplicarlo a más prácticas en el aula”.

Guillermo Raúl Igne, de la Escuela ESB2 de Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires.

“Por mucho tiempo se habló de la capacitación docente de calidad y siempre me pregunté por qué la UBA, una casa de estudio de excelencia, no se involucraba ideando proyectos para ello. Por eso celebro esta iniciativa que nos brinda, a los docentes de la escuela media, contenidos de nivel y, sobre todo, herramientas que nos permiten entrar al aula con ideas, conocimientos y propuestas distintas. Interactuar con docentes prestigiosos y alumnos en vías de serlo resultó una experiencia enriquecedora en el aspecto profesional y humano”.

Miguel Pena, del Liceo “Cornelio Saavedra” de la Ciudad de Buenos Aires.

“En cuanto a los programas que aprendimos a usar fue algo que estaba esperando desde que recibí la net. Viene cargada de programas que escasamente sabemos usar pero que tienen un potencial muy alto para su uso en el aula. Además, nos permitió conocer y descargar nuevos programas que permiten que los alumnos puedan ver los mismos temas de un modo diferente, un modo que ellos frecuentan y les resulta familiar”.

Fuente: El Cable Nro. 824


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Los niños de cuatro años ya tienen nociones de geometría euclidiana

Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU) ha revelado que los niños de cuatro años poseen habilidades que podrían representar una comprensión temprana de la geometría euclidiana. El trabajo ha analizado en niños la relación entre su sentido de la orientación, su capacidad de analizar formas y su interpretación de mapas simbólicos.

Los seres humanos adultos de diferentes culturas comparten intuiciones sobre puntos, líneas y figuras de la geometría euclidiana. Ya desde niños desarrollan nociones tempranas para orientarse en el espacio y analizar la forma de los objetos, pero ¿cómo llegan al pensamiento euclidiano?

Según un estudio que se presenta esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), a los cuatro años los humanos ya poseen habilidades que demuestran una comprensión temprana de la geometría euclidiana.

El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Harvard, ha estudiado en niños la relación entre su sentido de la orientación, su capacidad de analizar formas y su interpretación de mapas simbólicos.

Según el artículo, muchos animales, incluidos los humanos, poseen un entendimiento innato de la geometría simple. Reconocen objetos mediante ángulos y longitudes relativas, y se desplazan por su entorno empleando nociones de distancias y direcciones. Unidas, estas dos representaciones geométricas básicas podrían formar la base del pensamiento abstracto geométrico exclusivo de los humanos.

Según este nuevo trabajo, los niños no parecen integrar tales nociones; sin embargo, sí hacen un uso flexible de la geometría abstracta en la lectura de mapas, lo que podría llevar a la posterior construcción de la geometría euclidiana.

Uno de los experimentos llevados a cabo en el estudio consistió en vendar los ojos de los niños participantes y hacer que giraran para ver cómo se orientaban, tras destaparles los ojos, en un área con forma rectangular. También se les hizo pasar un test de computadora que evaluaba su habilidad para reconocer distintas formas geométricas.

Como animales en su hábitat

Después se situó a los niños en el centro de dos áreas con forma de triángulo. En uno de los dos escenarios del experimento, el triángulo tenía sus tres lados pero le faltaban todas las esquinas. En el otro, le faltaban los lados y solo tenía las tres esquinas. Los investigadores mostraron a todos los niños los mismos mapas para que localizaran ciertos puntos en el borde del triángulo donde debían colocar un juguete de peluche.

Moira Dillon, coautora del estudio, explica que los niños que mejor manejaban distancias y direcciones ubicaron bien el peluche en el triángulo sin esquinas. En cambio, los más hábiles en las pruebas de reconocimiento de formas geométricas en ls computadora obtuvieron resultados superiores en el triángulo compuesto solo por esquinas.

El trabajo sugiere que las habilidades geométricas tempranas son las mismas que las que usan los animales para moverse en su hábitat. Según los investigadores, en torno a los dos años y medio, los niños empiezan a ser capaces de abstraer esos principios para leer mapas adaptando a cada situación el tipo de información que emplean, como en el caso de los dos escenarios triangulares.

Fuente: Agencia SINC / Martes 13 de agosto de 2013


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“Hay que explorar la ciencia como proyecto de vida”

El presidente del CONICET visitó el Municipio de Granadero Baigorria, Santa Fe, y brindó una charla sobre vocaciones científicas orientada a escuelas secundarias.

La firma del acuerdo con la Municipalidad de Granadero Baigorria se realizó en la Escuela 422 del Municipio ante 300 alumnos secundarios que asistieron a la charla “Vocaciones Científicas: el rol del CONICET”, que brindó el presidente del CONICET, Roberto Salvarezza.

Este acuerdo rubricado por la intendenta interina Romina Luciani y Salvarezza, permitirá una comunicación fluida con el Municipio y facilitará el trabajo en conjunto para acciones de articulación con Universidades, escuelas secundarias y primarias, las cuales son sumamente importantes para fomentar la divulgación y ayudar a crear vocaciones científicas.

Acompañados por el secretario de Transporte de la Nación, Alejandro Ramos, el presidente del CONICET resaltó “necesitamos más vocación, necesitamos que la propia sociedad perciba que los recursos humanos en investigación son importantes, y eso no es un proceso que se hace en dos años”.

Salvarezza desafió a los jóvenes a “embarcarse en esta aventura que es la ciencia, que lo hagan porque cualquiera de ustedes puede ser científico, a diferencia de otros países, tenemos educación primaria, secundaria y universitaria pública accesible para todos”.

La jornada estuvo organizada por el municipio a través del Centro de Estímulo al Conocimiento y los alumnos presentes pudieron interactuar con el titular del organismo y con los divulgadores científicos e investigadores del CONICET Claudio Fernández y Valeria Edelstein.

Se trato de una oportunidad en la que Salvarezza también respondió preguntas generales sobre cómo ser un científico, cómo se puede acceder a un laboratorio, hasta aquellos interrogantes orientados a conocer acerca de disciplinas que generaban curiosidad sobre los temas que abordan.

Por su parte, Fernández y Edelstein se dirigieron a los presentes con un lenguaje didáctico y explicaron qué es hacer ciencia según la disciplina de cada científico y la historia personal de cada uno.

Fuente: CONICET / Martes 6 de Agosto de 2013


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El cuento de la buena Ciencia

Se cumplen diez años del Programa Divulgadores de Exactas-UBA. Por ese motivo, el coordinador del Programa, Guillermo Mattei cuenta cómo se desarrolló esta experiencia que involucra la participación de estudiantes con vocación de contar la ciencia en talleres, charlas, experiencias didácticas, Semanas de las ciencias y el proyecto Exactas va a la escuela.

por Guillermo Mattei

Durante la segunda mitad de los noventa, la Secretaría de Extensión (SEGB) de Exactas-UBA solía enviar correos electrónicos a toda nuestra comunidad académica –muy esporádicamente a lo largo del año– para convocar a docentes y graduados que, en forma voluntaria, pudieran concurrir a escuelas medias para orientar vocacionalmente a audiencias de alumnos de los últimos años mediante el despliegue de toda nuestra oferta de grado.

Esas convocatorias eran abiertas y sin mayor filtro, y se aceptaba a todo voluntario dispuesto. Sin embargo, a principios de los 2000, a partir de los antecedentes anteriores, en la Secretaría de Extensión comenzamos a discutir la manera de perfeccionar no sólo el mensaje, sino también a los mensajeros de Exactas en la escuela media. Se nos ocurrió entonces la idea de conformar un equipo de representantes oficiales de la Facultad que pudieran, con el compromiso y la responsabilidad de una relación laboral, transmitir no sólo información útil, sino también los aspectos más atractivos, novedosos y alejados de los mitos urbanos, suburbanos y rurales de las diferentes licenciaturas, profesorados y títulos intermedios.

Convocamos entonces a estudiantes de carreras ligadas a los ejes temáticos de Exactas con interés en este proyecto, y se presentaron unos cien: buen síntoma. A su vez, gracias a la heterogeneidad de formaciones y saberes de los miembros de la SEGB, pudimos evaluar y comparar la capacidad de comunicación de aquellos postulantes. Confirmamos lo que se puede advertir fácilmente en cualquier reunión social: la frescura en el lenguaje, el brillo en las miradas, el minimalismo en la vestimenta y los gestos algo contracturados de los bichos de Exactas, que se detectan fácilmente. Levemente nerds, pero simpáticos y compradores.

Con esa consigna, en 2003, elegimos a diez alumnos y nació el grupo al que se nos ocurrió bautizar como “Los Divulgadores” que, de acuerdo a una casual semejanza televisiva posterior, era un equipo destinado a resolver todo tipo de problemas de orientación vocacional mediante el recurso de la divulgación científica. El contenido académico institucional de su discurso tendría el asesoramiento de docentes responsables de cada Departamento y su formato sería propuesto por los comunicadores de Extensión. Tendría también rigor en la información y atractivo en la comunicación. Todos los años el equipo se renovaría por mitades para poder contar siempre con estudiantes no demasiado cercanos a su graduación.

Niñas y niños, adolescentes, adultos y adultos mayores, comunidades de la tercera edad, internos de unidades carcelarias, en ámbitos populares –como ferias y exposiciones– campamentos científicos, sociedades intermedias, escuelas medias de la Ciudad de Buenos Aires y secundarias del Gran Buenos Aires, del interior de la Provincia de Buenos Aires y hasta de algunos puntos del resto del país, fueron las audiencias y sus ámbitos de la última década. La poca diferencia generacional entre los Divulgadores y los estudiantes de la escuela media o secundaria fue decisivamente auspiciosa en general y, en el caso de paneles que se desarrollan en ámbitos educativamente vulnerables, en particular, el mensaje enviado y recibido ayudó a derribar mejor el mito apriorístico de la inaccesibilidad a la UBA para los sectores desfavorecidos.

Algunos escenarios estuvieron bien alejados de Ciudad Universitaria: Bragado, Chivilcoy, Mercedes o Marcos Paz. En esas ciudades, generalmente, hubo algunos auspiciosos reflejos por parte de las autoridades locales tales como invitar a los Divulgadores al teatro del pueblo, donde concentraron a todas sus escuelas secundarias. De esta manera, la eficiencia de la comunicación aumentó notablemente: un panel puede tener una audiencia de doscientos adolescentes.

Los testimonios

El entusiasmo que causa un divulgador al contar sobre su carrera atrapa tanto a adolescentes como a adultos. En un panel doble (mañana y tarde) organizado por el Instituto Libre de Segunda Enseñanza (UBA), se habían sentado un profesor de Veterinaria de la UBA y cuatro Divulgadoras de Exactas. El profesor, inició el panel en tono circunspecto y formal, leyó unas anotaciones que definían a la Veterinaria, enumeró todas la materias de la carrera, explicó el programa, describió las incumbencias del colegio profesional y detalló la salida laboral. Luego fue el turno de ellas. Cuando finalizaron, el profesor exclamó: “¡Me convencieron hasta a mí, yo quiero estudiar en Exactas!”. El panel de la tarde también lo iniciaba él pero, esta vez, sin papeles y definiciones, sin programas, en tono coloquial y descontracturado hizo eje en lo reconfortante de trabajar con animales, en muchos casos socialmente adorables, para finalizar diciendo: “Nosotros también tenemos mucha matemática y también somos casi una ciencia exacta”.

El alumno actual de la carrera de Biología Juan Esteban Vrdoljak explica: “Yo vivía en Villa Gesell. En mi escuela se organizó un campamento científico al que estaba invitado el Centro de Formación e Investigación en Enseñanza de Ciencias de Exactas-UBA. Recuerdo que el Divulgador de biología que venía de Buenos Aires me voló la cabeza y ahí comencé a preguntarme el cómo, el porqué y el cuándo de muchas cosas. Eso me decidió a seguir Biología en la UBA”.

“Con mi compañero Divulgador de Biología, no dejábamos de sorprendernos por desarrollar una actividad de este tipo en ese lugar tan impensado. La audiencia de veinticinco jóvenes estaba muy entusiasmada con nuestra charla. Dimos nuestro taller de medio ambiente y nos llovieron las preguntas finales. No recuerdo otro público tan participativo como ese. Nos contaban sus experiencias, valoraban ser escuchados siquiera un momento y, orgullosos, nos llevaron a recorrer sus espacios de estudio. Al final, se abrieron y cerraron los cerrojos y estábamos nuevamente en la calle. Una experiencia muy fuerte: estábamos saliendo del Centro Universitario de la UBA en el penal de Devoto”, recuerda el ex Divulgador de geología Agustín Quesada.

El ex Divulgador de química, Gabriel Salierno sintetiza: “Uno se siente un héroe cuando realiza un experimento demostrativo con sus propias manos ante audiencias no académicas.”

La combi que había mandado la municipalidad de Marcos Paz estaba estacionada en la playa del Pabellón II, en medio de una bruma invernal, poco antes del amanecer. Junto con el grupo subimos los miembros del Equipo de Popularización de la Ciencia, Valeria Fornes y yo, y el coordinador editorial de EXACTAmente, Juan Pablo Vittori, que oficiaba de fotógrafo. En el complejo cultural de la Municipalidad nos esperaban, a las ocho, unos doscientos alumnos. “Ya el viaje es una experiencia en sí misma. Entre mate y mate los integrantes del programa organizan la charla, reviven experiencias previas y cuentan –como al pasar– increíbles anécdotas de su propio derrotero hacia Exactas, y lo hacen con tal pasión que ya se puede prever cómo pintarán los avatares de la vida científica a los chicos de las escuelas”, relata Vittori. Quizás no en un extremo tan caricaturesco, pero sus diálogos durante estos viajes podrían haber nutrido los guiones de la serie televisiva The Big Bang Theory.

“La vida como Divulgador fue desde el principio muy intensa, si bien no existía una rutina semanal como en los demás cargos docentes, había que poner el cuerpo en cada Semana de las Ciencias, ir a dar charlas a escuelas, cárceles, bibliotecas populares, animar las vacaciones en el Planetario y aparecer en los lugares más inesperados”, detalla Luciano Iribarren, ex Divulgador de biología y continúa: “con mi compañero de geología, nos interesaba mucho el humedal que se encuentra detrás de los pabellones II y III de Ciudad Universitaria; sobre todo porque estaba amenazado por posibles parquizaciones. Así, en la Semana de la Biología, obtuvimos permiso para armar nuestro propio stand sobre el humedal y, con material del pantano, armamos un tipi, o refugio, hecho de cañas en el playón del Pabellón II. Mucha gente se interesó, entre ella, un visitante del stand que nos había escuchado con mucha atención. Al terminar la exposición, nos detalló aspectos legales e institucionales que desconocíamos sobre el predio del pantano. Al preguntarle cómo sabía tanto, nos contestó: ‘Soy el Decano de esta Facultad’. Luego de casi pegar un salto, continuamos charlando un rato y luego se despidió, comprometiéndose a tomar cartas en el asunto de la parquización”, recuerda Iribarren.

“Y es que uno nunca deja de ser Divulgador aunque haya terminado sus dos años de contrato. No sólo porque sigue convenciendo a jóvenes para que estudien en Exactas, sino también porque, aunque se esté en retiro pasivo, se corre el peligro de estar distraídamente volviendo del bar con un café y dos medialunas, y ser interceptado furtivamente por Guille Mattei pidiéndote el favor de ¡cubrir el puesto de un Divulgador ausente en una actividad que se está desarrollando en ese mismo momento!”, relata Maximiliano Urso, ex Divulgador de computación.

Verónica Pérez Schuster fue Divulgadora de física. “En una clase en donde yo era docente de la materia Física 1 se me acercó un alumno y me dijo: ‘Vos sabés que yo estudio Física por vos, ¿no?’. El flamante alumno de Exactas había participado en una charla de carrera en donde yo había reemplazado a Guille Mattei dos años antes”, recuerda.

Los Divulgadores

Narradores del origen del universo, de la Tierra, de la atmósfera, de los océanos, de la vida, del hombre, del pensamiento abstracto y del cómputo. Eficientes guías de las Semanas de las Ciencias. Panelistas de estrictos ocho minutos. Adultos recientes hablando en jerga adolescente. Extrovertidas y presuntos tímidos. Circunspectas y verborrágicos. Pero todos los Divulgadores tienen una magia que, inevitablemente, atrapa la atención de las audiencias cuando despliegan explicaciones sencillas sobre el conocimiento que sus docentes investigadores transmiten y crean, cuando informan con precisión sobre sus carreras o cuando representan orgullosamente a Exactas.

Fuente: Noticias Exactas / Viernes 2 de Agosto de 2013


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Una práctica novedosa mejora la memoria de los niños

Investigadores del CONICET analizan estrategias que colaboran en el proceso de aprendizaje en estudiantes de escuelas primarias.

por Alejandro Cannizzaro

Fabricio Ballarini, becario pos-doctoral del CONICET, estudia a través de un mecanismo denominado etiquetado conductual la posibilidad de fijar en la memoria un evento recién sucedido a partir de la realización de otra tarea novedosa diferente.

Cuestionarios realizados a 1600 estudiantes de segundo a cuarto grado de ocho escuelas primarias de la provincia de Buenos Aires permitieron inferir “que la memoria de largo término puede ser mejorada mediante la experiencia de una clase novedosa de unos quince minutos de duración, brindada una hora antes o una hora después del aprendizaje”, según indica la investigación publicada en junio en la revista científica PLOS One.

“Con la idea de plantear actividades simples dentro del ámbito escolar, se leyeron a los alumnos los cuentos de Ema Wolf: Gervasio el hombre bala y Dientes y, una hora después, se dictó una clase de ciencia para alguno de los chicos que escucharon el relato. Al otro día se les tomó un examen sobre lo leído. Los alumnos que presenciaron el ‘evento novedoso’ memorizaron mucho más efectivamente el relato que quienes no lo presenciaron”, comenta Ballarini.

Para la directora del proyecto e investigadora independiente del CONICET, Haydée Viola, en el laboratorio de Memoria del Instituto de Biología Celular y Neurociencias “Prof. E. De Robertis” (IBCN, UBA-CONICET), el objetivo del estudio era estudiar si en los humanos se pueden formar memorias duraderas mediante un mecanismo similar al recientemente demostrado en modelos murinos –roedores-.

Así, los resultados arrojaron que el 60 por ciento de los estudiantes que participaron de la clase de ciencia respondieron correctamente las preguntas de mayor grado de dificultad relacionadas a memorizar detalles específicos de la historia. Solo el 20 por ciento de los que no la presenciaron acertaron esas mismas preguntas. Estadísticamente, representa una mejora de unos sobre otros del 200 por ciento.

Para Ballarini lo sorprendente de la investigación es que resulta efectiva utilizando diferentes aprendizajes a memorizar. Presentaron a los estudiantes una figura geométrica compleja y luego un grupo de alumnos participó de una clase sorpresa de ciencia. Los resultados fueron similares a los del evento anterior. De igual manera, cuando se reemplazó la clase de ciencia por otra clase novedosa de música, los resultados volvieron a replicarse.

El equipo de investigadores había estudiado en roedores el mecanismo de etiquetado conductual, que explica el fenómeno por el cual el aprendizaje de una tarea que sólo induce una memoria de corto término puede ser más persistente mediante la realización de otra tarea novedosa asociada.

Según explica Ballarini, un aprendizaje débil deja una marca o etiqueta conductual. Una memoria que no perdura generaría una marca en aquellas sinapsis (conexión entre neuronas) que activa, pero no induciría, la síntesis de proteínas necesarias para formar memorias de larga duración.

“Sin embargo hemos demostrado que dicha marca puede utilizar proteínas sintetizadas raíz de otra experiencia novedosa temporalmente asociada”, asegura. Este fenómeno se evidenció en varios paradigmas de aprendizaje, lo que sugeriría que este proceso opera como un mecanismo general en la formación de memorias duraderas en roedores.

“La pregunta que nos hicimos a partir de los estudios de laboratorio era si existe un mecanismo que opere de modo similar en la formación de una memoria en humanos. Luego de observar los resultados en estudiantes nos resultó sorprendente la similitud notable en los procesos de formación de memoria a largo plazo observados en roedores y aquellos evidenciados en humanos”, comenta Viola.

El experimento parece arrojar resultados positivos sólo si la clase de ciencia era dictada una hora antes o una hora después de la lectura de cuentos o la clase de música. Si era presenciada a tiempos mayores a las cuatro horas, la memoria no era mejorada. Además, la actividad asociada al aprendizaje debía ligarse a la novedad y no funcionaba si a los estudiados, el evento les resultaba familiar.

“Actualmente estamos buscamos medir cuánto tiempo pueden extenderse los recuerdos del aprendizaje, y tenemos indicios que las mejoras podrían perdurar más de un mes y medio”, explica Viola.

Cristina Souto fue directora del colegio primario Bernardino Rivadavia de la localidad de Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires, y presenció el experimento mientras desempeñaba el cargo antes de su retiro en el año 2011. “Es interesante ver cómo algunos alumnos que habitualmente no pueden memorizar algunas respuestas en un examen tradicional, contestan correctamente las preguntas luego de la clase de novedosa ciencia o de música”, analiza.

Souto comenta que, según su experiencia docente, cuando un alumno se encuentra frente a una actividad que le resulta significativa los resultados en el aprendizaje son más efectivos e integrales. En este sentido, concluyó que luego de la clase de ciencia no sólo mejoraron la memoria literaria del cuento sino también entablaron un lazo afectivo con los científicos y asumieron un nivel de compromiso para con la actividad mayor al habitual.

Viola, que se muestra entusiasmada con los resultados, destaca además que la realización del experimento no implica un costo económico y es fácil de aplicar. “Todas las actividades fueron pensadas para ser replicadas dentro del contexto escolar. Por ejemplo, para las prácticas novedosas que ayudaron a mejorar la memoria se utilizaron elementos simples que normalmente se pueden encontrar en cualquier institución”, concluye.

Fuente: Conicet / Miércoles 31 de Julio de 2013


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35 premios Nobel y 600 jóvenes investigadores

Cuando éramos niños nos relataban esos cuentos originados en la recopilación de los Hermanos Grimm, en los cuales había condes y condesas, grandes héroes y héroes por nacer, palacios y pueblos de ensueño. Este relato ocurre en un pueblito de cuento de hadas llamado Lindau, donde los nacientes héroes de la ciencia, jóvenes investigadores de todas partes del mudo, se reúnen a escuchar las anécdotas de los veteranos más laureados, los ganadores del Premio Nobel.

Son los llamados Lindau Nobel Laureate Meeting. La idea principal de estas reuniones es conectar y enseñar, que las nuevas generaciones se nutran de la experiencia que destilan las viejas generaciones de investigadores.

En ese pueblito de ensueño que es Lindau, enclavado en una isla del lago Constanza, Alemania, se cumple el sueño de todo científico que recién empieza su carrera, que es el de poder charlar de frente con los veteranos de la ciencia, con aquellos que llevan décadas de investigación encima y que han aportado su granito a la historia y al avance de la ciencia.

El principal objetivo de las Lindau Nobel Laureate Meetings es que los 600 investigadores jóvenes que acuden cada año a Lindau se puedan conectar entre sí y con los premios Nobel. La carrera de un científico que se inicia puede llegar a ser muy dura, por lo que tener la oportunidad de hacer conexiones como ésta es un gran logro para los 600 jóvenes que fueron elegidos para asistir a Lindau.

Argentinos en Lindau

Un ejemplo de ello son Laura Mazzaferro, Victoria Flexer y Javier Bardagi, tres investigadores argentinos que se dedican a la química, y que estuvieron en Lindau. Laura y Javier están terminando sus estudios de post doctorado en Alemania. Victoria lo está haciendo en Bélgica. Esto resume un poco una de las metas de estas reuniones: la de anular las fronteras. Que la ciencia no tenga nacionalidad, más que la de la humanidad.

Podrá parecer naïf, ya que si bien los científicos no tienen problemas en desarrollar sus investigaciones en diferentes países, sus descubrimientos a veces no se transforman en un bien de la humanidad, ni en el de una nación dada, sino tal vez de una compañía. Lindau aboga por compartir el conocimiento.

Laura Mazzaferro es una argentina de La Pampa, que se recibió de licenciada en Química en 2007, en la Universidad Nacional de La Pampa, y se doctoró con beca del Conicet en 2011. Para 2012 ya estaba realizando su post doctorado en Alemania, becada por la Fundación Alexander von Humboldt, en la Universidad de Freiburg.

“Cuando recibí la nominación para participar de la reunión Lindau –nos contó Laura antes de que se iniciasen las reuniones– fue una gran sorpresa, porque siendo estudiante en la UNLPam jamás me imaginé poder encontrarme algún día con nada menos que los premios Nobel de Química. Considero que estos científicos son la cara visible de excelentes grupos de trabajo, sin los cuales los descubrimientos que realizaron no hubieran sido posibles. Por eso me gustaría preguntarles cómo fue ese proceso de armar un grupo de trabajo y llevar adelante una línea de investigación, qué dificultades tuvieron y cómo las resolvieron. Sí, me interesa particularmente ‘eso que no se cuenta’, o sea, el día a día de trabajar en investigación.”

Victoria Flexer es doctora en Química de la Universidad de Buenos Aires, y está investigando en la Universidad de Ghent, Bélgica, becada por el programa Marie Curie Actions. Allí llegó desde Australia, donde trabajó como investigadora. Antes estuvo en Francia, donde hizo un post doctorado de tres años.

Esto ya nos habla de una científica inquieta. “Ahora estoy trabajando en estudios de corrosión y recubrimientos anticorrosión aplicados en particular a conservación de patrimonio cultural (objetos antiguos, incluyendo arqueológicos)”, nos cuenta Victoria. “Lo que más me interesa del meeting de Lindau –dice Victoria– es la posibilidad de escuchar conferencias sobre temáticas muy diversas, donde espero que los oradores darán una charla tratando de abarcar una visión amplia de algún tema. A mí siempre me gustó la ciencia en un sentido amplio, y me interesa incluso la posibilidad de moverme entre distintos temas. Algo que un poco he hecho en estos años de trabajar en el extranjero. Lamentablemente esto no es muy fácil, dado que cuando uno busca un nuevo puesto científico en general buscan contratarte por la experiencia que ya tenés en determinado tema, y no porque vos tenés ganas de aprender cosas nuevas en una temática completamente distinta.”

Javier Bardagi es otro químico argentino, doctorado en la Universidad Nacional de Córdoba, que también logró una beca de la Fundación Alexander von Humboldt, para trabajar en la Universidad de Regensburg, Alemania.

“Principalmente –nos cuenta Javier–, espero poder conocer o interpretar la visión del futuro de los premios Nobel, cómo encaran sus proyectos a largo plazo. Por supuesto que también es una gran oportunidad para conocer investigadores de diferentes países y compartir ideas, algo que siempre es bueno y que muchas veces te lleva a ver las cosas desde otra perspectiva. Por suerte el entusiasmo se contagia y uno puede cargar pilas al encontrarse con personas que muestran un gran entusiasmo por lo que hacen.”

Enseñar la ciencia

Hacia el final de la semana de Lindau, Victoria Flexer nos cuenta que “es la mejor conferencia en la que jamás estuve. Me voló la cabeza. Te puedo decir que las tres palabritas del leit motiv de la conferencia se aplican a la perfección: me eduqué, o sea, aprendí cosas nuevas; me conecté, o sea, conocí un montón de colegas con quienes entablé discusiones muy interesantes y con quienes tal vez en el futuro termine colaborando, y por sobre todas las cosas sirvió para inspirarme. Me di cuenta de que los Nobel son tipos del montón pero con una mente brillante. En los 6 días que pasé en Lindau, no vi una sola muestra de arrogancia, de soberbia, ni de pedantería. Todo lo contrario, muchísima humildad, siempre un reconocimiento a sus colaboradores en el laboratorio, a la pequeña cuota de azar que ayudó a algunos a descubrir algo único. La buena onda constante para detenerse y responder preguntas mano a mano cuando te los cruzabas en un pasillo”.

“¿Cómo no sentirme ahora obligada a enseñar en mi regreso a Argentina, después de haber pasado una semana con estos tipos en un proceso de aprendizaje permanente?”, reflexiona Victoria. Es lo que resume el paso de los jóvenes investigadores y de los Nobel por Lindau.

Fuente: Página 12 / Sábado 20 de Julio de 2013