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El día a día de la Ciencia


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Hallazgo y rescate de fósiles y objetos de pueblos originarios

Dos hallazgos arqueológicos de gran relevancia se produjeron en la provincia y el material fue rescatado gracias a las acciones emprendidas desde el Ministerio de Cultura y Comunicación, en cumplimiento de la ley provincial de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico número 9.686.

El primero tuvo lugar en la escuela 31 de Islas del Ibicuy, donde se encontraron enterratorios aborígenes y otros objetos que los investigadores consideran de gran valor, dado que su antigüedad oscila entre los 1.500 y los 2.000 años. El segundo se produjo en cercanías de la localidad de Larroque, donde se encontraron restos fósiles de un mamífero gigante que habitó el territorio provincial hace 10.000 años.

“Atrás quedaron los años en los que a los científicos e investigadores se los mandaba a lavar los platos en la Argentina. Hoy hay inversión, capacitación y apoyo para estas acciones, que nos enorgullecen”, expresó el ministro de Cultura y Comunicación, Pedro Báez, al dar a conocer un informe con detalles sobre los hallazgos.

El funcionario destacó especialmente la colaboración de las comunidades involucradas y resaltó también el trabajo fructífero entre organismos de distintos niveles que intervinieron para garantizar el rescate y la preservación del valioso material, que se integró al patrimonio provincial.

Enterratorio

El hallazgo en Islas del Ibicuy se produjo en el predio en el que está emplazada la escuela 31 Gabriela Mistral, en Villa Paranacito, antes de los trabajos de refacción y ampliación del edificio. Antes del inicio de las obras, el Ministerio de Cultura y Comunicación tomó intervención a través del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Profesor Antonio Serrano, órgano de aplicación de la ley 9.686, ante indicios de un posible sitio arqueológico advertido por gente del lugar y por un antecedente de rescate en 2006.

“Gracias a la memoria oral y a investigaciones históricas, en la zona se sabía que el lugar podría ser un cerro indio, razón por la cual, preventivamente, intervino personal del Museo Serrano, junto al equipo de intervención arqueológica del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano del Conicet y a técnicos del Ministerio de Planificación e Infraestructura de la provincia”, indicó Báez.

Según el informe elevado por Daniel Loponte, director del equipo de Conicet, los trabajos desarrollados implicaron la excavación de más de 40 metros cuadrados del sector donde se desarrollará la obra. “Esas tareas permitieron recuperar tres enterratorios aborígenes ubicados a más de un metro de profundidad, una colección de alfarería indígena con patrones decorativos y ornamentos que son novedosos para la región de Ibicuy, una importante colección faunística, bolas de boleadora, numerosos morteros de piedra y diversos artefactos de hueso”, enumeró el experto.

Si bien la antigüedad de las ocupaciones aún no se conoce con exactitud, dado que se esperan los resultados de las dataciones radiocarbónicas, el contexto arqueológico recuperado permitió a los investigadores considerarlo como un sitio muy antiguo. Como referencia, se toman los hallazgos en un sitio arqueológico vecino, donde se obtuvieron dataciones de 2.300 años atrás para las primeras ocupaciones humanas conocidas del área.

Fósiles

El hallazgo en la localidad de Larroque corresponde a restos fósiles de un mamífero gigante que habitó el territorio hace unos 10.000 años. La pieza fue enviada al Museo Serrano para su estudio, siempre de acuerdo a lo establecido en la ley de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico.

Fue un pescador de la zona, Julio Caballero, quien halló la pieza y la entregó a técnicos de la Secretaría de Ambiente de la provincia que en ese momento realizaban tareas de muestreo sobre el río Gualeguay.

“Estábamos pescando con mi amigo Alexis Huk, en la zona de El Corralito, en el río Gualeguay, cuando enganché sin querer con el anzuelo este objeto. Como nos llamó la atención su forma y no sabíamos si se trataba de un hueso o una piedra, se lo entregamos a la gente que estaba realizando estudios en la zona”, contó Caballero.

Inmediatamente después de haber tomado contacto con el fósil, el secretario de Ambiente, Fernando Raffo, se comunicó con las autoridades del Ministerio de Cultura y Comunicación y desde allí se pusieron en marcha los mecanismos correspondientes para garantizar la preservación del material encontrado y proceder a su análisis.

“Me informaron que la pieza hallada es una hemimandíbula de megaterio, de la fauna que se extinguió en nuestro territorio 8.500 años antes del presente“, puntualizó el ministro Báez. El megaterio es un perezoso gigante continental y está registrado como uno de los más grandes que existieron. Alcanzaba los 6 metros de altura parado en dos patas y aproximadamente 5 toneladas de peso. Estos perezosos fueron parte de la megafauna autóctona sudamericana que pobló densamente la región en el transcurso del período pleistoceno.

Avisar de inmediato

“En ambos casos, importa destacar el aporte de la comunidad, que nos ayuda a cumplir la ley y a recuperar estos materiales tan valiosos”, dijo Gisela Bahler, directora del Museo Serrano, al tiempo que indicó que, al advertir el posible valor patrimonial de un objeto hallado, es importante dar aviso de inmediato para que se realicen las acciones necesarias.

La directora indicó que, cuando sea posible, conviene no levantar los materiales del lugar en el que fueron hallados para que no se pierda el contexto. También resaltó la colaboración de todos los organismos del Estado nacional, provincial y a los municipios.

La ley provincial 9.686 es concordante con la ley nacional 25.743 y tiene como fin la preservación y protección del patrimonio arqueológico y paleontológico como parte integral del patrimonio cultural de la provincia de Entre Ríos y el aprovechamiento científico y cultural del mismo.

Por lo tanto, la comunidad tiene la obligación y el derecho a denunciar cualquier hallazgo realizado en una región determinada ante el ente regulador, que es el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Profesor Antonio Serrano, sito en Carlos Gardel 62, en Paraná. Teléfono 0343 – 4208894, e-mail: museoserrano@gmail.com

Fuente: El Diario de Entre Ríos / Lunes 5 de Agosto de 2013

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Hallan en México gigantesca cola de dinosaurio

Los restos fosilizados de una cola de dinosaurio que se calcula tiene 72 millones de antigüedad fueron descubiertos en una zona desértica del norte de México.

Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la cola, de cinco metros, está extraordinariamente bien conservada.

Luego de 20 días de trabajo en el desierto de Coahuila, municipio de General Cepeda, los paleontólogos del INAH y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) lograron recuperar 50 vértebras completas de la cola, la única articulada que se ha descubierto hasta el momento en México.

Las 50 vértebras excavadas permanecen unidas entre sí como cuando el dinosaurio habitaba el planeta. La larga cola equivaldría a casi la mitad del esqueleto del dinosaurio, cuya longitud total se calcula en 12 metros.

El tipo de dinosaurio al que pertenece el ejemplar contaba con entre 50 y 70 vértebras caudales. Además del esqueleto de la cola, se han recuperado huesos largos y de la cadera durante los 20 días que lleva la excavación.

Según Felisa Aguilar, paleontóloga del Centro INAH-Coahuila, las características de las vértebras caudales y sacras han permitido distinguir que se trata de un hadrosaurio o pico de pato con cresta, nombrado científicamente como Lambeosaurino.

Sin embargo, para especificar la especie con exactitud es necesario contar con más huesos. La paleontóloga aseguró que el equipo cree que debajo de la cola está el resto del ejemplar.

La importancia de los huesos unidos

La recuperación de este esqueleto es de gran importancia para la paleontología, ya que es muy raro encontrar este tipo de ejemplares con la mayoría de sus huesos unidos.

“Para el estudio biológico de los dinosaurios este hallazgo es importante porque vamos a tener una secuencia que permitirá conocer las características de las vértebras“, dijo Ángel Ramírez Velasco, miembro del equipo de paleontólogos del proyecto.

“Muestra el espacio donde se hallaba el tejido cartilaginoso entre vértebras, lo que ayudaría a estudios de biomecánica de la cola”, destacó Ramírez.

El esqueleto fue hallado por José y Rodolfo López Espinoza, a principios de mayo de 2005.

En junio de 2012 fue reportado al INAH, y luego de una inspección para corroborar el hallazgo se procedió a elaborar el proyecto de rescate, mismo que dio inicio luego de ser aprobado por el Consejo de Arqueología del Instituto. El rescate se realiza con apoyo del gobierno municipal de General Cepeda.

Fuente: BBC Mundo / Martes 23 de Julio de 2013


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Animales extinguidos podrían volver a la vida

Un polémico programa científico pretende usar el ADN de especies como el tigre de Tasmania o el mamut, para clonarlas.

Suena a relato de ciencia ficción, pero no lo es. Revivir especies extinguidas estaría cada vez más cerca de hacerse realidad, gracias al “proyecto Lazarus”, un programa científico que pretende usar el ADN de animales desaparecidos para clonarlos y así traerlos de vuelta a la vida.

El tigre dientes de sable, el de Tasmania, el mamut lanudo y el dodo –un pájaro parecido a un cisne– son algunas de las especies que están contempladas en el programa.

Este proyecto gestado en Reino Unido y Australia ya tiene un logro en su haber: insertaron el genoma de la rana australiana, extinguida en 1983, en un tipo de rana similar, a fin de reproducir el animal vivo dentro de unos años. El ADN se obtuvo de tejidos del anfibio que se conservaron congelados desde la década del setenta.

El equipo planea reproducir otros animales y aseguró que la misma tecnología podría ser utilizada para cualquier organismo.

Sin embargo, la controversia no tardó en estallar. Por un lado, el grupo “Revivir y restaurar”, que apoya a Lazarus, tiene planeado “des-extinguir” 24 especies, desde plantas hasta mamuts. Por el otro, los que consideran que estos procedimientos requieren mucho tiempo y dinero, que debería invertirse en cambio en preservar los animales que aún viven. “Los partidarios del programa de des-extinción aseguran que es un imperativo moral, pero en muchos casos no hay lugar para estos ejemplares, ya que sus hábitats han desaparecido“, señala el escritor Brian Switek, de la revista National Geographic.

Los más conservadores se preocupan además por el mensaje que se da con estas prácticas.

Es emocionante, pero tales esfuerzos pueden llevar a una falsa sensación de seguridad“, advirtió Carly Waterman, director de Edge, un proyecto de especies en peligro de extinción de la Sociedad Zoológica de Londres.

El peligro que podría implicar para los humanos la reproducción de animales es otro factor a tener en cuenta. “La razón por la cual el tigre de Tasmania llegó a extinguirse, es porque se percibe como una amenaza para los agricultores“, mencionó el especialista del Museo de Historia Natural, Roberto Miguez.

Fuente: La Razón / Lunes 25 de Marzo de 2013


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Pisadas que hablan

La icnología es una disciplina surgida en los últimos cincuenta años y que se ocupa de estudiar el comportamiento fósil, es decir, analiza las huellas de seres que se desplazaron sobre la superficie terrestre hace millones de años. Pero esas huellas, además de contarnos cómo vivía el organismo en cuestión, permiten describir el ambiente en el que transcurrían sus días.

por Susana Gallardo

Encontrar pisadas frescas en una playa desierta puede ser desconcertante. Es lo que le pasó a Robinson Crusoe cuando encontró huellas humanas y se sintió alarmado y amenazado: la isla donde se había refugiado no estaba deshabitada, como había creído.

Algo muy diferente es encontrar pisadas o trazas fosilizadas, por ejemplo, de dinosaurios o de otros seres que han vivido hace millones de años. Huellas que nos dicen: “Por aquí pasamos”. Lo interesante es que, quienes estudian este tipo de huellas –detectives del pasado–, son capaces de reconstruir la escena completa: hacia dónde iban, qué tamaño tenían, si corrían o se desplazaban con morosidad, qué características tenía la playa, el oleaje o la marea, y muchos aspectos más del entorno.

Esos Sherlock Holmes del pasado son estudiosos de una disciplina que surgió como tal en la década de 1960: la icnología, que emerge como hija de la geología y de la paleontología, pero que hoy ha tomado vuelo propio. Es más, la Argentina es relativamente pionera en formación de escuela en icnología, y es el país de Latinoamérica que, probablemente, tenga la mayor cantidad de investigadores que trabajan en esta disciplina.

La icnología es el estudio de las huellas o trazas fósiles dejadas tanto por vertebrados como por invertebrados, y que indican un determinado comportamiento”, define el doctor Pablo Pazos, investigador en el Departamento de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Y grafica: “Cuando nosotros caminamos con tranquilidad, lo hacemos con un tipo de paso. Cuando corremos, dejamos otro tipo de huella. Si el suelo está caliente, corremos de una determinada manera. Las variaciones en el comportamiento pueden registrarse según las marcas que quedan”.

Además, a través del estudio de las icnitas (huella o marca, en griego) es posible inferir ciertos parámetros del entorno que no se pueden determinar de otra manera. En efecto, las trazas fósiles pueden indicar si una superficie que era fondo marino quedó expuesta, si la oxigenación era alta o baja, si el oleaje era intenso, si había disponibilidad de alimento o éste escaseaba.

Las icnitas dan cuenta de las condiciones del lugar en el momento en que se produjeron. Es como una fotografía de ese instante”, destaca Pazos.

Muchas veces, una huella es el único rastro dejado por un organismo, pues sus restos fósiles no pudieron conservarse. Así, es posible encontrar pisadas de dinosaurios en lugares donde nunca se encontraron los huesos de estos animales, porque las condiciones para la preservación no eran las óptimas.

En el fondo del mar, con una ausencia casi total de oxígeno, puede suceder que se encuentre la huella de algún organismo que tenía la capacidad de vivir con muy bajos niveles de oxígeno. Es decir, que se tendrá una evidencia directa de vida en un lugar donde no se esperaría hallarla, y donde no se encuentren tampoco restos fósiles.

No siempre es posible asegurar que tal huella haya pertenecido a un organismo determinado. “Con las trazas de vertebrados es más fácil que con las de los invertebrados”, comenta Pazos. En el caso de invertebrados, distintos organismos pueden dejar la misma traza.

Como una foto

En una icnita muy bien preservada, pueden identificarse, por ejemplo, las antenas y los apéndices de un invertebrado y sus características. También, se puede inferir el tipo de desplazamiento del organismo, si fue continuo o a saltos. Esa información se combina con el estudio de las características de la roca, y se obtiene una “foto” de un ecosistema del pasado. “Si estudio sólo las rocas, me estoy perdiendo parte de la información. Si sólo miro la icnología sin analizar el contexto geológico donde se encontraron esas trazas, puedo cometer errores en la interpretación”, reflexiona Pazos.

La icnología comenzó su desarrollo siendo sólo una herramienta para los paleontólogos.  Sin embargo, para Pazos, “en los últimos cincuenta años se ha avanzado lo suficiente como para decir que se ha constituido en una entidad propia, incluso se han desarrollado subdisciplinas, que estudian aspectos muy específicos”.

La conservación de una huella está determinada por diferentes factores. Por un lado, las características del sustrato, por ejemplo, la presencia de arcillas con determinada plasticidad. Otro factor que puede contribuir, según una hipótesis, es el desarrollo de una fina capa de microorganismos, que funcionaría como una lámina que calca las marcas “dibujadas” en la superficie. La posibilidad de preservación de una huella sobre una superficie aumenta si se forma sobre ella una carpeta o tapete microbiano (microbial mat).

No son lo mismo las trazas que se producen en ambientes donde hay mucho oleaje y mucha energía, que las que se generan en ambientes mareales donde hay mezcla de sedimentos, tapetes microbianos y material arcilloso. Se pueden encontrar huellas que se formaron entre una marea y otra, y así se obtiene una foto de lo que aconteció a lo largo de doce horas.

También en 3D

Hay trazas que se producen en una superficie plana, pero hay otras que se generan en las tres dimensiones. En el caso de los seres humanos, si una persona está caminando, y a la vez comiendo y charlando, lo único que va a quedar registrado en la superficie es la pisada. Pero “si se trata de un animal invertebrado que vive dentro del sustrato, que puede estar desplazándose, respirando por los sifones, defecando y comiendo, todo a lo largo del recorrido, las huellas de cada una de esas conductas pueden quedar registradas. Para ello hay que integrar la información como un rompecabezas, información que la roca no siempre entrega toda junta”, dice el investigador.

Los rastros de los invertebrados son menos espectaculares que una huella de dinosaurio, pero su hallazgo permitió conocer, por ejemplo, un grupo de bivalvos que no estaban representados en el registro paleontológico de la Cuenca Neuquina. “La traza tiene una determinada característica que indica que los sifones con los que respiraban estaban juntos, mientras que el resto de bivalvos que se han encontrado no tienen esa particularidad. A través de la traza se puede saber que esos bivalvos tan particulares existieron, teniendo en cuenta que no se han conservado sus restos fósiles”, dice Pazos.

La marca del diente

Si bien las improntas de las hojas de los árboles dejadas en la roca no se consideran como icnitas, porque por sí solas no dan cuenta de un comportamiento, si esa hoja tiene la marca de un herbívoro que intentó devorarla, estamos, sin duda, en presencia de una icnita. “Si las hojas tienen trazas de haber sido mordidas, por ejemplo, por hormigas o larvas, esas huellas dan información acerca de las condiciones de esa comunidad, porque no será posible hallar a esas hormigas o a esos parásitos”, explica.

Si se encuentra un hueso fósil, pero a su vez ese hueso tiene la marca de los colmillos de otro animal, se trata de una icnita. El hueso en sí no lo es, pero sí lo es la marca del colmillo, que indica que el animal fue presa de otro.

Asimismo, los coprolitos, que son el resultado de la mineralización de excrementos humanos o animales, constituyen un resto fósil, pero también indican un comportamiento, un proceso biológico. También la construcción de nidos constituye la huella de un comportamiento.

Las aplicaciones de la icnología son múltiples. De hecho, también brinda información relevante en la exploración de petróleo, pues puede dar cuenta de las características de los sedimentos. “Cuando se extrae un testigo de perforación petrolera, uno necesita analizar la información icnológica”, describe Pazos.

En resumen, las huellas brindan información desde el punto de vista geológico, porque permiten reconstruir el entorno ambiental del momento en que se produjeron, y también llenan baches en el conocimiento desde el punto de vista paleontológico, porque hacen posible conocer qué organismos vivieron en un momento determinado, aunque sus restos fósiles nunca se hayan encontrado. El estudio de las icnitas abre un campo fascinante en el conocimiento del pasado lejano, y hace posible tener la película completa.

Caminata de dinosaurios por la orilla

Hace casi 130 millones de años, los dinosaurios podían pasearse por la costa de un mar poco profundo, en la provincia de Neuquén, en las cercanías de Chos Malal. ¿La prueba? Numerosas pisadas, de 25 a30 centímetros de largo, que indican que se trataba de animales de mediano porte, de unos tres metros de altura. Las huellas son tridáctilas y denotan un andar bípedo; se trataba de animales que caminaban erguidos en dos patas. Además, las garras aguzadas señalan que eran dinosaurios carnívoros.

A partir de esas huellas, los investigadores pudieron reconstruir la geología de la zona, cambiando la perspectiva que se tenía previamente. Así lo explican en un reciente artículo publicado en la revista Gondwana Research, firmado por Pablo Pazos, junto con Darío Lazo, Beatriz Aguirre-Urreta y Claudia Marsicano.

Si bien se sabía que la zona estudiada (la cuenca del río Agrio, en el noroeste de la provincia de Neuquén) estaba bañada por las aguas ingresantes del paleopacífico, se creía que esa zona constituía un área marina profunda. Sin embargo, a partir de esas huellas, los investigadores pudieron determinar que el lugar era un mar poco profundo, con zonas que podían, de tanto en tanto, quedar al descubierto y desecarse.

Los fósiles típicos de un fondo marino son los moluscos, como los amonites o los bivalvos. Pero esa zona carecía de esos fósiles. En la búsqueda de una explicación, los investigadores encontraron las pisadas. “Estas huellas hablan de una zona costera, sometida a mareas y muy poco profunda, muy estresante para muchos organismos e inhabitable para otros”, indica Pazos, que estudia las rocas sedimentarias, para determinar el ambiente y sus cambios en el tiempo.

El estudio de las trazas y las rocas sedimentarias permitió determinar que los animales se desplazaban a lo largo de la orilla. “Las huellas encontradas modificaron totalmente el concepto que se tenía de esa área e invita a la confección de nuevos mapas, muy útiles en la industria petrolera”, destaca Pablo Pazos.

Huellas en la playa

Pisadas de dinosaurios terópodos en rocas carbonáticas de la Formación Agrio de la Cuenca Neuquina. El hallazgo de las huellas confirma que esa zona estuvo expuesta hace aproximadamente 130 millones de años y, además, indica que estos dinosaurios se desplazaban paralelamente a la línea de costa, teniendo en cuenta las microondulaciones que se observan en la superficie y que son producidas  por el oleaje. La superficie muestra que hay huellas anteriores y posteriores al oleaje costero. Sin embargo estudios microscópicos de la roca no dejan dudas de que se trataba de sedimentos marinos que fueron expuestos y que permitieron las caminatas de los dinosaurios.

Fuente: Noticias Exactas de la UBA / Lunes 18 de Marzo de 2013


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Norberto Giannini: el tucumano que se encontró con el primer mamífero

En este mundo de inmensas ballenas azules y de mínimos murciélagos, los humanos somos, como ellos, mamíferos placentarios. Todos hemos evolucionado a partir de un ancestro parecido a un ratoncito que vivió después de que se extinguieron los dinosaurios.

Este trabajo resuelve el problema de cuándo aparecen los mamíferos placentarios en la historia de la vida, con una fecha específica: justo después del impacto del asteroide que causa la extinción de los dinosaurios“, plantea Norberto Giannini.

Se refiere al proyecto que integra la serie “Ensamblando el árbol de la vida”, que él integra. La NSF (National Science Foundation, EEUU) auspicia el programa, estructurado en dos grandes equipos de investigadores –Molecular y Morfológico–.

Giannini habla bajito, como protegiendo su criatura, la primicia científica que fuimos a buscar en el Lillo. El biólogo avanza en el relato pormenorizado y, como buen docente, nos involucra, a fotógrafo y cronista, en un universo de conocimientos que sabemos inabarcable. Su timidez también se extingue y nos contagia la pasión por su saber, que indaga el Cenozoico y –paradójicamente– viaja hacia el futuro de la ciencia.

Logros

La gran diversificación de los mamíferos placentarios arranca justo después del impacto. Quiere decir que al extinguirse los grandes dinosaurios del ecosistema terrestre, aparecen oportunidades que aprovechan dos grupos: los dinosaurios pequeños, que son las aves, y los mamíferos. Esos dos linajes experimentan una gran diversificación que pudimos datar. Ése es el primer logro del estudio. El segundo es que al tener tanta cantidad de caracteres (cada uno de los rasgos que se usan en la descripción de los seres vivos) se pudo hacer una reconstrucción minuciosa del ancestro (algunos se extinguen y otros llegan al tiempo presente)”.

Gianinni es uno de los 23 investigadores de seis países que trabajó durante seis años, en tres etapas. Primero formaron la matriz de datos, para identificar caracteres morfológicos que sirvieran para entender la historia de estos mamíferos. “Llevó dos años porque la matriz previa tenía 400 caracteres y esta tiene 4.500 que era lo que –se pensaba– no se podía hacer“, explica.

Luego se estudió cómo varían esos caracteres en especies particulares: se eligieron 86 representando los grandes grupos de mamíferos (por ejemplo, dentro de los primates está el homo sapiens). El biólogo tucumano se ocupó de su especialidad –murciélagos y algunos marsupiales–. “Una vez que tuvimos esa matriz se la combinó con los datos genéticos del equipo molecular y se hizo el análisis filogenético. El resultado es el árbol filogenético“, revela. El dibujo es tal cual: un árbol con ramas que se bifurcan y se extienden en el tiempo geológico real expresado en millones de años: abarca 65 millones de años y 86 formas de vida.

Se utilizan técnicas para reconstruir hacia atrás. “Nosotros conocemos sólo las puntas del árbol, que es producto de la interacción de los caracteres –sostiene–. Si este es el origen de los placentarios se puede trazar el vínculo con ese ancestro común“.

El animalito

El resultado final del estudio es la reconstrucción de este pequeño animal que es el ancestro placentario. No es uno que se haya encontrado, está completamente reconstruido en base a toda la información“, remarca Giannini.

“Aspectos importantes que emergen del estudio es que se apoya la hipótesis de diversificación justo después del impacto del asteroide, en el ecosistema alterado (primeros 200.000 a 400.000 años) que marcan el fin de un mundo y el comienzo de otro. Y poder reconstruir con gran precisión el árbol fue arduo: no tiene antecedentes la cantidad de organismos que se han podido reconstruir con tanto detalle“, precisa.

El comienzo

Esto está hecho con 86 especies, pero dado que los mamíferos son unos 5.100, la diversidad es casi toda fósil, la mayoría están extintos. Nosotros manejamos el 10% de la diversidad conocida. Esto es como el comienzo para sistematizar toda esa información“, aclara.

Otros investigadores pueden contribuir a ampliar tanto el número de caracteres como el número de especies. Pero hay muchísimos fósiles superinteresantes que no están y muchísimas especies que tampoco están. Es una base, lo mejor que se podía hacer partiendo de la dispersión que existía. Lo bueno es que está todo testeado. También es excelente para estudiantes, porque pueden tomar algún fósil interesante o algún grupo que no esté ahí, y aprender de esa matriz al incorporar a una de estas ramas un nuevo terminal (una nueva especie). Creo que va a crecer mucho“, cierra con modestia.

“Más respeto, que soy el ancestro de todos ustedes”

Pequeño, peludo, suave, pero no es Platero. Nada que ver con Ratatouille. A mitad de camino entre ratón y musaraña, he aquí la estrella de tanto estudio. “No tiene nombre porque no es un espécimen. No le corresponde, no recibe nombre científico, sólo podría recibir un apodo; de hecho, ya circula una encuesta en Internet“, advierte el biólogo sin apartarse de la cientificidad. “Lo que sí es contundente es la complejidad de la reconstrucción, eso sí se puede destacar de este ancestro. Coincide mucho con un animal que existía. Se trata de un pequeño mamífero de menos de 250 gramos –describe Giannini–. Tiene una dentición característica de los mamíferos que comen insectos. Suponemos que era nocturno; tiene una larga cola, tan larga porque se reconstruye con la exacta cantidad de vértebras. Hay tejido blando que se puede reconstruir: por ejemplo, el tipo de placenta es idéntico a la humana. En los animales ungulados (los que tienen pezuñas) la placenta varió mucho, pero este bichito primitivo tenía la misma que la humana. Quiere decir que esta no ha evolucionado desde este ancestro. Hemos conservado muchas de sus características: nosotros tenemos menos pelo; hemos cambiado la dentición y la forma del cráneo, pero no la placenta. Ahora se confirman las presunciones y otras ideas, como el tipo de dieta y locomoción. Se reconstruye como un animal ambivalente: podía trepar y caminar por el suelo. Es una categoría que se llama escansorial: quiere decir que es un animal flexible en sus hábitos“.

Repercusión mundial. Bicho famoso

La importancia de un hallazgo científico se palpa según dónde se publica. En este caso, a partir de la difusión en las más prestigiosas revistas científicas del mundo, Science (EE.UU.) y Nature (Inglaterra), nuestro ancestro se hizo muy popular.

El ratoncito de larga cola que trata de atrapar un insecto se reprodujo en blogs y en las revistas populares de divulgación. En Vanity Fair le hicieron un gracioso reportaje. Apareció en las agencias de noticias más importantes como AP, BBC y CBS. Desde el New York Times y el Guardian hasta el Daily Mirror; desde el LA Times hasta Le Monde; desde el Estado do Sao Paulo hasta La Voz del Interior. Y hoy es tapa de TUcumanos.

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De la UNT a uno de los museos más grandes 

Giannini (flamantes 43 años, dos hijos) es doctor en Ciencias Biológicas Facultad de Ciencias Naturales UNT. Tiene un posdoctorado UNT (becario Conicet) y dos en el Museo Americano de Historia Natural (Nueva York). El trabajo publicado es el resultado de un cuarto posdoctorado extendido, al que fue invitado. Es profesor de Biogeografía y Evolución y es investigador independiente de Conicet. Forma parte del staff de investigadores del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York y de Atol (Assembling the tree of life). Entre numerosas publicaciones se destacan: “Guide to the Bats of Argentina” y dos capítulos en “Evolutionary History of Fossils, Molecules and Bats”, editado por Cambridge.

Los números del megaproyecto

  • 6 años de investigación
  • 23 investigadores del mundo
  • 6  países
  • 5 U$S cada proyecto
  • 65 millones de años
  • 86  especies de mamíferos
  • 5.100 es el total de mamíferos
  • 10 %  de esa diversidad se estudia
  • 400 caracteres matriz previa
  • 4500 caracteres matriz actual

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Cómo fue el gran impacto

Un asteroide de 1,5 km de diámetro impacta en Yucatán y produce una catástrofe global. Causa tsunamis devastadores. Cubre Norteamérica y Groenlandia, baja hacia Asia. Explota y se incendia; un polvo incandescente que condensa como lluvia negra desata fuegos. Al aplacarse dejan una capa de polvo en la atmósfera que tapa la luz solar. Desaparecen todas las plantas y los animales. Sobreviven los que pudieron comer semillas, y las plantas que tenían semillas. Vuelve el sol y, con él, la gran diversificación.

Fuente: La Gaceta / Viernes 15 de Marzo de 2013


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Hallan fósiles de algas únicas en el Hemisferio Sur

Es el primer registro de carófitas de la región que datan del Triásico. A futuro, se podría estudiar su distribución en el mundo y develar el misterio de su supervivencia durante la era geológica posterior a la extinción masiva más importante de la historia del planeta.

Comúnmente, se cree que la desaparición de los dinosaurios fue el momento más catastrófico para el planeta. Muchos han fantaseado con la escena de un meteorito destruyendo a esos enormes reptiles que nunca más dominaron el mundo. Sin embargo, la ciencia comprobó que esa no fue la extinción más importante en la Tierra. Durante el Pérmico-Triásico, hace 250 millones de años, desaparecieron casi el 95 por ciento de las especies marinas y alrededor del 70 por ciento de los vertebrados terrestres.

Luego de este gran cataclismo, cuyas causas aún son debatidas por los científicos, muchas especies lograron sobrevivir a un ambiente sumamente hostil y son la clave para saber cómo pudo comenzar a recuperarse la biodiversidad del planeta, en poco más de un millón de años (lapso extremadamente corto para los tiempos geológicos).

Investigadoras del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) hallaron, en la provincia de San Juan, algas fotosintéticas, conocidas como carófitas, que hasta ahora se creía que solo habían habitado en el Hemisferio Norte hace 245 millones de años.

La especialista del CONICET, Cecilia Benavente, indicó a la Agencia CTyS que este grupo “se ha encontrado en Estados Unidos, China y Eslovenia, por eso es tan importante el hallazgo, ya que es la primera vez que se obtienen en rocas del Hemisferio Sur”.

El descubrimiento de estos fósiles fue publicado en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology. “Los estudios aún no permiten determinar las especies de carófitas, pero ya se pudieron identificar las subfamilias a las que pertenecen estos ejemplares”, advierte Benavente

Importantes en el jardín prehistórico

Las carófitas encontradas son algas y, como tales, se asemejan a las plantas vasculares por su capacidad para realizar la fotosíntesis. Sin embargo, “estas carófitas halladas poseen una organización más simple, ya que no tienen tejidos de sostén y de conducción organizados en órganos como las plantas vasculares que tienen raíz, tallo u hojas”, explica la licenciada en Ciencias Biológicas.

Por otro lado, la relevancia de las algas descubiertas en la formación Cerro Puntudo de la cuenca Cuyana, que abarca las provincias de San Juan y Mendoza, es que aportarían más datos para conocer mejor la evolución del grupo durante la etapa de recuperación posterior a la desaparición masiva de especies del Pérmico.

De las múltiples familias que vivían solo persistió una a la extinción. Esta especie es la antecesora de los grupos de algas que aparecen luego del Triásico y que, en algunos casos, llegan a nuestros días”, comentó Benavente.

Mientras las investigaciones continúan, los restos encontrados en Cuyo tienen algunas respuestas a los interrogantes sobre  la distribución mundial de este grupo de algas. Ahora, los científicos armarán el rompecabezas de ese pasado tan fortuito para la futura vida humana.

Fuente: Portal de Internet Agenca CTyS / Miércoles 06 de Marzo de 2013


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Micro vida, macro información

Pequeños organismos fosilizados, los palinomorfos, que se extraen de piedras permiten interpretar los orígenes de las especies y proveen además claves para explorar depósitos de hidrocarburos.

Somos los paleontólogos de un mundo microscópico”, comenta Claudia Rubinstein, investigadora independiente de CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA, CONICET-Mendoza-UNCu).

Rubinstein interpreta la biodiversidad en el planeta de hace 500 millones de años. “En el Paleozoico inferior la vida estaba restringida a los océanos. El estudio del microplancton fosilizado es clave para entender el surgimiento de formas de vida que empezaron a generar fotosíntesis”.

Estos organismos eran la base de la cadena trófica, el alimento de seres más avanzados. Cuando no había plantas sobre la faz de la tierra, fueron los responsables de comenzar a generar las condiciones en la atmósfera para convertir a nuestro planeta en un medio habitable.

La aparición de las plantas terrestres es un hito evolutivo de importancia. “Es trascendente entender el nexo entre la vida en los mares y la vida sobre la superficie terrestre. Estas esporas fosilizadas son nuestros testigos más antiguos”, comenta la investigadora.

En 2010 Rubinstein y su grupo de trabajo encontraron en la provincia de Jujuy esporas fósiles que corresponderían a las primeras plantas que colonizaron tierra firme hace 472 millones de años, cuando los océanos y continentes tenían una distribución muy diferente a la actual y nuestro país formaba parte del megacontinente Gondwana. La investigación fue publicada en la revista científica internacional New Phytologist.

Parte esencial del microfitoplancton de los mares paleozoicos que estudia Rubinstein son los llamados “acritarcos”, que en griego significa incierto. No se conoce su afinidad biológica, es decir a que organismo correspondió el fósil que encontrado y sin embargo permite interpretar diversa cantidad de información relacionada a eventos globales como grandes cambios climáticos y las glaciaciones, qué especies del microplancton marino y de las plantas terrestres se adaptaron y cuáles se extinguieron.

Palinomorfos que encuentran petróleo

Entre las múltiples aplicaciones, la paleopalinología –estudio del polen, esporas, algas y plancton marino fósiles– es de utilidad en la exploración de hidrocarburos.

Las rocas donde se produce y se aloja el petróleo tienen características particulares. Están relacionadas a una edad geológica y a un ambiente determinado en el cual se acumuló materia orgánica que, sin oxidarse y destruirse a lo largo de los años, se fosilizó y sufrió determinados procesos fisicoquímicos que dieron origen a los hidrocarburos.

La paleopalinología aporta herramientas muy precisas y económicas a través del análisis de los palinomorfos fosilizados, que permiten determinar la edad de las rocas y el ambiente donde se acumularon los sedimentos que les dieron origen para evaluar la posibilidad de encontrar petróleo, teniendo en cuenta que realizar la perforación de pozos es muy costoso”, concluye Rubinstein.

Fuente: Portal de Internet Plaza de Mayo / Martes 19 de Febrero de 2013